Es verdaderamente un crimen motivar a los televidentes a festejar en El Ángel de la Independencia, en Paseo de la Reforma, ya que al haberlo hecho tuvo un trágico resultado de 3 o 4 muertos asistentes por asfixia.
No es un asunto menor, la manipulación de las empresas televisoras asumen liderazgos que llevan al pueblo a la fatalidad. Son condicionadoras de violencia, consumismo, alcoholismo y de las conductas desviantes e inmorales, que en sus programas informativos después las condenan.
Sor Juna, la décima musa, reescribiría su poema:
“Televisoras necias que acusáis
al pueblo sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.”
En ese tradicional punto de reunión para festejar el triunfo del Tri, que cuando era espontánea la organización no pasaba nada. Pero qué diferente, cuando la convocatoria televisiva agrupa a un millón de fanáticos con el ánimo exacerbado.
La fiesta cobró tres o más víctimas fallecieron por asfixia, un riesgo real cuando decenas de miles de personas se concentran en un espacio sin la infraestructura para contenerlas.
Según la información, entre las calles de Hamburgo y Lancaster, murieron un hombre de 44 años de edad y una mujer de 19 años de edad; mientras que en la calle de Berna murió una mujer de 48 años de edad. En todos los casos, acudieron paramédicos que brindaron los primeros auxilios, pero no pudieron hacer nada para reanimarles.
La pregunta obvia es: ¿Qué van a hacer autoridades de CDMX para el siguiente partido? ¿Las televisoras van a seguir alentando al público festejar en El Ángel?
Al término del partido, los canales del Ajusco mostraban a control remoto. Entrevistas, comentarios y los excesos de esa fiesta que rivalizaba con las fiestas paganas del carnaval, Halloween, solsticio de verano y de invierno.
Gustav Lebon, dice que: “Las masas tienen diversas características psicológicas comunes con los individuos aislados; otras, por el contrario, no se encuentran sino en las colectividades.”
Nos llama la atención el comportamiento que presenta una masa psicológica, tanto en el Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México, como también en Carrera Torres y la Calle Madero o 17 en Ciudad Victoria.
Es independiente la composición de la masa, similares o distintos por su género de vida, ocupaciones, carácter o inteligencia, el simple hecho de que se transformen en masa les dota de una especie de alma colectiva, que les hace sentir, pensar y actuar de un modo distinto como lo haría cada uno por separado.
En México, los festejos en El Ángel tienen un fuerte componente nacionalista. La opinión sobre el nacionalismo y el carácter del mexicano, de Samuel Ramos Magaña en El perfil del Hombre y la Cultura en México, 1934. Ediciones para la Colección Austral: Identifica el mexicano sus rasgos característicos: despreciativo, altanero, egoísta, retraído, receloso, desconfiado, atrevido, cínico, la falsa valentía, apocamiento o timidez que afirman la propia individualidad a costa de los demás.
“En donde hay un sentimiento de inferioridad surge la ambición desmedida del poder, que quiere decir la primacía en un mundo en que todas las cosas son vistas disco bajo la óptica de lo superior y lo inferior; la discordia aparece con su corolario de actividades negativas: el rencor, el odio, el resentimiento, la venganza. La lucha por el poder en todas las esferas, grandes o pequeñas, en lo privado o en lo público, en el círculo familiar o nacional, conduce frecuentemente al aislamiento, la misantropía, la neurosis, etc.”
Pero esas características no son exclusivas de los fanáticos que acudieron a mostrar su alegría por el triunfo de la Selecta de Fútbol Nacional, sino las comparten a plenitud las estructuras, direcciones y autoridades de las televisoras, evidente en la manipulación de su público.
Pero en este caso también es importante preguntarse: ¿Cómo actúan los conductores televisivos de las masas?
La libertad no es la que domina el alma de las masas, sino la de servidumbre. Su necesidad de obedecer las somete instintivamente al que se declara su dueño.
La persistente voluntad sobre el “Homo Videns: la Sociedad Teledirigida de Giovanni Sartori, en la era de la revolución multimedia, nos orienta en un análisis sobre el impacto de la televisión en la sociedad actual. Sartori nos presenta la idea de que la primacía de lo visible sobre lo inteligible ha llevado a la creación de un nuevo tipo de ser humano: el homo videns, para quien la palabra ha sido desplazada por la imagen.
En esa obra, examina la vídeo-política, el poder político de la televisión, la formación de la opinión pública y el impacto de la cultura audiovisual en la forma de pensar de las personas.
El “hommo videns” es dominado por un emisor que doblega todo. No siempre nos damos perfecta cuenta de lo que puede una voluntad fuerte y continua.
La televisión llevó a cabo la tarea intentada inútilmente desde hace tres mil años por tantos grandes soberanos.
