26 julio, 2026

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Museo del cerdo, una colección privada para el mundo

Más de 20 mil piezas provenientes de distintos países y épocas componen la original muestra en un consultorio dental en Venecia
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Por. Staff

Venecia.-Cuando se piensa en Venecia, la imaginación viaja de inmediato hacia las góndolas, los canales, la Plaza de San Marcos o los palacios que parecen emerger del agua. Sin embargo, en la isla del Lido, famosa por sus playas y por albergar cada año el Festival Internacional de Cine de Venecia, existe una pequeña joya que escapa por completo a los circuitos turísticos tradicionales: el Museo Maialido, un museo privado dedicado íntegramente al cerdo; de hecho el nombre obedece a una atinada combinación lingüística entre maiale, cerdo en lengua italiana y el nombre de la isla Lido. La entrada a este peculiar museo del no podría ser más discreta e indica que es gratuita.

Lo primero que sorprende al comenzar a recorrer los espacios repletos de figuras porcinas son dos salas equipadas como consultorios de odontología. Sin pretender interrumpir la labor del médico que desarrolla su labor, unos minutos después, el visitante es atendido por el doctor Renzo Battaglia, médico odontólogo dueño de esta magnífica colección que sin hacer alarde, invita al visitante a tomarse el tiempo necesario para admirar las más de 20 mil piezas, según su propio cálculo, que componen esta original muestra. Battaglia comenta que sus nuevos pacientes no salen de su asombro al llegar a la sala de espera haciendo incluso referencia a la figura del comisario Maigret del novelista belga Georges Simenon, quien afirma que no hay lugar más triste que la sala de espera de un dentista. Es de esperar que la posible carga de ansiedad asociada a la visita se vea reducida al concentrarse en admirar las figuras expuestas.

El museo ubicado en la Via Sandro Gallo de Lido, constituye uno de esos lugares que tal vez se descubren por casualidad. Allí conviven piezas provenientes de distintos países y épocas, también de artistas de reconocimiento internacional; esculturas, pinturas, porcelanas, juguetes, relojes, alcancías, carteles publicitarios, máscaras de carnaval, textiles, utensilios domésticos, botellas, figuras religiosas, caricaturas y toda clase de objetos cuya única característica común es representar a un cerdo.

No hay espacio que no esté ocupado por esta magnífica colección que rebasa los límites de cualquier intento de imaginación. Numerosas vitrinas repletas de cerditos invitan al visitante a una especie de viaje meditativo al admirar los detalles de cada pieza. Si la ingesta de líquidos obliga a visitar el inodoro, ahí también se verá acompañado de algunos simpáticos motivos.

Esta sorprendente colección, creada durante más de cinco décadas por el doctor Battaglia, demuestra cómo este animal ha acompañado la vida cotidiana del ser humano desde tiempos remotos. En muchas regiones del mundo, el cerdo simboliza fertilidad y prosperidad de ahí que las tradicionales alcancías tengan su forma. En otros lugares aparece en cuentos infantiles, leyendas populares y celebraciones gastronómicas, convirtiéndose en un personaje profundamente arraigado en la cultura popular. En las celebraciones de fin de año, suele regalarse un pequeño cerdito de cerámica o plástico como señal de deseos de buena fortuna para el Año Nuevo.

El recorrido resulta tan divertido como revelador. Algunas vitrinas exhiben delicadas piezas de porcelana elaboradas artesanalmente, mientras otras presentan simpáticos juguetes antiguos o anuncios publicitarios que muestran cómo la imagen del cerdo fue utilizada durante décadas para vender productos de consumo. Muchas de las piezas expuestas probablemente habrían desaparecido entre mercados de antigüedades o colecciones particulares si no hubieran sido rescatadas por Battaglia, cuya dedicación transformó un pasatiempo en un espacio museístico único. La colección se ha enriquecido también con algunas piezas donadas por algún visitante o de una de sus hijas, la artista Anna Battaglia. La Ciudad de Padova dedicó ya una muestra con la selección de algunas piezas en 2014 acompañada de un elegante catálogo.

Este bello espacio permite al visitante recordar que cualquier objeto cotidiano puede convertirse en patrimonio cuando es reunido con pasión y constancia al tiempo que refleja el importante papel que desempeñan los coleccionistas privados en la conservación del patrimonio cultural, como es el caso del doctor Renzo Battaglia.

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