A unos días del Día de la Libertad de Expresión, vale la pena preguntarnos qué lugar ocupa hoy el periodismo en la comunicación. En una era marcada por las redes sociales y el bombardeo de información, se ha pretendido restar valor al trabajo periodístico, e incluso reemplazarlo con estructuras de comunicación propias que difunden contenidos “a modo”, sin la independencia y la función crítica de quienes lo ejercen profesionalmente; incluso, hoy, ya se habla de un periódico hecho por la Inteligencia Artificial, como destino.
En la antesala de la celebración del Día de la Libertad de Expresión, también es momento de revisar cómo ha cambiado el papel del periodismo y los desafíos que enfrenta.
Las redes sociales modificaron la forma en que circula la información, a cómo llegaba a las audiencias, y dieron voz a millones de personas, pero también generaron la idea de que informar y opinar son la misma cosa. En medio de tanto contenido, el trabajo periodístico ha sido constantemente cuestionado y, en muchos casos, desacreditado, por los sujetos criticados o señalados.
Al mismo tiempo, gobiernos, partidos políticos, actores económicos y grupos de interés, han construido sus propios canales de comunicación, para difundir contenidos sin periodistas. El problema no es que existan estas plataformas, sino que con frecuencia se presentan como información, cuando en realidad responden a una estrategia de comunicación o propaganda. La diferencia es que el periodismo tiene la obligación de verificar, contrastar y documentar; la propaganda no.
La libertad de expresión, es un derecho universal, que pertenece a todas las personas, no exclusivamente a quienes ejercen el periodismo. Las redes sociales han ampliado ese derecho al permitir que millones de ciudadanos compartan opiniones, denuncias, experiencias, e información en tiempo real, enriqueciendo la opinión pública y convirtiéndose en un valioso termómetro social.
En esta socialización digital, una cosa es la difusión de información y otra el ejercicio profesional del periodista. Las plataformas digitales pueden multiplicar la cobertura y el alcance de los acontecimientos, pero no sustituyen la labor de verificar datos, contrastar versiones, contextualizar hechos y asumir la responsabilidad ética que implica informar, a partir de fuentes oficiales.
En una sociedad democrática, el periodista, el comunicólogo y el camarógrafo, mantienen una función como puente entre las instituciones y la ciudadanía, pero también entre las distintas voces que conforman la vida pública. En contraste, la tarea de un ciudadano no consiste en hablar por la sociedad, sino en contribuir a que la sociedad cuente con información suficiente para formar sus propios juicios. El valor de las redes sociales es importante, porque acercan la voz de la ciudadanía al debate público.
Pero las redes sociales no han desplazado al periodismo; lo han transformado. Hoy el desafío ya no es ser la única vía de información, sino aportar contexto y credibilidad en medio de un flujo de contenidos interminable. En ese nuevo escenario, la comunicación digital y el periodismo no son adversarios, sino actores que conviven y se complementan en la construcción de una sociedad mejor informada.
Pero además de sobrevivir en la era digital, las y los periodistas, viven momentos difíciles entre extraordinarios retos; el periodismo enfrenta riesgos por ejercer esta profesión; la autocensura ha aumentado un 63%,
según datos de la Unesco y Naciones Unidas; por motivos de seguridad propia y la de su familia, se evitan temas sobre corrupción, derechos humanos y los que tienen que ver con el crimen.
Para las mujeres periodistas es doble el riesgo: la violencia, es la primera ligada a su labor informativa y a ello, se suman los estereotipos y desigualdades de género; en las redes de mujeres periodistas que se han construido, existe un lema que debemos tener siempre muy presente; “vivas nos queremos”.
La libertad de expresión, así como las y los periodistas, necesitan mecanismos de protección que no solo existan en la ley, sino que funcionen de manera efectiva, preventiva y oportuna, en la que también se actualicen las alertas de violencia digital, que enfrentan quienes ejercen el periodismo.
La democracia necesita ciudadanos informados. Para ello requiere de los periodistas, de los medios de comunicación, pero especialmente garantías de un Estado, para ejercer.




