14 agosto, 2026

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El sueño que nació en televisión

Omar Islas: El niño que soñaba con salir en la televisión, lo logró tras debutar en Pumas; Hoy busca hacer historia con correcaminos.
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Por Daniel Vázquez
Expreso

Apenas tenía cinco años cuando dio sus primeras patadas a un balón. Siempre de la mano de su padre, quien jugó futbol amateur, encontró en él un ejemplo, pero también en la televisión un sueño: el sueño de salir en ella en un partido de futbol profesional. Omar Islas Hernández es su nombre, y aquel niño que tenía ese sueño ya lo cumplió. Hoy, con más de una década de carrera profesional, viste la playera de Correcaminos y busca escribir un nuevo capítulo en su historia.

Han pasado más de dos décadas desde aquellas primeras tardes en las que acompañaba a su padre a los partidos de barrio. El balón apareció primero como una forma de diversión, pero poco a poco se convirtió en una obsesión. Mientras otros niños veían los partidos por televisión como espectadores, Omar comenzó a imaginarse del otro lado de la pantalla. No sabía cuándo ni cómo, pero tenía claro lo que quería.

EL SUEÑO NACIÓ CON SU PADRE

“Desde los 5 años yo veía a mi papá que jugaba en el barrio, siempre me llevaba y desde ahí nació esa pasión por el futbol. Ya después de eso me decidieron meter a una escuela y empecé ya con el sueño de ser futbolista”.

Sus primeros pasos fueron en la escuelita de Boca Juniors, en Naucalpan. En ese momento no existía todavía la certeza de que el futbol sería su profesión. Sólo había entrenamientos, partidos y una disciplina que comenzó a formar al jugador que vendría después.

“Empecé en la escuelita de Boca Juniors en Naucalpan, realmente era para divertirme, no pensaba mucho en que iba a ser futbolista profesional, pero desde ahí veíamos la disciplina, el ir a entrenar”.

Pero había algo más. Omar quería ser como su padre y, al mismo tiempo, quería cumplir aquella fantasía que nació frente al televisor.

“Siempre quiero ser como mi papá y aparte yo veía los partidos, nos juntábamos para mirar los juegos de futbol y yo decía ‘yo quiero salir en la tele’”.

La primera gran oportunidad apareció cuando tenía 12 años. En un partido contra una filial de Pumas, alguien se fijó en él. Lo invitaron a formar parte de aquella escuela y le otorgaron una beca. Para Omar y sus padres, aquella propuesta representó la primera señal de que el sueño podía dejar de ser sólo una ilusión.

“Una vez jugamos contra una filial de Pumas, me vieron jugar y me invitaron a jugar con esa escuelita. Me dieron una beca para que me fuera con ellos, se interesaron mucho en mí. Tenía 12 años y mis papás y hasta yo dijimos que podría haber una posibilidad. Ya fue cuando me lo tomé más en serio”.

LA VISORIA QUE CAMBIÓ SU HISTORIA

Después de Pumas Satélite y de un paso por un equipo de Milán, apareció una oportunidad que podía cambiar su futuro. Llegó una invitación para probarse en las fuerzas básicas de Pumas. Omar tenía 15 años y tampoco conocía del todo cómo funcionaban aquellos procesos.

“Después de estar en Pumas Satélite me pasé a un equipo de Milán y ahí comencé a crecer más. Después ya llegó la invitación para que fuera a una visoria con Pumas en sus fuerzas básicas. Yo tenía 15 años, pensábamos que se tenía que pagar para eso, no sabíamos mucho sobre el tema, pero ese entrenador nos guió y me consiguió la prueba”.

Eran 50 jugadores. Sólo algunos conseguirían un lugar. Para Omar era su primera experiencia de ese tipo y los nervios aparecieron, pero decidió enfrentarla de una manera sencilla: disfrutar.

“Éramos 50 jugadores, era mi primera visoria, estaba nervioso pero salí a disfrutar. Después de tres filtros, me dijeron que ya estaba dentro. Fue uno de los mejores días de mi vida porque no es fácil entrar a un gran club”.

La historia, sin embargo, tuvo un pequeño episodio que pudo hacer pensar lo contrario. El día que su padre lo acompañó al entrenamiento, Omar apenas tuvo cinco minutos sobre la cancha. Su padre observó la situación y creyó que quizá no había salido bien. Pero en esos cinco minutos apareció el gol.

