11 junio, 2026

11 junio, 2026

La vida es ficción antes del último silbatazo  

Crónicas de la calle/Rigoberto Hernández Guevara

¿Y si le dijera que vivimos en una novela con un inicio conocido según quien la lea y un final desconocido lleno de emociones, drama y suspenso? El autor suele escribir con armonía los primeros pasos como los dados en la infancia y recorrer con elegancia, con maestría, la trama que enamora y encanta al público lector del preámbulo en el primer capítulo. 

Desde ahí el escritor de la vida que no es otro más que usted o yo, comenzamos a perfilar los personajes principales y secundarios en cuestión, que entrelazan la narrativa, describiendo a cada uno según su real comportamiento y la relación que establezcan en el tiempo. 

La novela acapara una habitación como la de Kafka y en ese breve espacio consigue encontrar el principio y final de la historia. A bordo de un microbús el escritor, el protagonista y el lector logran encontrarse y convivir tranquilos mientras cada uno desata el nudo existencial y el chófer al escuchar el  «¡bajaaan! «, ya tarde ejecuta el freno repentino que hará que todos se vayan de hocico, pero están todos bien, no se preocupe. El sujeto baja luego de haber compartido sin querer el chisme de la secretaria que se dirige al trabajo. 

La vida como la novela de Dickens, si así lo desea quien la vive, puede abarcar dos ciudades, como la de muchos. Puede crear dos amores, dos casas y dos canes con un mismo salario. 

Y sin embargo, cuando parece que el destino está escrito, un hecho lo desvía para reconstruir la historia del autor extraviado. Para esto ya se sabe quien es quien y la costumbre, ocio y preferencias de cada vecino o extras utilizados para que se atraviesen a cada instante a los coches que van de paso.

El autor, escribiendo en primera persona, utiliza su personal experiencia para escribirse una carta que vuelve a leer cada dos cuadras según le vaya. La vida, por caprichosa como es, da resultados excelentes sin que el protagonismo lo solicite, o regala crueles efectos por más que se luchó en sentido contrario. 

La vida como la novela o viceversa, lleva de compañía al bueno, al malo y al feo, pero en principio nadie deberá enterarse quien es cada cual. A veces de eso trata la vida, o la novela que en la página 259 ignora dónde anda el resto de la banda que no hace ni una llamada para preguntar al protagonista cómo anda y por qué tan callado.

En un escenario romántico el protagonista solitario con 40 años entre pecho y espada es cuestionado por los lectores acerca del por qué no busca una pareja y entonces quien escribe busca entre sus cachivaches una respuesta y no la encuentra. Ante la nula respuesta se incendian otras preguntas con una ligera sospecha.

La novela suele ocupar únicamente un instante para comprender la vida y ahí en esa pequeña nave de minutos emprender el viaje a todas las galaxias y volver a tiempo antes del desayuno, ser como el Principito, o atemporal como la Divina Comedia escrita en el último minuto de compensación, antes del silbatazo del árbitro. 

La novela es ágil y no se detiene aunque entrecorta como la Rayuela de cortazar o buscada entre fantasmas de Comala de Pedro Páramo. Hay vidas que viajan al futuro y encuentran la niñez, por algo la vida es ficción y dicen que es al revés. Para escribir hay que cantar los corridos, como para vivir hay que cruzar el río. Nadie se queda en su sitio y el punto final de una narración por más que se anhele no tiene control.

Luego, quien acude a su propia vida, frente al ordenador, empieza a relatar la historia que nadie sabía: Una tarde clandestina, un viaje inesperado, una confesión sin firma, una marcha prohibida, un lugar escondido y guardado para siempre incluso después del punto en el que la historia es concluida.

HASTA PRONTO 

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