24 junio, 2026

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Cuba: fin de la historia 2.0; cae el último comunismo

INDICADOR POLÍTICO/ CARLOS RAMÍREZ

Por Carlos Ramírez

 Aunque el desmoronamiento del modelo comunista de Fidel Castro Ruz en Cuba tiene su propia lógica geopolítica, el remedo de perestroika anunciado por la burocracia militarista en los últimos días estaría cerrando el ciclo comunista que se abrió en 1951 en Corea, que prefiguró su agotamiento en 1989-1991 con la desaparición de la Unión Soviética y que ahora cae con la última ficha de dominó del comunismo autoritario en La Habana.

Pero debe quedar muy claro que el fracaso de Cuba y su modelo socialista no se le debe acreditar sólo al modelo que planteó una sociedad comunitaria sin propiedad privada, sino que el régimen de los Castro –Fidel y Raúl– quisieron construir un Camelot aislado de la propia dinámica de la lucha de clases internacional y cometieron tres errores: un Estado represor, una sociedad sin disidencia y la falta de un modelo de desarrollo que pudiera sustituir el papel del sector privado.

Cuando a Fidel lo criticaban por haber olvidado lo que se comenzó a conocer como la maldición de Marx –que la sociedad comunista tenía que darse en un contexto de un modelo de desarrollo altamente productivo–, el líder guerrillero se estacionaba en las consideraciones de la Revolución Cubana en fase de “revolución en la Revolución” y diseñó un Estado para el control social y no para la diversificación productiva.

Ahí fracasó el modelo de desarrollo comunista, y los Castro lograron extender en el tiempo y en el espacio la venta de una utopía de casi 75 años: que la revolución era la revolución y que el desarrollo tendría que venir un poco de dentro y bastante dependiente de las grandes potencias del área comunista.

Las reformas anunciadas el fin de semana por el delegado presidencial Alejandro Díaz-Canel dieron por terminado ya el ciclo comunista en Cuba, pero están cometiendo el error de optar por un modelo de liberación de algunas áreas productivas, pero manteniendo con puño de hierro militarista la represión sobre la sociedad.

La solución de Gorbachov en la Unión Soviética respondía a un esquema que tuvo muchas posibilidades de superar al estado comunista a través de dos decisiones que eran inevitables y que tuvieron un costo que no se pudo administrar internamente: la liberación económica para pasar de economía de Estado a un sistema productivo con alta incidencia privada y la liberación política para que las nuevas fuerzas productiva garantizarán la funcionalidad de la economía de mercado.

Pero a Gorbachov le falló una tercera reforma que había hecho fracasar revoluciones sistémicas en transiciones tradicionales: no puede haber reforma de la estructura del Estado en dinámicas comunismo-capitalismo, si la burocracia del Estado no está convencida de las bondades de la apertura y si las élites del poder quieren conducir el tránsito no para hacerlo fluido sino para mantener privilegios.

La reforma económico-productiva de Cuba pudiera convertirse en una perestroika que reorganice el sistema de generación de bienes y servicios a través de la dinámica del mercado, pero implosionará –como la Unión Soviética– sin una glasnost que libere la dinámica participativa de la sociedad ya en la lógica del mercado. La reforma de Cuba se anunció en medio de acciones brutales de represión a la sociedad no comunista, entre ellas el disidente Manuel Cuesta, quien el fin de semana fue secuestrado, torturado y liberado por las fuerzas de la represión por haber publicado un artículo pidiendo libertad el viernes aquí en las páginas de El Independiente (www.)

El intelectual Francis Fukuyama no se equivocó cuando cantó el fin de la historia con el fracaso del modelo comunista soviético, pero al parecer no entendió que se refería obviamente a la historia del comunismo –Marx y Engels en El Manifiesto del Partido Comunista de 1948– que establecía que la historia era la lucha entre las dos únicas fuerzas que crean sistemas de producción y a su vez relaciones políticas y sociales: la burguesía propietaria de los medios de producción y el proletariado que es el clave como mano de obra para hacer funcionar las máquinas.

El Camelot cubano de Fidel Castro Ruz se cerró a la dinámica de las fuerzas productivas nacionales e internacionales y el sistema productivo de la isla se hizo funcionar como aparato del Estado y se olvidó de que el mercado se mueve por la dinámica de la oferta y la demanda. La actual reforma cubana no cede la actividad productiva al sector privado y el ancla del Estado seguirá hundiendo las expectativas políticas y sociales de la isla.

El ejemplo reciente de Cuba ocurrió en el contexto del desplome como fichas de dominó de gobiernos populistas en América latina –Colombia el fin de semana– que ejercieron un estatismo dominante como placebo productivo y lo quisieron promover como un populismo que no fue más que un capitalismo de Estado sin dinámica real en la producción de bienes y servicios.

Los populismos no son regímenes sino coartadas.

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Política para dummies: La política termina por imponer la fuerza de los hechos.

carlosramirezh@elindependiente.mx

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@carlosramirezh

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