4 junio, 2026

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Café con «Pachita», Grinberg y Jodorowsky en el barrio 

Crónicas de la calle/ Rigoberto Hernández Guevara

Imagine usted que al llegar a consulta con un médico, éste con solo mirarle obtenga un diagnóstico de su salud. Podría suceder si tomamos en cuenta que el iris ya ofrece una expresión de algunos padecimientos. El resto del cuerpo muestra síntomas y signos que ocupan desde la observación al análisis clínico: la coloración de la piel, temperatura, entre otras muchas expresiones del cuerpo saliva, sangre, orina, sudor, entre otras muchas que la medicina logra detectar con aparatos. 

Para observar como para expresar el ser humano contiene 5 sentidos que son usados comunmente. Todavía cuando se sabe hay aquellos que progresan desarrollando más uno de ellos o llevarlos al extremo extrasensorial mediante entrenamiento. 

Cada sentido puede desarrollarse, según los que saben. No obstante otros sentidos ocultos, sobre todo en la mente se han obtenido con ejercicios como la meditación y el silencio. Y al extremo son conocidos los casos de curanderas mexicanas que sanan con remedios o en el caso de María de la luz Ruiz Nava, mejor conocida como «Pachita» operaba con apoyo de entidades, con el poder otorgado por un antepasado que solía ser invocado desde lejanas tierras, decía que era poseída por el emperador Cuauhtémoc. 

Existen testimonios registrados y documentados por el científico de la UNAM, ya desaparecido, literalmente, Jacobo Grinberg y el escritor e investigador del tema Alejandro Jodorowsky que detallan su experiencia con esta mujer que vivió en la colonia Roma de la ciudad de México: Jacobo que convivió varios meses con ella y fue testigo de varias cirugías psíquicas realizadas sin anestesia con un cuchillo de cocina; y Alejandro quien fue operado por la curandera de un tumor en el cuello. En México son famosos estos curandero y brujos entre algunos cientos de farsantes. 

Pero les decía: de alguna manera el cuerpo no está quieto sino que reacciona a las sensaciones de si mismo y de lo que ocurre en su entorno. Es entonces que el cuerpo habla lo que en realidad quiere decir y que por alguna razón desconocida oculta. Y contradice o traiciona la retórica con la que nos explicamos verbalmente con nuestro prejuicio, con nuestra necesidad de callar y mentir, acaso por sobrevivencia.

El cuerpo dice lo que queremos callar. Por eso el Polígrafo, usado oficialmente para interrogar y sacar verdades, hace que el cuerpo emita, para observar, imperceptibles movimientos a un aparato con sensores que detalla los picos en los cuales nos conducimos con falsedad.

Un observador podrá notar cómo alguien que miente mueve el dedo anular de su mano. Cuando hace un movimiento o parpadea varias veces ante un cuestionario que le compromete. Cómo el cuerpo reacciona ante lo imprevisto, ante el miedo y lo desconocido. Y también cómo con tranquilidad el cuerpo se relaja cuando no tiene nada que esconder y se habla con sinceridad. 

Un ser humano triste se refleja en el rostro de tal suerte que hasta se puede calcular el tiempo que lleva padeciendo esas condiciones de sufrimiento. Una larga depresión ocasiona arrugas, como también un periodo de sonrisas.

Cuando se pretende espantar a una persona la cara de enojado simula avla de un animal rabioso capaz de morder, los perros cuando quieren que sientan lastima por ellos, cojean de una pata, los tlacuaches se hacen los muertos para confundir al peligro. Todo mundo adquiere la forma más conveniente con tal de salirse con la suya o defenderse. Algunas utilidades de estas son herramientas inconscientes. 

Desde lejos por el modo de caminar se logra saber en qué trabaja el muchacho o se puede calcular la edad de un anciano, así como la forma del pie delata la bailarina.

HASTA PRONTO 

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