Recuperar el aprendizaje
MIGUEL DOMINGUEZ FLORES
La pandemia dejó una de las afectaciones más profundas y menos visibles en el sistema educativo: el rezago en los aprendizajes esenciales. Aunque el regreso a las aulas permitió restablecer la normalidad escolar, recuperar las competencias perdidas requiere mucho más que aumentar los días de clase. La estrategia de Aprendizajes Fundamentales impulsada en Tamaulipas parte precisamente de ese reconocimiento.
El planteamiento tiene un elemento relevante: evaluar antes de intervenir. La aplicación periódica de pruebas estatales para medir conocimientos en primaria y secundaria ofrece información sobre los avances reales de los estudiantes y permite identificar las áreas donde persisten mayores rezagos.
Durante muchos años, la educación pública privilegió indicadores como cobertura, matrícula o permanencia escolar. Sin restar importancia a esos aspectos, el desafío actual consiste en garantizar que niñas, niños y adolescentes desarrollen habilidades de lectura, escritura, razonamiento matemático y comprensión científica acordes con su nivel educativo.
En ese sentido, resulta positivo que la estrategia contemple la capacitación docente como parte del proceso de mejora. Ninguna reforma educativa produce resultados si no fortalece las capacidades del profesorado para adaptar métodos de enseñanza y atender las diferencias de aprendizaje que existen entre regiones, escuelas y contextos sociales.
Sin embargo, los resultados no podrán medirse en un solo ciclo escolar. La recuperación educativa demanda continuidad institucional, seguimiento permanente y capacidad para ajustar las estrategias conforme evolucionen las evaluaciones. También exige reducir brechas entre zonas urbanas y rurales, así como entre planteles con diferentes condiciones de infraestructura.
La educación constituye uno de los principales factores de competitividad para cualquier entidad. Estados que aspiran a atraer inversiones en sectores tecnológicos, energéticos o industriales necesitan una población con mejores niveles de formación académica. Por ello, fortalecer los aprendizajes básicos no representa únicamente una política educativa, sino una inversión en el desarrollo económico futuro.
El desafío consiste en mantener la evaluación como una herramienta para mejorar y no únicamente como un mecanismo de medición. Cuando los diagnósticos se traducen en acciones concretas dentro del aula, la información adquiere sentido y los resultados pueden reflejarse en generaciones mejor preparadas para enfrentar un entorno económico y social cada vez más complejo.