Medios de acción de los líderes televisivos son: la afirmación, la repetición, el contagio que arrastra a una masa al matadero, disfrazado de nacionalismo trasnochado, del síndrome de la desesperanza aprendida, del instinto e enajenado por el fútbol o cualesquiera motivación que de rienda suelta al complejo de inferioridad.
Y que el individuo ganó el partido contra la selecta ecuatoriana que venció a Alemania. Ya la hicimos por un instante y hacerla es gritar, echar desmadre, conjugar las chelas con la raza furibunda.
Nadie de los conductores de masas les advirtió sobre los peligros que enfrentarían, al robo, a la vejación, a la muerte.
Desde los estudios del canal siete, una conductora llena de “spray” de nieve, llamaba al teleauditorio a sumarse a la locura. Ella mostraba la sustentabilidad de esa locura. Todo estaba bien desde el criterio de sus directivos, que a través de ella arengaba a sumarse a gritar: México – México – Mexico…
En las masas humanas, el conductor o líder desempeña un papel considerable. Su voluntad es el núcleo en torno al cual se forman y se identifican las opiniones. La masa es un rebaño que no sabría carecer de amo.
El líder es en primer término, la mayoría de las veces, un sujeto hipnotizado por la idea de la cual se ha convertido en apóstol.
Le ha invadido un sentimiento de egolatría y superioridad, que le parece error y superstición toda opinión contraria.
Así le sucedía a Robespierre en la Revolución Francesa, hipnotizado por sus quiméricas ideas y usando procedimientos de la Inquisición para propagarlas. En general, los conductores televisivos de masas no son hombres de pensamiento, sino de acción.
En este caso, los encontramos en aquellos neuróticos, excitados y semi alienados que se hallan al borde de la locura. Podemos observarlo en el conductor de “Hechos”, que parece poseído por el demonio de u inquisidor de Santa Persecuta.
Por absurda que sea la idea que defienden o la finalidad que persiguen, todo razonamiento se estrella contra su convicción. La intensidad de la fe confiere a sus palabras un gran poder sugestivo.
La multitud escucha siempre al hombre dotado de una fuerte voluntad, ya que los individuos reunidos en masa pierden toda voluntad.
Con la formidable potencia de la televisión, convierte al hombre en esclavo absoluto de su sueño. Manipular es crear, conducir a un rebaño -así sea al matadero- nada importa para los grandes conductores de masas.
La influencia de una sugestión lanza a la masa con una fuerza irresistible a la ejecución de determinados actos.
Son los locutores televisivos que, generalmente son hábiles oradores y persiguen el “rating” halagando persuaden a los más sensibles.
Su influencia ahora es un acto delincuencial inconsciente.
La imitación, a la que tanta influencia se atribuye en los fenómenos sociales, no es en realidad sino un mero efecto del contagio.
A los que más prenden a los fanáticos que han estimulado desde meses con gran publicidad de estrategias para inducir las ventas. Así se comprende el poder que ejerce la influencia sobre los fanáticos con la repetición. Porque esas ideas, esos sentimientos no surgen o no se transforman en actos más que en los individuos que forman una masa.
¿Qué es fanatismo?
El fanatismo es una actitud incondicional de adhesión y defensa a una persona, doctrina, religión o equipo deportivo, u otra causa. Se caracteriza por una pasión extrema que anula el sentido crítico y puede llevar a la intolerancia e incluso a conductas irracionales o violentas.
Generalmente, esta actitud traspasa los límites de la racionalidad y conduce a las personas a realizar acciones que desafían el sentido común. Aunque hay que distinguir entre un seguidor fiel que posee una preferencia muy marcada por un equipo al fanático enajenado por la influencia poderosa del medio televisivo.
Aquí, en este caso, la insensibilidad de las personas que rodeaban a las víctimas, seguramente se caracterizan por su vehemencia y un discurso violento que exacerba la posición propia contra cualquier opinión contraria.
El pensamiento fanático, es notable por su radicalismo, intransigencia, visión maniquea, creencias irracionales, autoritarismo y falta de apertura al diálogo.
Es de reconocerse en el fascista, las características del psicópata. Falta de empatía; Egocentrismo y narcisismo; Encanto superficial; Pobreza emocional; Conducta antisocial y delictiva; Dificultad para aprender de la experiencia; Impulsividad y falta de planificación; Insinceridad y manipulación; Predisposición al aburrimiento; Estilo de vida parasitario; Ausencia de remordimientos; Promiscuidad sexual; Alta tolerancia al riesgo; Falta de vínculos afectivos profundos y Capacidad para camuflarse en la sociedad, de adaptarse para no ser detectados.
