30 mayo, 2026

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El eco de la brillantina suelta de 20 centavos 

CRÓNICAS DE LA CALLE / RIGOBERTO HERNÁNDEZ GUEVARA
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Sí, aquellos niños y niñas corrían entre las piedras de las calles sin que les quemara lo caliente de la banqueta, puesta al sol de cuarenta grados centígrados de ciudad Victoria.

Niños que voceabanel periódico todos los días oscura la mañana por el centro y todas las colonias. Niños que ya a esa edad se ganaban el pan con el sudor de su frente.

Fueron niños y niñas con monedas de veinte centavos de cobre con la pirámide. El águila o sol y de retache estas en la pared de la escuela. Niños que median la cuarta en la tierra para tirar la canica con la puntería ciega y el morral de caicales. Los de a caballo de palo. 

El niño perseguido por una chancla tratando de llegar primero a la puerta, primero a la base, primero a la tienda. Ha dejado la foto vintage enmarcada en el armario, los pantaloncillos cortos y camisa de marinero tierra adentro.

El que soñaba con ser Enrique Borja y meter goles con la nariz, el que se lanzaba por el aire para detener la bola de calcetines antes de que entrara por la puerta como Miguel «El gato» Marín. Soñaba con jugar como Pelé en un mundial y salir en la tele para envidia del vecindario.

¿Dónde andarán los niños de entonces con juguetes de madera y pelota de agua y hule, pantalones sancones y playeras rayadas del dos por uno en la tienda de Kaliman del 9 Matamoros? 

Los niños aquellos que mesian sus tardes en los columpios del estadio, que repasaban aritmética porque no más no entraba. Los niños que boleaban con un cajón de madera, los que vendían chicles en el cine avenida. Los que entraban gratis a la lucha libre en Ia plaza de toros y algunos querían a partir de ahí ser como «Dincky el duende».

¿En qué lugar quedaron aquellos años de los abuelos, de las tiendas de la esquina que vendieron petróleo, leña y brillantina suelta? Ahí se elevaba un papalote corriendo por la calle, hecho con papel china, hasta que se iba a la tripi, a un lugar extraño donde ahora se le recuerda. Compraban dulces y cacahuates sueltos en un cucurucho, un cuarto de leche en envase de vidrio en la Lechería del 16 Allende y Abasolo. 

Aquellos niños rivales de la secundaria uno contra la secundaria industrial por la mejor banda de guerra, por el torneo de fútbol y de Basquetbol que se jugaba en las canchas del estadio por el 19, que eran partidos a desvivirse o a ser regañados por el profe Aniceto Becerra que había sido un atleta de élite. 

Aquí andamos aquellos niños aún dando guerra, haciendo por la vida, mirándonos de nuevo, dando vueltas para encontrarnos como sí no hubiera pasado el tiempo.

Ahora pegan Block, todavía impermeabilizan techos, construyen la ciudad y pavimentan calles. Somos aquellos descalzos con zapatos, flacos todavía de pelo parado entre cano. Si usted se asoma por la ventana verá a uno de nosotros, a uno de ellos todavía arriba de una bicicleta sin pensar que cincuenta años atrás venía pisándonos lo talones Isaac del Toro. 

Son las y los fundadores de la colonia Estudiantil y la Miguel Alemán. Los que inventaron el barrio de los Pinos y el Guadalupe y Río, los y las que un tiempo habitaron los giros mixtos del barrio del Pitayal, los que venían del Ejido La Misión y de tanto venir se quedaron. 

Son profes y profesoras jubilados de la técnica uno, de la Primaria Matías S Canales que un día tomaron agua de la llave y sus padres los trajeron de Palmillas. Son las mujeres responsables de una tanda, las chicas abuelas y bisabuelas si usted me lo permite, compañeras eternas del Compartamos. 

Hombres y mujeres que vivieron el asombro de cómo una reunión de dos se volvió multitud y un día se llenó el estadio, cerraron las tiendas para cambiar de estilo, se cambiaron de look y de sueños que, cumplidos o no, con Calderón de la Barca la vida de todas maneras es un sueño.

HASTA PRONTO 

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