Por Juan Sánchez Mendoza
Como usted bien sabe, es inminente el relevo en la dirigencia de la Sección 30 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que en la actualidad comanda Arnulfo Rodríguez Treviño.
Y aunque no se ha definido fecha para la elección, asoma una cruenta batalla por el control del magisterio que libran ‘los notables’ del gremio.
Quienes van en pos de la dirigencia son cartuchos quemados: Enrique Meléndez Pérez, Abelardo Ibarra Villanueva y Naif José Hamscho Ibarra.
Los tres con varias décadas de hacer grilla en el sector educativo; y en búsqueda de retornar a la estructura dirigente.
Enrique fue secretario general y sus pares ocuparon diversos cargos a lo largo de otras administraciones sindicales.
Pero no olvidan que el sindicato de maestros aún es aun usufructuado por Alfonso Cepeda Salas, y en eso precisamente sustentan su apreciación de que incidiría en el relevo del actual jefe seccional.
Como usted habrá observado, en esta mezcolanza de juegos dobles, traiciones, chaqueteo, simulación y deslealtad –donde resaltan la ambición desenfrenada, la indisciplina y el revanchismo–, se mueve el espectro de la anarquía con una seria amenaza para Tamaulipas, porque aquí no se le hace el caldo gordo al magisterio.
De ahí que Cepeda Salas esté obligado a poner orden en su empresa –corrijo, sindicato–, así para evitarles problemas a los gobiernos federal y estatal.
Así deben entenderlo ese trío de mentores ‘charros’, cuya pretensión, insisto, es llevar a los maestros al matadero, como si estos fueran tontos y no se dieran cuenta de la maniobra, mediante una confrontación abierta en defensa de sus propios intereses.
¿O acaso ya enteraron del sainete a su guía moral y espiritual?
Ni falta hace, pues Arnulfo bien sabe de esto.
Y hasta creo que ya tomó cartas en el asunto.
Agua, problema persiste
Por más que las autoridades de la Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (Comapa) aseguren que el suministro del vital líquido es su prioridad aquí en Ciudad Victoria, lo cierto es que las zonas altas todavía carecen del servicio por la mañana, tarde y parte de la noche.
Además, se continúa con la vieja práctica de suspender totalmente el abastecimiento –o racionarlo–, como medida de presión en contra de los morosos que habitan en los distintos sectores de la localidad.
Son dos situaciones distintas, cierto, pero es quizá la concusión más deplorable de cualquier organismo público.
Sobre todo, si esa exacción va en detrimento de habitantes pobres e indefensos que, por falta de conocimiento, no pueden reclamar lo que por ley debe serles proporcionado como servicio público.
Sin embargo, en la Comapa-Victoria no quieren entenderlo así.
Al menos quienes han hecho de esa dependencia toda una industria personal y de grupo, donde la corrupción es de suyo costumbre.
De ahí el trato inhumano que se da a los que reclaman el servicio, al que por ley tienen derecho, desatendiendo toda instrucción superior o en clara desobediencia a la legislación que prohíbe cortar el suministro a las familias victorenses, siendo cual fuere el monto de su adeudo.
Generalmente han sido los responsables de la Comapa-Victoria –los que se fueron y sus relevos–, quienes más se encrespan cuando se toca el tema, aduciendo que ellos no fueron ni son culpables de la escasez (ni de tanto corte), pero tampoco han ofrecido argumentos convincentes del por qué han dejado en la indefensión a miles de niños, adultos mayores, mujeres, jóvenes y uno que otro vaquetón.
Pero pronto quedan evidenciados al demostrarles –con documentos en mano que avalan lo aquí escrito–, que atentan contra la vida humana; y, con la ley también en la mano, se les hace ver que la prestación del servicio está regulada.
De cualquier modo, poco les importa.
Y menos cuando esa práctica ignominiosa es avalada por los ricos y políticos exentos de pagar por el agua potable que consumen ellos y sus parentelas –son bastantes verdad buena–; y porque a las denuncias que se presentan por la falta del servicio se las pasan por el arco del triunfo.
Este amargo tema, lector amigo, quizá le parezca fuera del contexto informativo cotidiano.
Pero no.
Primero porque en la Comapa-Victoria se trata a los contribuyentes como verdaderos retrasados mentales, como ciudadanos de segunda o de tercera; y luego porque me parece exagerado que se cobren cifras estratosféricas a quienes menos consumen el vital líquido y muchas veces se regale el servicio a los que más tienen.
Lo peor del caso, es que a los habitantes de las zonas altas igual les cobran ‘por sus altos consumos’, siendo que el vital líquido sólo les llega durante algunas horas de la madrugada –si bien les va–, y hasta eso, de lunes a viernes, porque hay sábados y domingos que no cae ni gota.
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