Oiga: tal vez usted y yo, algún día podamos leer un libro, juntos, tomados de la mano. A mi corazón un latido de esos le basta. Pero hay una distancia que de aquí para allá es la misma que de allá para acá y hay palabras que nadie dijo todavía.
Esta es la ciudad y esta mi ciudadanía con credencial del INE, teléfono registrado y toda la cosa . La tarde luece una espectacular nube oscura y hay un poco del viento del sur. Ojalá viniera usted por la calle y pudiera verme de lejos acercarse cautelosamente como un gato por la orilla de la cerca.
Es también la orilla del sofá, una taza, un perro sin raza, un celular que adivina que estoy pensando en usted, no sé por qué: adivina y puede recoger las cosas nuestras, la cosecha de ideas, los largos silencios; puede reconocer el sabor del chicle que usted masca en este momento deslizando la mano por el lomo plateado de su mascota.
Estoy sin usted a esta hora como si hubiera cometido un delito y no tardan en venir por mi la ley y Pepe el toro de nuevo es inocente ante la complicidad del público que nada vio. Pero estoy bien, pasa nada. Quizás me duele el corazón un poco. Sin llegar a ser un hecho desgarrador como todas las películas de Pedro Infante.
Una canción ronda el ambiente. Es un canción triste, un momento Blue para pensar en un café humeante, la charla humilde, los ojos buscando otros, de los que pasan volando por la calle. Los que preparan la cama abajo del puente.
La calle es un gran espejo con la realidad y la escasa posibilidad de que usted y yo al encontrarnos podríamos reconocer el uno al otro, como un «deja vu» rodando con el viento en el ciclo infinito de dar vueltas y vueltas. De modo que viajar hacia usted dependerá de los movimientos sobre la alfombra roja, del futuro incierto.
Te, chocolate y café… hojas y hojas y nada de te. La gente entre unas mil personas de alguna parte nos conoce. La conocieron a usted cuando era niña, la menciono a usted para evitar que se vaya antes de tiempo y no la vaya yo a cagar como hago siempre. Si preguntan por mi ya sabe usted que soy de veras.
Acérquese al mejor día de mi vida, en el tumulto del humo, para escuchar su respiración agitada y la mía perdida en los dos mundos. Ahora salgo por la ventana, puedo leer el cuerpo y el espacio de mis ojos viendo el cielo y sin pestañear estoy con usted en vivo y en directo.
Voy despacito. Antes me aceleraba y yo mismo rompía el hechizo. Ahora me acerco en silencio y no pregunto la hora ni nada que suene a duda o especulaciones. Debo mostrar seguridad en mi mismo. Pero con lograr ser yo mismo me conformo, en lugar de ponerme nervioso y ver todo borroso y confuso con un oso de peluche y un texto ridículo.
Le hablo de usted con todo respeto adquirido en las tregua de la guerra. Quizás mañana sea el gran día y desde por la mañana cumpla y me levante con las ganas de ir a verle, saber cómo esta usted hoy. Es increíble pero a veces olvido su nombre, otras veces lo repito hasta que ya no es el mismo ni tiene parecido. Otras veces trato de recordar su rostro y no consigo relajarme como para asegurar que el rostro que veo es el verdadero y no la ilusión de una linda noche de verano. Si quiero escribirle una carta he olvidado su nombre o me dan ganas de ir al baño, donde la pienso de nuevo.
Hay manuales para acercarse a una persona y hablar, que es muy distinto al manual para hablar en público. Y no nos hagamos ilusiones, de entre el público nadie nos escucha, nadie entiende el discurso. En cambio uno contra uno están en igualdad de condiciones y en lo oscuro. Uno de los dos es sospechoso de estar soñando.
HASTA PRONTO




