Por Juan Sánchez Mendoza
En los procesos de selección interna para designar candidatos a diputados federales y locales, y las 43 alcaldías, habría en Movimiento Regeneración Nacional (morena) muchos ‘cartuchos quemados’ prestos a ganar las lides, al costo que sea y, de cualquier modo.
Hasta intimidando con cambiar de siglas, nuevamente.
A esto obedece que en la oposición –ajena a los membretes paleros– haya la presunción de poder ganarle al membrete guinda varios distritos federales y locales, además de algunas alcaldías –de las más fuertes en el estado–, pues a la fecha son pocos los aspirantes de morena que gozan de prestigio, madurez política y experiencia administrativa, porque desde hace años han vivido pegados a la ubre gubernamental.
Pero hasta eso, no son tantos para asegurar ‘carro completo’.
Los morenistas ‘chauqteros’, sin embargo, juegan apostándole a ‘su arrastre y popularidad’ –aunque otra vez participen en una lucha estéril, que sólo provoca desgaste anímico y físico–, mientras los albicelestes, los tricolores y los naranjas incitan otra vez a no creer en los métodos selectivos oficialistas, pues con sainetes similares es como han logrado remontar en las últimas contiendas federales y locales; y alzarse con la victoria; en tanto el resto de los partidos, como acostumbran, igual fincan en el descrédito sus posibilidades de alcanzar curules de mayoría relativa o de representación proporcional, federales y locales, aparte de alcaldías.
De cualquier forma, en esta lucha intestina, los más ‘acelerados’ de morena se sacarán los ojos, unos a otros, sin que les importe ensuciar las contiendas interpartidistas con el cuento de la democratización.
Y es aquí, precisamente, donde se debe considerar que cuando un ser humano advierte su impotencia para alcanzar el éxito, pero se niega a admitirlo públicamente, suele cometer todo tipo de tonterías por sufrir alteraciones extremas en su estado anímico, que regularmente rayan en la desesperación.
Ese sería el caso de quienes parecen haber perdido toda esperanza de ganar los procesos internos morenistas para designar candidatos, aun cuando no se hayan aprobado (todavía) las convocatorias y mucho menos publicado.
Por ello recurren a la confrontación velada y al descrédito soterrado. No respetan las reglas del juego –como era de esperarse–, ni asimilan su estrepitosa caída en el ánimo de las estructuras distritales o municipales, que al darse cuenta de que sus mensajes son sólo bravuconadas les vuelven la espalda y los dejan solos con su amargura y habladurías.
Ello, por supuesto, acarrearía escisiones en morena, pero algunos ‘cartuchos quemados’ no lo entienden así.
Se cierran al diálogo.
Y, lo peor, (ya) preparan lo que sería su próxima embestida: aducir que las condiciones no están dadas para llevar a cabo procesos democráticos, siendo que lo mejor (para morena y para ellos mismos) es pugnar porque todas las candidaturas resulten de unidad.
Es éste el último recurso de supuestos constructores de la cuarta transformación, que nada tienen que hacer en los procesos. Y todos los virtuales perdedores lo saben muy bien. Tanto que sus personeros una y otra vez se han reunido con gente de partidos antagónicos a los suyos, tratando de que los arropen, a fin de contender bajo sus siglas como candidatos. Pero sin éxito aparente.
Merced a lo mismo, no debe extrañar si antes de diciembre próximo vemos que algunos aspirantes con menos probabilidades de triunfo anuncian que abandonan las competencias internas para aceptar postulaciones de los partidos que esperan escurrimientos para presentar candidatos a todos los cargos de elección popular en juego.
De ellos todo puede esperarse.
Y más por saber que éste, quizá, sea el último tren en sus mediocres carreras políticas.
Alcaldes maniatados
Sé, de buena fuente, que ninguno de los presidentes municipales de Tamaulipas de extracción guinda podrían ‘meter mano’ en el asunto de las candidaturas a sus propios relevos, pues hay clara disposición para que en tiempo y forma éstas se definan conforme a negociaciones entre aliados, con el claro propósito de que sean de unidad.
No de imposición, como ocurrió en la pasada contienda concurrente, cuando los alcaldes determinaron quiénes jugarían en la justa pre-comicial.
De ahí que al sentirse maniatados haya ediles que ‘por la libre’ den en jugarle las contras a su jefe político.
Pero eso ese juego ya está detectado.
Al menos es lo que me comentan fuentes dignas de todo crédito.
Por tanto, bien harían los presidentes municipales en no meterse en un asunto que no los corresponde, aun y cuando quisieran enquistarse en el poder maniobrando para que sus huestes resulten beneficiadas en la contienda interpartidista que está por venir.
Correo: jusam_gg@hotmail.com




