El lunes 1 de junio el presidente de Estados Unidos, Trump, tuvo una conversación muy altisonante con el primer ministro de Israel. Con extrema grosería, que aquí traduzco de manera atenuada, Trump le dijo a Netanyahu que estaba jodidamente loco y que estaría en la cárcel si no fuera por su intervención para salvarle el pellejo. Añadió que ahora todo el mundo también odia a Israel. Más adelante en la conversación le gritó “¿qué fregados estás haciendo?”
La noticia retumbó en los medios internacionales y en principio algunos la consideraron falsa. No obstante fue una información filtrada por tres miembros de la Casa Blanca a un periodista israelí y más adelante fue confirmada por los medios israelitas y el propio Trump.
La filtración no fue involuntaria, sino que buscaba destacar el carácter fuerte de Trump en un mensaje dirigido tanto a Netanyahu como al público norteamericano que ya se encuentra harto de la guerra y preocupado por sus repercusiones económicas dentro de los Estados Unidos. La ciudadanía norteamericana, en particular los de menos de cincuenta años, se han vuelto críticos de Israel y de su influencia política en Estados Unidos.
La exigencia de Trump era concreta, cesar hostilidades contra Líbano y en particular detener el bombardeo a Beirut anunciado por Netanyahu, para el día siguiente. Sin embargo la amenaza no fue acompañada de una acción concreta como lo sería disminuir el enorme apoyo financiero y militar que le permite a Israel atacar a Líbano, Siria, Cisjordania y Gaza en este momento y a otros países en el pasado. Sin el apoyo de los Estados Unidos no continuaría Israel con el genocidio en Gaza.
Trump quiere encontrar una salida a la guerra que inició contra Irán pero sin admitir lo ya evidente, que es un fracaso. Ahora Irán tiene mucha mayor fuerza de negociación que antes del conflicto porque controla el paso por el estrecho de Ormuz y puede golpear duramente la economía de los Estados Unidos y la del mundo entero. Simplemente no cederá ese control y su objetivo es establecer un derecho de paso o “impuesto ecológico” que le permita resarcirse de los daños a su infraestructura.
Por su parte Trump continúa haciendo demostraciones de poder con ataques relativamente menores a los que Irán reacciona de manera similar. Son intercambios bélicos equilibrados minimizados por ambas partes y no son el motivo principal de la suspensión del dialogo declarado por Irán.
El lunes 1 de junio fue un día intenso con la siguiente secuencia de eventos. Israel anunció bombardeos inminentes contra Beirut y dijo que la población de la zona sur, alrededor de un millón de habitantes, tenían que evacuarla. Irán anunció la suspensión de negociaciones citando el anuncio israelita. A continuación Trump llamó a Netanyahu y a gritos y groserías consiguió que contuviera el ataque a Beirut. Después Trump describió la llamada como “muy productiva” y que había resuelto un pequeño problema.
La suspensión del dialogo por parte de Irán es una contundente demostración de fuerza. En sentido contrario Trump declara que el dialogo continúa y marcha por buen camino. Sin embargo sus afirmaciones son puestas en duda por diversos analistas y podrían más bien responder a las reiteradas manipulaciones del mercado petrolero y la bolsa de valores. Trump está muy atento a controlar las reacciones financieras ante las noticias cotidianas del conflicto.
Hay que señalar que Irán es renuente al dialogo debido a su fuerte desconfianza sobre Trump y su equipo de negociación porque en más de una ocasión fue empleado como distracción que permitió ataques sorpresivos por parte de Israel y Estados Unidos.
Para Irán el objetivo de fondo es muy ambicioso. No desea un mero “arreglo” con Trump sino un verdadero Tratado de Paz aprobado por el congreso de Estados Unidos y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y que cuente con la participación de países garantes que aseguren su cumplimiento. Irán duda de la capacidad de los Estados Unidos para establecer acuerdos duraderos y no sujetos a continuas variaciones políticas internas.
No obstante, sin llegar a ese Tratado, con mayúscula, mucho se podría avanzar para un cese de hostilidades, a nivel de mero arreglo, entre Estados Unidos e Irán. Ambos lados están muy interesados en suspender el conflicto.
El gran obstáculo es Israel que no oculta sino que pregona abiertamente su oposición a la suspensión del conflicto. Netanyahu habla de destruir a Hesbolá porque lanza cohetones contra poblados del norte de Israel en respuesta a la guerra e invasión del sur de Líbano iniciadas por Israel.
Los medios occidentales hablan de la posible suspensión de las hostilidades en Líbano pero omiten mencionar que para Irán y Hesbolá no se trata de mera suspensión, sino de la retirada israelita del territorio ocupado en el Líbano. Hesbolá ofrece suspender los ataques contra el norte de Israel pero de ninguna manera la defensa del territorio del Líbano.
El problema es que el objetivo de fondo israelita es la expansión territorial. Lo hace sobre Gaza, en la que ocupa el 70 por ciento del territorio, y sobre porciones significativas de Siria, Líbano y Cisjordania. De acuerdo a una interpretación religiosa tiene el derecho divino a expandirse. Lo hace de manera persistente desde hace décadas a pesar de repetidas condenas de la justicia internacional. Es un objetivo mesiánico que se asocia a la limpieza étnica de esas regiones, es decir al desalojo o aniquilamiento de la población.
Mantener involucrado a Estados Unidos en su defensa y complicidad en guerra permanente en la región es esencial para sus planes. Y lo puede hacer por la enorme influencia económica que los aliados de Israel tienen en la política norteamericana. La mayoría de los congresistas de Estados Unidos reciben esos fondos para sus campañas políticas. Y si alguno se sale de la línea los fondos van a dar a sus contrincantes sea en las elecciones primarias, para elegir al candidato del partido, o en las definitivas.
El ataque verbal de Trump a Netanyahu es una muestra de desesperación que, más adelante podrían, si se atreve, convertirse en verdaderas acciones de contención. Trump tiene poder para detener las agresiones israelitas que impiden un acuerdo con Irán.
Lo que puede empujarlo a esa decisión es que la situación económica empeoré. En ese sentido el mayor riesgo inmediato es la caída de las reservas estratégicas del combustible. Los ejecutivos de la industria señalan que la situación es alarmante y para fin de junio el aumento de precios podría dispararse de manera incontenible. Fuera de Estados Unidos también se incrementa la presión internacional para que se liberé la salida de petróleo por el estrecho de Ormuz. Pagarle o no pagarle tarifas de tránsito a Irán se vuelve irrelevante conforme se acerca el tsunami de incremento de precios.
¿Se atreverá Trump a ir más allá de los gritos y contener de manera efectiva a los belicosos Israelitas?




