Por Antonio H. Mandujano
Expreso
TAMAULIPAS.- El bullying dejó de ser un problema exclusivo de los patios escolares para convertirse en un fenómeno social que preocupa a escuelas, familias y autoridades en distintas partes del mundo.
Burlas, amenazas, exclusión, agresiones físicas y violencia psicológica pueden marcar la vida de niñas, niños y adolescentes, con consecuencias que van mucho más allá del salón de clases.
Y Tamaulipas no es ajeno a esta problemática, pues casos de violencia escolar han obligado a reforzar las medidas de prevención y atención, mientras las autoridades educativas buscan intervenir antes de que una agresión escale y poner mayor atención tanto en los alumnos como en el entorno que rodea a los planteles.
Durante el 2025, más de 40 menores de edad en Tamaulipas requirieron hospitalización y atención médica tras sufrir algún tipo de agresión relacionada con el entorno escolar, datos publicados en los registros de la Secretaría de Salud federal y recopilados por la Red por los Derechos de la Infancia en México.
El dato dimensiona un problema que no se limita a las tradicionales burlas entre compañeros: las agresiones pueden ser físicas, psicológicas o de otro tipo y, en los casos más graves, terminar con estudiantes requiriendo atención médica.
Los reportes y llamadas de alerta suelen concentrarse en las zonas urbanas con mayor población, destacando Tampico, Reynosa, Matamoros y Ciudad Victoria.
Tamaulipas tiene protocolo desde 2016
Ante este escenario, Tamaulipas cuenta desde 2016 con los “Protocolos de Prevención, Detección y Actuación en Casos de Violencia hacia Niñas, Niños y Adolescentes en el Entorno Escolar”, una guía diseñada para que las escuelas sepan qué hacer antes, durante y después de un caso de violencia.
El documento fue actualizado en 2026 y establece responsabilidades para toda la comunidad educativa, con el objetivo central de salvaguardar los derechos y la integridad física y psicológica de niñas, niños y adolescentes.
Su aplicación está dirigida a planteles de educación básica (preescolar, primaria y secundaria) y parte de tres grandes ejes: prevención, detección y actuación.
La prevención busca fortalecer factores protectores como la empatía, el autocontrol y la educación en valores.
Mientras que la detección obliga a poner atención a cambios de conducta, malestares físicos, lesiones o cualquier otra señal que pueda advertir una situación de riesgo.
Y la actuación establece rutas específicas ante sospechas, denuncias o casos en flagrancia de violencia sexual, acoso escolar o bullying y maltrato infantil.
¿Qué debe hacer la escuela ante una agresión?
El protocolo establece una ruta que comienza con la identificación del problema y su notificación.
El docente o directivo debe documentar la incidencia y, a partir de ahí, aplicar medidas para proteger de inmediato al estudiante.
La prioridad es evitar que la víctima continúe expuesta al presunto agresor y garantizar su integridad física y emocional.
Los casos pueden ser canalizados a instancias especializadas para recibir atención psicológica, médica o asistencial, mientras que posteriormente debe existir un seguimiento y un plan de medidas de no repetición.
En otras palabras: detectar, proteger, canalizar y dar seguimiento.
Escuchar al menor sin revictimizarlo
El protocolo también establece cómo debe recibirse el testimonio de un alumno.
La indicación es brindarle un espacio privado, escucharlo sin interrumpir, creer en su relato, evitar confrontarlo con los involucrados y registrar sus dichos sin someterlo a interrogatorios que puedan generar una nueva afectación.
Cuando se trate de violencia sexual o maltrato, se contempla dar aviso a las autoridades correspondientes, así como a la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes del DIF, salvo que los padres o tutores estén señalados como posibles agresores.
También debe evitarse el contacto entre la víctima y el presunto responsable.
El estudiante puede ser canalizado a servicios de apoyo psicológico y médico, incluyendo instituciones especializadas en atención al maltrato infantil y programas de prevención del acoso escolar.
Los maestros también tienen protección
Aunque el protocolo tiene como prioridad la protección de los menores, también contempla mecanismos para atender situaciones que involucren a docentes y personal escolar.
Cuando un trabajador del plantel sea señalado como presunto agresor de un menor o exista un conflicto grave, pueden establecerse medidas cautelares y separarlo temporalmente de las actividades frente a grupo, asignándole funciones administrativas mientras se desarrolla la investigación.
El personal educativo también puede recurrir a las áreas jurídicas de la SET, Contraloría y supervisiones escolares para documentar agresiones, amenazas o hechos graves.
Las incidencias deben quedar registradas y, cuando se trate de amenazas directas contra docentes, pueden activarse mecanismos de acompañamiento jurídico y de seguridad.
El ABC de las emociones, la otra apuesta
Sobre esta estructura de prevención se suma ahora “El ABC de las emociones”, una estrategia impulsada por el Gobierno de México y alineada a las directrices federales para secundaria y bachillerato.
La Secretaría de Educación de Tamaulipas, encabezada por Miguel Ángel Valdez García, participará en su implementación durante el ciclo escolar 2026-2027, donde la estrategia contempla dedicar entre dos y tres horas semanales dentro del plan de estudios a un espacio de tipo taller socioemocional.
La meta es trabajar con los estudiantes el autocontrol, el manejo de la frustración, la resolución pacífica de conflictos y otras herramientas que permitan prevenir conductas agresivas.
También blindarán los alrededores
La prevención tampoco se quedará dentro de los salones, pues la SET contempla reforzar la vigilancia perimetral en planteles considerados de atención prioritaria, principalmente secundarias y escuelas de educación media superior.
El objetivo es evitar que personas ajenas a los planteles o estudiantes de otras escuelas se acerquen a los accesos o alrededores para agredir a alumnos.
Para ello se contempla una coordinación con autoridades de seguridad pública municipales y estatales.
La prevención también llegará a casa
La estrategia contra la violencia escolar contempla además la participación de madres y padres de familia.
Como parte de “El ABC de las emociones” y de las acciones contra el acoso escolar se han distribuido guías para llevar a los hogares temas como valores, autocontrol y manejo de conflictos.
El reto para Tamaulipas es que el combate al bullying no se limite a castigar al agresor después de una pelea.
La apuesta ahora es detectar las señales, proteger a la víctima, atender el problema y evitar que vuelva a ocurrir, con una responsabilidad compartida entre escuelas, familias, autoridades educativas y corporaciones de seguridad.




