14 junio, 2026

14 junio, 2026

TMEC a revisión; Tercera llamada

Faljoritmo /Jorge Faljo

El actual Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, o TMEC, entró en vigor el 1 de julio de 2020 y su diseño incluyó que habría una revisión conjunta a los seis años; es decir, a partir del 1 de julio de 2026. A diferencia de lo que parecen indicar algunas notas periodísticas no es obligatorio llegar a esa fecha con un arreglo ya acordado y el tratado no establece un tiempo límite para revisarlo.

Aunque el TMEC reemplazó al anterior TLCAN se le puede considerar básicamente como su continuidad, con algunas modificaciones relevantes. Cambios que, planteados como una actualización natural, podrían haberse realizado conservando su nombre original. Sin embargo Donald Trump, fiel a su carácter denostó el TLCAN para, mediáticamente, imponer su sello personal en un nuevo tratado.

En el paso del TLCAN al TMEC se conservó lo esencial: libre comercio y eliminación de la mayoría de los aranceles entre México, Estados Unidos y Canadá; objetivos de integración de cadenas productivas regionales; protección general a las inversiones y mecanismos de solución de controversias.

Entre los cambios más novedosos incluidos en el TMEC estuvo el tema de obligaciones laborales que incluyeron: libertad sindical, negociación colectiva, prohibición del trabajo forzoso y mecanismos de inspección y sanción. Se elevó a 75 por ciento el contenido regional del comercio automotriz y se estableció que el 40 por ciento del valor del vehículo sea producido en plantas donde los trabajadores ganen al menos 16 dólares por hora.

Son cambios en parte orientados a limitar la ventaja competitiva de México basada en la superexplotación relativa de su mano de obra y que además favorecían que las actividades de mayor valor agregado (ingeniería, diseño, investigación y desarrollo, componentes sofisticados) permanecieran o regresaran a Estados Unidos.

Otros cambios fueron modernizaciones derivadas de un nuevo entorno. Por una parte el avance económico de China ya fue visto como amenazador y el TMEC evita que cualquiera de los tres países establezca un acuerdo comercial con China. Lo que en la practica no ha impedido que los tres países tengan fuertes déficits comerciales con China y el Asia Industrial, es decir países intermediarios del comercio chino, como lo es México.

El TMEC incorporó capítulos sobre comercio electrónico, flujo de datos, plataformas digitales, software y sobre patentes, marcas y derechos de autor entre otros. Responde a tendencias de modernización de las formas producción y comercio que evolucionaron fuertemente entre 1994 y 2020.

Mientras el TLCAN reflejaba el auge de la globalización neoliberal de los noventas; el T-MEC atiende a la creciente rivalidad productiva, tecnológica y comercial con China estableciendo contenidos regionales, consideraciones laborales y protección a la propiedad intelectual.

Para Estados Unidos la revisión del TMEC adquiere el rango de renegociación. Una renegociación a la que para empezar Trump le impone su lenguaje agresivo. En la semana declaró que Estados Unidos podría no renovar el tratado y criticó los déficits comerciales con México y Canada añadiendo que su país no necesita nada de sus vecinos y ellos en cambio necesitan todo de Estados Unidos. Una vez más se colocó como victima y añadió “nos tienen que tratar mejor”.

Trump crea de este modo el marco político no para salirse del tratado, lo que sería sumamente complicado y costoso dado el alto nivel de integración entre los tres países. Pero establece, como acostumbra, una posición extrema para exigir nuevas reglas de origen, restricciones a insumos chinos y un 50 por ciento de insumos estadounidenses en las exportaciones de manufacturas de México.

Desde la perspectiva de Trump Estados Unidos tiene la mayor fuerza de negociación debido a que posee el mercado consumidor más importante y debe utilizar las reglas de acceso a ese mercado para obtener mejores condiciones. La ruta que marca es la reducción del alto déficit comercial con México, que se asocia a que demasiadas empresas manufactureras se establecieron en México para acceder al mercado norteamericano. Peor aún, la producción en México es vista como un mecanismo de ensamble de insumos provenientes de China.

Recordemos que México tiene un superávit comercial de 171 mil millones de dólares anuales con Estados Unidos y al mismo tiempo registra un déficit con el Asia Industrial de alrededor de 200 mil millones de dólares. Los dólares que México obtiene por más ventas que compras a Estados Unidos, más los de las remesas, se traducen en compras en exceso los países asiáticos y a Europa.

Trump quiere resolver este asunto regresando la producción industrial a Estados Unidos. Es también un asunto que tiene que solucionar México. No por darle gusto a Trump, es vital renegociar desde la muy diferente perspectiva del interés nacional.
Hemos construido una industria globalizada, exportadora, muy poco integrada a la producción interna de insumos intermedios y maquinas herramienta. Peor aún, la producción para el consumo interno agoniza, se trate de alimentos y granos básicos o de manufactura tan básica como producir zapatos, ropa, muebles y enseres domésticos para el consumo interno.

La renegociación del TMEC no debe guiarse por el interés aislado de la manufactura transnacional; debe renegociarse desde la perspectiva nacional, incluyendo al campo y la producción de granos básicos, y a la manufactura orientada al mercado nacional.
Hay que abrir espacio en la renegociación a la posibilidad de crecer fortaleciendo las raíces productivas. Es contrario a lo que se ha estado haciendo; considerar la producción convencional, histórica, como material de demolición. El Integrar la producción y el consumo internos es asunto de seguridad nacional y acorde a las nuevas tendencias de la economía planetaria.

Vienen tiempos difíciles; el modelo de producir para exportar y consumir importado es insostenible; no crecer y substituir el trabajo digno por transferencias sociales tiene limites inmediatos; un gobierno cuyas capacidades operativas se reumatizan termina distanciándose de la población. El panorama internacional anuncia tiempos difíciles; alzas en energéticos y fertilizantes; inflación y recesión que penetrarán desde el exterior.

Las respuestas correctas son prevenir y definir una estrategia industrial y agrícola; movilizar capacidades productivas que el libre mercado por sí mismo no mueve; contar con un gobierno fuerte, con una captación fiscal acorde a los requerimientos nacionales de bienestar y crecimiento.

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