Por Juan Sánchez Mendoza
El Día Internacional de la Juventud –establecido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1999–, se conmemora hoy precisamente. Pero lamentablemente, al menos en México, el rol de esas nuevas generaciones como agentes clave de cambio social (para atender los retos globales) aún es menospreciado por algunos políticos enrolados en el poder.
Y para muestra, basta un botón: la descalificación que, de los jóvenes, hizo la presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de morena –pues para ella, parte de la juventud opina de política sin revisar los antecedentes históricos del país–, refleja claramente una actitud clasista.
Eso podría catalogarse como efebifobia, que es el rechazo, la aversión o miedo irracional hacia los jóvenes y adolescentes; o adultismo si acaso el prejuicio social, o la discriminación sistemática de adultos, se orienta contra les nuevas generaciones.
Esto ha generado cualquier cantidad de comentarios adversos –contra Minerva Citlalli Hernández Mora, por supuesto–, porque, la resolución ONU 54 / 120, contempla que los jóvenes puedan analizar problemas de empleo, educación, salud mental y participación ciudadana –léase política– para en su trinchera impulsar con todo su potencial el desarrollo económico y la paz mundial.
Soy abuelo y padre de jóvenes. Pero jamás he orientado sus caminos, más allá de mi responsabilidad.
Ni menos he descalificado sus preferencias políticas –aunque, admito, sí hemos discutido al respecto–, porque en mi familia, todo integrante tiene libertad plena de manifestar sus propias ideas y conceptos desde que eran menores de edad y más cuando jóvenes.
Viví, como ellos –dentro del rango generacional que nos ocupa–, toda una aventura de vida –como hoy hacen los más de 30 millones de jóvenes que hay en México–, por lo que me parece un insulto lo espetado por la tal Citlalli (una de las jerarcas de morena) contra los jóvenes.
Fortaleza mal utilizada
La chaviza militante o simpatizante de los ahora ocho partidos políticos con registro oficial se distingue por su capacidad para operar las redes sociales y organizar torneos y concursos –aunque, las dos últimas actividades sean por disposición errónea de las dirigencias, la mayoría de las veces–, pues, en el primer caso, no se les da oportunidad de desarrollar su conocimiento a plenitud.
Por esto: no aporta algo significativo, al ser sometida para ocuparse de actividades tradicionales sólo en campañas formales, como: dirigir brigadas de impacto, repartir y/o pegar propaganda o, en el mejor de los escenarios, cargarles el portafolio a los políticos de moda.
Difícilmente –como ahora–, pudimos encontrar a jóvenes organizando foros, dirigiendo proyectos, generando ideas o, con propuestas personales, encabezando labores comunitarias, ya que poco interés tienen sus jerarcas partidistas para tomarlos en cuenta y, con ellos, penetrar en el ánimo social tan ávido de líderes con ideas modernas y no anacrónicas.
En su declaración de principios –por citar sólo al partido que más les ha ofrecido más oportunidad a los jóvenes–, el Revolucionario Institucional (PRI) asume que la formación de sus cuadros juveniles “representa una de las mejores opciones de renovación y permanencia”.
Pero lo real, es que en el pasado se privilegió la disciplina autoritaria, tanto como la inamovilidad juvenil, provocando la aparición de dirigencias impuestas que soportaron las esperanzas de sus inventores políticos para acceder a posiciones político-administrativas de mayor envergadura. Y no para hacerle justicia a sus jóvenes adeptos, aunque, debo reconocer que surgieron ‘garbanzos de a libra’ en el Frente Juvenil Revolucionario (FJR).
El Partido Acción Nacional (PAN), en su oportunidad, también sembró semillas fértiles que al paso del tiempo asumieron liderazgos dentro de ese membrete, hasta que los neopanistas tomaron por asalto a la organización, en el año 2000. Desde entonces y hasta la fecha, sus cuadros juveniles no se ven ni se palpan relevos generacionales destacados.
Movimiento Ciudadano (MC) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) regularmente les han abierto las puertas a los jóvenes, como se ha visto en las contiendas electorales más recientes.
Antaño, igual hubo membretes de izquierda auténtica, como el Partido Comunista de México (PCM), que durante décadas trabajó de la mano con las llamadas Juventudes Comunistas –de ideología marxista-leninista– que operaban para promover entre los jóvenes la lucha social, política y sindical en defensa de sus derechos ante regímenes autoritarios y totalitarios.
Otros partidos ya extintos, también de izquierda, les dieron realce a los jóvenes alentando su activismo contra el sistema establecido.
Entre ellos: el Revolucionario de los Trabajadores (PRT) –considerado de tendencia trotskista–, fundado en 1979 por maestros y estudiantes de la UNAM que, en su mayoría, participaron en los movimientos de 1968 y 1971 que terminaron con la represión gubernamental
Otro, fue el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) –fundado por Heberto Castillo Martínez (qepd) en 1971, al ser liberado del Palacio Negro de Lecumberri, donde fue recluido junto a cientos de estudiantes que, igual que él, se alzaron contra las imposiciones u omisiones del gobierno.
De ahí derivaron otros membretes –PMS, PSUM y PRD– que, tras las rupturas propias por intereses de grupos, hoy, junto con el PT, se someten a la directriz de morena, donde Citlalli no quiere a los jóvenes por no saber de política, según ella.
Como fuere, mi abrazo, y reconocimiento, para los más de 30 millones de jóvenes mexicanos, en su Día, por ser no el futuro de México –¡qué va!–, sino el presente.
Correo: jusam_gg@hotmail.com