“Algo curioso que pasó fue que el día que me dijeron que me quedara, mi papá me acompañó al entrenamiento. Hacían futbol, pero a mí no me metieron mucho tiempo, me metieron como cinco minutos nada más. Mi papá lo veía medio triste porque pensaba que era una mala señal, pero metí gol y me fue bien, pero no nos dijeron nada”.

La respuesta llegó días después. Su madre lo acompañó a Cantera y recibió la noticia que había esperado junto a su familia.

“El jueves siguiente me dijeron que me iba a quedar. Ahí no iba mi papá, iba mi mamá. Al día siguiente me presenté en Cantera y me dieron toda la ropa de concentración, y la sorpresa a mi papá fue esa. Llegué con mi ropa y sabía que era la señal de que había quedado. Lloramos, disfrutamos”.

Desde entonces comenzó otra etapa. Ya no se trataba sólo de jugar futbol. Había que competir por un lugar, superar momentos difíciles y aprender a esperar una oportunidad.

“Es difícil la competencia porque vienen jugadores de todos lados. Lo más complicado es cuando no juegas, cuando no te dan o no te ganas las oportunidades, pero gracias a Dios a mí se me dio tener mucha regularidad. Llegué a los 16 años y a los 18 ya estaba en primer equipo”.

Para Omar, la fortaleza mental fue tan importante como las condiciones futbolísticas.

“Tienes que ser fuerte mentalmente, yo creo que es lo más importante. Con ayuda de tus papás, que te guíen por el buen camino, pero sí, tener paciencia, fortaleza mental es lo que debe tener uno cuando pelea por ese sueño de llegar al futbol profesional”.

EL DÍA QUE SALIÓ EN LA TELEVISIÓN
El sueño de aquel niño tomó forma en el Apertura 2015. Omar pertenecía al primer equipo, aunque tenía participación con la Sub-20. Una mañana, durante un partido de la categoría, recibió una noticia que no esperaba.

“Yo estaba jugando con la 20 y eran las nueve de la mañana, y al medio tiempo me sacaron. No entendí por qué, jugaba casi todos los partidos, y ya me dijeron que había sido llamado para salir a banca con el primer equipo”.

Sus padres estaban en el estadio. Omar les contó la noticia y poco después llegó el momento que había imaginado desde niño.

“Me tomó de sorpresa y les dije a mis papás que estaban ahí viéndome en la Sub-20. Ya en el juego del primer equipo, yo recuerdo que fue contra Querétaro un 9 de enero. Memo Vázquez, quien fue quien me debutó, me mandó a llamar, me dice que voy a entrar e imagínate, es una felicidad enorme y más por cómo se dieron las cosas”.

Aquel momento tuvo un significado que iba mucho más allá de entrar a una cancha. Era el cumplimiento de una promesa que había nacido en casa, frente a su padre y frente a un televisor.

“Es algo que no puedo explicar, una sensación que no se puede describir, solamente una felicidad enorme, el saber que vas a cumplir un sueño, un sueño que te propusiste desde chico, que veías la televisión los juegos, algo que le dijiste a tu papá que lo harías por él. Es algo que me llevaré toda la vida”.

Después del partido estaban sus padres. En ese instante entendió que todo lo que había ocurrido desde aquella escuelita había valido la pena.
“Verlos a ellos en el estadio, ahí estuvieron mis papás, todo lo vi reflejado en los ojos de mis papás. El recibir un abrazo y beso de ellos al finalizar el juego fue lo que valió la pena”.

DEL AUTÓGRAFO DE VERÓN A COMPARTIR VESTIDOR CON ÉL

Omar también conoció pronto la exigencia que existe dentro de un vestidor profesional. En Pumas coincidió con jugadores de jerarquía, futbolistas a quienes alguna vez había visto por televisión y admirado desde fuera de la cancha.

“A mí me tocó una época de Pumas donde había jugadores como Darío Verón, Alcoba, Ismael Sosa, Daniel Ludueña, jugadores con jerarquía. Yo en algún momento le llegué a pedir un autógrafo a Verón y después me toca compartir vestidor con él y le dije que si se acordaba”.

La anécdota representa una de las vueltas que puede dar el futbol: pasar de admirar a un jugador desde la tribuna a compartir el mismo espacio con él.