Las decisiones tomadas en la masa, no son sensiblemente superiores a las que adoptaría una reunión de imbéciles como en los programas de Alazraky en Atypical. Solamente hay que asociar, las cualidades mediocres que todo el mundo posee.
Las masas no acumulan la inteligencia, sino la mediocridad.
El individuo, sumergido en el seno de una masa actuante, cae muy pronto en una situación particular, que se aproxima mucho al estado de fascinación del hipnotizado en manos de su hipnotizador.
La personalidad consciente se ha esfumado, la voluntad y el discernimiento han quedado abolidos.
Sentimientos y pensamientos se orientan entonces en la dirección determinada por el hipnotizador.
El individuo que forma parte de una masa.
Ya no es consciente de sus actos.
Con la desaparición de la personalidad consciente, la orientación de los sentimientos y las ideas en un mismo sentido, de la sugestión y del contagio, la tendencia a transformar en actos las ideas sugeridas, son las principales características del individuo dentro de la masa. Ya no es él mismo, sino un autómata cuya voluntad no puede ejercer dominio sobre nada.
En la constitución mental de las masas y sabemos qué móviles impresionan su mente.
En toda esfera social, el hombre no está aislado, es seducido por el dominio de un líder. La mayoría de los individuos, sobre todo en las masas populares, ninguna idea ni razón, son incapaces de conducirse.
El líder les sirve de guía. La autoridad de los líderes televisivos es muy despótica y llega a imponerse merced a este despotismo. Gracias a su tiranía, los nuevos líderes obtienen de las masas una docilidad mucho más completa que la de cualquier gobierno.
Si a consecuencia de un accidente como la asfixia de un concurrente al festejo de la victoria, la masa es una colectividad insensible, sin cohesión ni resistencia, menos misericordia.
A los minutos siguientes otro conductor televisivo seguía la pauta:
afirmación, repetición, contagio.
El contagio de las emociones explica lo repentinos que son los pánicos. Los trastornos cerebrales, como la locura, se propagan también por contagio.
El contagio no exige la simultánea presencia de individuos en un solo punto; puede verificarse a distancia, sobre todo cuando están preparadas ya por aquellos factores lejanos: el nacionalismo, el consumismo y la novedad.
El prestigio del medio y los conductores televisivos sus opiniones propagadas son mediante la afirmación, la repetición o el contagio poseen un gran poder, al adquirir aquel poder misterioso que designamos como prestigio.
El prestigio es en realidad una especie de fascinación que un individuo, una obra o una doctrina ejercen sobre nuestro espíritu.
Esta fascinación paraliza todas nuestras facultades críticas y colma nuestra alma de asombro y respeto. Los sentimientos entonces provocados son inexplicables, como todos los sentimientos, pero probablemente son del mismo orden que la sugestión experimentada por un sujeto hipnotizado.
El ser, la idea o la cosa que poseen prestigio son, por contagio, inmediatamente imitados e imponen a toda una generación determinados modos de sentir y de expresar los pensamientos.
Mas cuando la idea del Mundial FIFA 2026, se ha repetido hasta el cansancio, cuando los niños quieren imitar al Piojo Alvarado, o Mora el Niño Maravilla,
La imitación es inconsciente, y esto es, lo que la hace completa, totalitaria. Ni para dónde moverse.
El prestigio desaparece siempre con el fracaso.
La multitud considera al héroe caído como a un igual. Se acaba la idolatría, el héroe es doblegado ante una superioridad a la cual ya no reconoce.
Robespierre, poseía un gran prestigio. Pero cuando lo perdió, la multitud le siguió hasta la guillotina con imprecaciones como pasaba con sus víctimas.
El fracaso hace perder bruscamente el prestigio.
Ya en los últimos años de Campeonatos Mundiales de la FIFA, hemos sido decepcionados por la Selecta Nacional de Fútbol. Cuando en 1986, Mejía Barón no metió a Hugo Sánchez; cuando cayó ante los Estados Unidos, todo el ánimo mundialista se terminó.
Cuando el holandés Ruben de la naranja mecánica fingió un faul y se marcó el penalti, que sacó a México del mundial 2014. Sólo nos quedó la frase: “No fue penalti”.
La injusticia nos demolió.
También las buenas intenciones de invitar a una fiesta sin control son: una forma -aparte de irresponsable- es perversa y criminal.
Claro que deseamos que al Tri le vaya bien siempre, que fuera campeón es la mejor utopía que pudiéramos tener. Claro que nos levantaría el ánimo ante tantas cosas que nos bloquean nuestra calidad de vida, de bienestar, seguridad y felicidad.
Pero no es formando masas inconscientes como las podemos lograr. Sino con el trabajo justo, el trato honesto, el respeto, el amor, la verdad, la justicia y la responsabilidad para asumir compromisos familiares, sociales y nacionales




