1 agosto, 2026

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Lista de invitados a la fiesta 

CRÓNICAS DE LA CALLE/ RIGOBERTO HERNÁNDEZ GUEVARA

Por Rigoberto Hernández Guevara 

En alguna parte está el nombre propio anotado. Cada uno de nosotros los mortales tenemos un adjetivo, un nombre de pila y un apodo por extensión de dominio. Alguien, nunca se sabe quien o qué institución nos vio salir, quien rajó leña de nuestro nacimiento y en corto nos registraron por primera vez. Y pasaron los años.

Hay listas de todo, tipo, de todos los gustos y géneros. La inolvidable lista de un salón de clases que no vuelve a juntarse, la lista de beneficiarios, la lista de empeño, la lista del mandado, el listado del INE, la lista de convocados a la selección, la lista de regalos, la lista de invitados, el menú, la lista de Shindler, la lista de pasajeros, la revista de soldados. 

Estamos en una larga lista de espera y la gente se desespera. En caso de una necesidad, más si osare un extraño enemigo, nadie escapa- así como quien se da a la fuga- de no hacer el servicio militar y piensan que nadie sabe dónde trabaja, y cómo se llama la muchacha con la que piensa casarse. Irán por él y le darán un fusil al sonoro rugir del cañón. A ella también. 

El primer reporte de nuestra existencia contendrá el registro con el nombre y datos que se llaman generales pero que son puntuales para los preguntones de la posteridad, y para que nadie tenga dudas de todos modos Juan te llamas, de aquí eres, y así te apellidas aunque después no quieras.

Te encontrarán si pretendes esconderte y si te andan buscando para darte un premio no te encontrarán, lastima Margarito, no encontramos el FOVISSTE donde dice usted que vive. Siga participando. Si alguien te busca te puede ubicar en un minuto del Google, chance en menos. Podrás alegar que la imagen fue creada con Inteligencia Artificial por un bot.

Desde la prehistoria nos registramos en las cuevas, hay huellas tremendas de hombre gigantes, fémur de animales que dicen existieron y no más los corridos quedaron luego de millones de años. Estaremos aquí por un tiempo. Registramos la realidad y la fantasía, registramos lo sueños, lo no palpable, lo que a veces no existe y sólo es un alarde. 

Estamos registrados en la memoria de todas las cosas, e hicimos un registro propio, un inventario, un guardarropa, un estilo de vida para dejar nuestra huella imborrable de pies descalzos por la tierra. El sofá contiene el molde de mis nalgas. Cuando llego ladra un perro y se antoja una caguama. 

Todo el mundo pregunta datos generales. Cada dato es una nota informativa de la relevante existencia. Con sus datos personales un hombre podría cubrir un periódico diario durante su existencia. La vida sigue aportando lugares, escenarios donde ignoran nuestra presencia y eso es lo bonito pues quedan lugares para uno solito. 

Si estás en la lista pasas, si no no. Traspapelaron o borraron el nombre y luego de dos horas te cambias el nombre y ya quedó. Nunca se sabe lo que pasó y el asunto se pierde entre millones de registros en el mundo y millones de errores consumidos por el consumidor a la hora de volver a la semana siguiente con el dato correcto. Sin daños a la propiedad. 

Uno está registrado en miles de sitios y todos los caminos en lugar de llevar a Roma llevan a uno, ignoro si para bien o para mal un mundo nos vigila, desde otro país podría ubicarme, desde otra ciudad sabrán donde trabajo, cuando me busquen saben donde vivo, en el barrio deje tatuada mi insignia. 

Me dicen fulano de tal y soy un tal por cual, así nomás, anotele ahí que soy hombre de viste y calza, registre las fechas, los homenajes, los días feriados y los de fiesta. Todos estamos anotados la vez de la reunión en la que se le dio vuelo a alguien, estamos sin querer en una lista de despensas, una lista anotada en Ia barda verdosa del alegre barrio. La lista es tan importante que igual de importante y trascendente es no estar en ella. 

HASTA PRONTO 

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