2 junio, 2026

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¿Y el combate a la corrupción?

HORA DE CIERRE/ PEDRO ALFONSO GARCÍA RODRÍGUEZ

Por. Pedro Alfonso García Rodríguez

Para el expresidente Andrés Manuel López Obrador, el fin de la historia se dio cuando su partido alcanzó el quórum suficiente que le permitiera seguir con su agenda legislativa y aplicar los reveses disfrazados de reformas para regresar al país a etapas políticas que parecían ya superadas.

Una de las banderas que más legitimaron su llegada y, en un inicio, a su gobierno —la del combate a la corrupción— vaticinaba una era de escándalos políticos y señalamientos a las estructuras del poder que en su momento imperaron y que, en su gran mayoría, pese al azote cuatroteísta, lograron sobrevivir, y en el presupuesto…

La ahora casi extinta Unidad de Inteligencia Financiera, que tantos reflectores le dio a Santiago Nieto, prometía llevar a cabo una depuración de figuras y grupos indeseables que en el pasado fueron señalados, y precisamente por AMLO y sus cercanos.

Pero, de la noche a la mañana, el fervor cuatroteísta dio por terminada su lucha contra la corrupción y la “mafia del poder”.

Aunque su círculo rojo, tan cercano como sus hijos y su entrañable amigo Adán Augusto, mantenía ya una red de intereses con algunos tan importantes como Grupo Tabasco.

Incluso, en la cacería contra el exgobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca, los señalamientos en su contra los reciclaron de los realizados por los priistas, más para controlarlo que para evitar su llegada al poder, ya pactada.

El aliciente final, como cereza en el pastel, fue la desaparición del Instituto Nacional de Acceso a la Información, creado por el panismo como un instrumento de golpeteo político que extendió la arena pública a la oposición, la más beneficiada. Como el mismo grupo del tabasqueño.

Los carpetazos que se dan desde las auditorías y unidades de inteligencia financiera de la Federación y de los estados pierden legitimidad por las restricciones y por todos los vacíos que dejó el extinto organismo autónomo,
vacíos que, por deliberación de las mismas autoridades, en sus tres niveles, omiten.

Fue la rendición de cuentas institucionalizada la que, por ejemplo, puso en jaque al gobierno del expresidente Enrique Peña Nieto con el escándalo de la Casa Blanca, entre otros tantos más, los que doblegaron el regreso de un priismo sistemático que parecía inminente.

Y los escándalos, uno tras otro, lo terminaron por minar y favorecieron a Morena. Aunque fueron los mismos priistas los que iniciaron la cacería contra la corrupción, aprovechada después por AMLO y, al final, extinta casi por decreto…

El drama cuatroteísta de sus héroes y figuras, expuestos por las autoridades estadounidenses en un afán meramente
intervencionista, mantiene legitimidad porque sí existen evidencias irrefutables sobre el contubernio de morenistas con el hampa y el huachicol.

En su discurso del domingo 31 de mayo, la presidenta fue contundente en defender la soberanía nacional y en no permitir que las autoridades estadounidenses intervengan en asuntos internos que le competen exclusivamente al gobierno mexicano.

En su retórica cuatroteísta agregó al pueblo de México. Y probablemente esa sea la vía más importante.

Como el ejercicio ciudadano de escrutinio, facilitado por el Estado, para que cualquier persona pudiera pedir a sus autoridades la rendición de cuentas sin que estas fueran juez y parte; además de las facilidades a los usuarios que obliguen a las autoridades a brindar la información puntual y sin alteraciones, que además se pueda impugnar con facilidad.

Los gobiernos estatales de oposición a los que Morena les arrebató el poder no fueron objeto de escrutinio, salvo destellos mediáticos para amedrentarlos.

El gobierno de AMLO transcurrió en la total opacidad, pese a la toma de decisiones tan drásticas como las concernientes a involucrar al Ejército mexicano en actividades ajenas a la defensa nacional.

Y de todo el uso de recursos públicos en la implementación del aparato de Bienestar a lo largo del territorio nacional.

O las licitaciones o adjudicaciones directas entregadas tanto por la Federación como por los estados a grupos económicos de origen priista, perpetuados en el presupuesto público.

La ciudadanización político-electoral impulsada desde Palacio Nacional parece alentadora para rescatar la credibilidad de Morena y la 4T, que poco a poco se desmorona, aunque aumenta su velocidad.

La apertura al escrutinio público sería otra opción para depurar la vida política nacional (y estatal), a pesar de las evidentes consecuencias que provocaría.

Aunque, en un escenario de constantes presiones provenientes del exterior, el escrutinio público sería un problema menor, y aunque asfixiaría la operatividad del monstruoso aparato morenista, al menos le sumaría legitimidad al gobierno de la presidenta.

Además de seguir manteniendo a raya a una oposición cuya cúpula aún se mantiene, en menor o mayor medida, beneficiada por el erario.

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