16 agosto, 2026

16 agosto, 2026

Panem et circenses

EL FARO/FRANCISCO DE ASÍS

Pan y circo. Décimo Junio Juvenal acuñó la frase hace casi dos mil años. No era una crítica al emperador. Era una crítica al ciudadano. Al romano que alguna vez participó en los asuntos públicos y que terminó conformándose con dos cosas: recibir pan y disfrutar del espectáculo. Mientras estuviera alimentado y entretenido, dejaba de interesarse por quién gobernaba, cómo gobernaba o hacia dónde conducía al Imperio.
Naturalmente, nosotros somos distintos.

Nosotros no cambiamos los asuntos importantes por distracciones pasajeras.
Nosotros no dedicamos horas a discutir escándalos políticos mientras ignoramos problemas que determinarán el futuro de nuestros hijos.
Nosotros no hacemos eso.

O al menos eso nos gusta creer.
Porque la realidad cuenta una historia diferente.
Tenemos denuncias —que no han sido investigadas— sobre la participación del crimen organizado en el proceso electoral. Se discute una sobre representación legislativa que permitió al partido gobernante obtener una mayoría muy superior a su porcentaje de votos. El Poder Judicial fue sometido a una elección donde participó apenas una fracción del padrón. El INE y el Tribunal Electoral enfrentan cuestionamientos sobre su independencia. Existen señalamientos graves contra personajes políticos cercanos al poder y, sin embargo, las investigaciones parecen avanzar con una lentitud admirable.
Pero no se preocupen.

Siempre aparece algo más interesante.
Y tuvimos un magnífico espectáculo.
El Mundial de fútbol.
Durante varias semanas millones de mexicanos dejamos de lado diferencias ideológicas, pleitos partidistas y preocupaciones cotidianas para apoyar a la Selección. Gritamos, celebramos, sufrimos y soñamos juntos.
No hay nada malo en ello.

El problema aparece cuando termina el partido.
Porque la realidad sigue allí esperándonos.
Seguíamos con una economía incapaz de crecer al ritmo que el país necesita. Seguíamos perdiendo empleos formales. La inversión seguía siendo insuficiente. La extorsión continuaba expandiéndose hasta convertirse, en muchas regiones, en una especie de impuesto no oficial. Los problemas de salud pública permanecían. Los problemas educativos también.

Pero el circo nunca permanece vacío.
Cuando terminó el Mundial apareció, entre otras, una nueva función.
El gobierno de los Estados Unidos retiró la visa a Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente López Obrador. La reacción fue inmediata. Andy respondió mediante una carta dirigida al presidente Donald Trump. La presidenta salió en su defensa. Morena denunció una injerencia en la política mexicana. Funcionarios, militantes, simpatizantes rasgaron sus vestiduras. Las redes sociales hicieron lo que mejor saben hacer: transformaron un asunto complejo en una batalla de consignas.

Y entonces ocurrió algo verdaderamente fascinante.
Uno de los personajes más relevantes de esta historia, Christopher Landau, decidió responder a través de la red social X utilizando la herramienta intelectual más representativa de nuestra época: un meme.

No una nota diplomática, de prensa o un comunicado oficial: fue un meme.
Hay algo profundamente simbólico en ello.
Hace apenas unas décadas los gobiernos intercambiaban notas diplomáticas.
Hoy intercambian memes.

Y millones de ciudadanos los analizamos con la misma pasión con la que antes se analizaban discursos presidenciales o tratados internacionales.
El circo ya no solamente está en el contenido.
También está en el formato.
La política se volvió entretenimiento.
La indignación se volvió espectáculo.
La discusión pública se volvió un concurso de frases ingeniosas.
Y nosotros, cómodamente instalados en las gradas, participamos con entusiasmo.
Nos indignamos.

Compartimos publicaciones.
Condenamos.
Aplaudimos.
Abucheamos.
Nos sentimos moralmente satisfechos.
Y después seguimos con nuestras vidas.
Los desaparecidos continúan desaparecidos.
La extorsión continúa cobrando.
Las escuelas continúan deteriorándose.
Los hospitales continúan enfrentando carencias.
Las instituciones continúan debilitándose.
Pero nosotros ya cumplimos.
Publicamos un mensaje.

Dimos «me gusta».
Compartimos una fotografía.
Expresamos nuestra indignación.
La conciencia queda tranquila.
La realidad no tanto.
La crítica de Juvenal nunca estuvo dirigida a los gobernantes.
Los emperadores siempre han existido.
Los circos también.

Su reproche estaba dirigido a quienes renunciaron a ser ciudadanos para convertirse únicamente en espectadores.
Y fue entonces cuando Christopher Landau nos regaló, quizá sin proponérselo, la mejor descripción de nuestro tiempo.
A través de un meme escribió:
«¿Están disfrutando el show?… Rellenen sus palomitas, van a amar la siguiente parte».
Muchos lo interpretaron como una provocación.
Otros como una insolencia.

Yo sospecho que fue algo mucho peor.
Un diagnóstico.
Nosotros seguimos sentados en la misma butaca.
Con nuestras palomitas en la mano. Observando. Esperando ansiosos el siguiente acto.

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