Leer desde la infancia
MIGUEL DOMINGUEZ FLORES
En un entorno dominado por las pantallas y el consumo acelerado de información, promover la lectura entre niñas y niños representa un desafío creciente. Por ello, las ferias del libro dirigidas a las infancias adquieren un valor que va mucho más allá de la realización de actividades culturales: constituyen espacios para formar hábitos que pueden acompañar a las personas durante toda la vida.
La cuarta edición de la Feria Infantil del Libro y la Lectura reunió presentaciones editoriales, talleres, funciones de cine, actividades artísticas y encuentros con autores. Más allá de las cifras de asistencia, el aspecto más relevante es la consolidación de un espacio permanente dedicado al desarrollo cultural de las nuevas generaciones.
Diversas investigaciones han demostrado que la lectura temprana fortalece la comprensión lectora, amplía el vocabulario, desarrolla el pensamiento crítico y mejora el desempeño académico. Pero sus beneficios trascienden el ámbito escolar: también favorece la creatividad, la empatía y la capacidad para comprender realidades distintas.
En entidades que buscan incrementar su competitividad, fomentar la lectura constituye una política de desarrollo humano. Una sociedad que lee con mayor frecuencia dispone de mejores herramientas para innovar, emprender y participar de manera informada en los asuntos públicos.
El reto consiste en mantener este tipo de iniciativas durante todo el año. Las ferias representan momentos de gran visibilidad, pero la formación de lectores requiere bibliotecas activas, mediadores de lectura, programas escolares y espacios culturales accesibles en todas las regiones del estado.
También resulta importante incorporar nuevas formas de lectura mediante herramientas digitales, plataformas electrónicas y contenidos multimedia que dialoguen con los hábitos de las generaciones más jóvenes sin desplazar al libro como eje central del aprendizaje.
Las políticas culturales suelen mostrar sus resultados en el largo plazo. Quienes hoy participan en talleres, narraciones o actividades literarias podrían convertirse mañana en estudiantes con mejores competencias, profesionistas más preparados o ciudadanos con mayor capacidad crítica.
Promover la lectura desde la infancia no garantiza por sí mismo una sociedad más desarrollada, pero sí crea condiciones para fortalecer el capital humano que permitirá enfrentar los desafíos económicos, tecnológicos y sociales de las próximas décadas.