“Es algo bonito, pero también te exigen, porque está en juego su trabajo, su reputación. Yo recuerdo una anécdota donde incluso mi papá se enojó, porque en un interescusdras, me tocó que Veron me barriera fuerte, me pegó en el tobillo y no pude seguir jugando en ese entrenamiento, mi papá se enojó porque él estaba viendo, pero le dije que es parte de esto, ellos exigen y de esa forma te ayudan a crecer”.

Omar permaneció diez años vinculado con Pumas. Después llegaron los préstamos, otros equipos y, finalmente, la salida de una institución que había sido parte fundamental de su formación.

“Diez años después me toca salir de Pumas. Tuve préstamos con algunos equipos, pero siempre estuve vinculado a ellos. No te voy a mentir, fue doloroso, el no saber qué podía pasar, decirle a mis papás, a mi familia. A veces tienes que tomar decisiones por el bien tuyo y tu familia, y es algo que tenía que pasar”.

Y en ese momento también hizo una reflexión sobre su propia carrera, sin buscar culpables.

“Yo creo que no me faltaron oportunidades, más bien me faltó aprovecharlas, hay que ser sincero. Cualquier otra cosa sería una excusa. Sí hubo competencia, sí hay extranjeros, pero cuando aprovechas las oportunidades vas a estar ahí”.

MORELIA, TEPATITLÁN Y UN TÍTULO ESPECIAL

Después de Pumas llegaron nuevas ciudades y nuevas experiencias. Morelia se convirtió en una de las etapas más importantes.
“Morelia se podría decir que es mi segunda casa porque viví tres años. Fueron buenos torneos, hubo un buen plantel y peleamos por el título. Lamentamos que no se nos haya dado, pero agradecido con todos”.

Más tarde apareció Tepatitlán, institución con la que consiguió el primer campeonato de su carrera. Para Omar, aquel título tuvo un significado especial porque su familia estuvo presente.

“Fue un título muy especial para mí porque fue el primero que gané. Tener a mis papás en las tribunas, a mi familia, a mi esposa e hija, fue lo más bonito que pude tener. Ese día es uno de los mejores de mi vida junto a mi debut en Primera División. Con Tepatitlán viví buenos momentos y es una institución a la que le tengo respeto”.

LA PARTE DEL FUTBOL QUE NO SE VE

Detrás de los estadios, los contratos y los partidos existe otra realidad. La carrera de un futbolista puede cambiar en cuestión de meses. Una ciudad puede convertirse en otra y una familia completa debe adaptarse a cada decisión.

“Sí es difícil la vida del futbolista porque no todo es color de rosa. Cada seis meses o un año, no sabes qué pueda pasar. Más con familia. Por ponerte un ejemplo, mi hija ya ha vivido en seis ciudades en los últimos años, apenas tiene seis años”.

La estabilidad que existe fuera del futbol no siempre forma parte de la vida de un jugador. Sin embargo, Omar ha encontrado en su esposa y en su hija un respaldo constante.

“Sí es difícil con ellas, pero mi esposa y mi hija me apoyan, y me lo han dicho: donde yo juegue, ellas me apoyarán”.

Esa experiencia también modificó su forma de entender el futbol. Ya no se trata sólo de cumplir sus propios objetivos. Ahora existe una familia que forma parte de cada decisión.

UNA NUEVA HISTORIA EN CIUDAD VICTORIA

Después de recorrer distintas ciudades y vestir varias camisetas, Omar Islas encontró en Correcaminos un nuevo reto. La llegada a Ciudad Victoria representa otra oportunidad para demostrar que todavía tiene objetivos por cumplir dentro del futbol profesional.

“Me sentí feliz de tomar este reto de Correcaminos, venimos para hacer buenas cosas y responder a la confianza de la directiva, del profe Gaby y de la afición”.

Su objetivo no esconde la ambición deportiva.

“Me veo peleando los puestos de arriba, peleando en liguilla, queremos ganar y hacer lo mejor que se pueda”.

Han pasado muchos años desde aquella escuelita de Boca Juniors en Naucalpan. Pasaron Pumas Satélite, Milán, Cantera, el debut ante Querétaro, Morelia, Tepatitlán y varias ciudades más. También pasaron momentos de alegría, dudas y decisiones difíciles.

Pero hay algo que permanece intacto: aquella idea que nació cuando Omar tenía cinco años y veía a su padre jugar futbol. El niño que quería ser como él y que soñaba con salir en televisión ya cumplió esa parte de su historia. Ahora, como futbolista y como padre, transmite ese mismo mensaje a la siguiente generación.

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