En los últimos días se ha sobresaturado la atmósfera política con una intensidad que permite ver cómo empieza a configurarse el panorama rumbo a 2027 y 2028, un tiempo que en Tamaulipas parece más largo de lo que marca el almanaque en electoral, porque los aspirantes a la gubernatura, entre tirones y jalones, dedican buena parte de sus horas a colocarse primero en la fila. La impaciencia comienza a notarse en los eventos, en las fotografías que navegan por las turbias aguas de las redes sociales y hasta en gestos que antes se cuidaban más, como si ya no alcanzara el tiempo para hacer méritos con calma y hubiera que exhibirlos todos de golpe.
Esa ansiedad, sin embargo, pareció concederse una tregua durante el cumpleaños de Lalo Gattás en Ciudad Victoria, donde coincidieron en el mismo salón, sonrientes y hasta afectuosas entre sí, Carmen Lilia Canturosas y Olga Sosa, además de Maki Ortiz y una buena parte de la clase política estatal, de todos colores, olores y sabores.
La escena contrastó con las semanas previas de golpeteo en redes sociales, donde entre memes, rumores y cuentas anónimas se ha buscado desgastar sobre todo a las dos primeras, en una batalla que pocas veces parece provenir de fuera del propio movimiento y que esa noche quedó escondida detrás de abrazos, fotografías y cortesías.
Gattás supo aprovechar la circunstancia para reunir a personajes que hoy compiten, discrepan o mantienen intereses distintos y que, al posar juntos, intentaron, —aunque nadie les creyó— enviar una señal de unidad y civilidad política. Resulta difícil saber cuánto había de afecto verdadero detrás de aquellas sonrisas, pero la fotografía quedó como registro de una supuesta tregua en medio de un proceso que empieza a tensarse. Apenas terminó aquella jornada de convivencia, realizada hace una semana, volvieron las señales de que la disputa interna de Morena continúa y que la calma del festejo difícilmente podía durar demasiado.
Después llegó Claudia Sheinbaum. La presidenta recorrió Matamoros, Reynosa, Ciudad Victoria, Tampico y Madero con una agenda de vivienda, infraestructura hidráulica y servicios de salud, mientras desde su entorno se insistía en que la visita no tenía como propósito repartir preferencias, sino respaldar al gobierno de Américo Villarreal y revisar programas federales. Aun así, los aspirantes al 2027 y al 2028 acudieron puntuales, atentos al saludo, a la fotografía y al espacio que podían ocupar cerca de la comitiva presidencial.
Entre ellos volvió a llamar la atención el senador José Ramón Gómez Leal, cuya presencia en la gira reavivó las versiones sobre la sucesión. Nadie puede asegurar que desde Palacio Nacional se haya enviado una señal en su favor, pero en la política tamaulipeca estos movimientos se leen con lupa. No es una práctica nueva: durante los años del PRI, la figura del “tapado” obligaba a los aspirantes a cuidar cada aparición, cada cercanía y cada gesto frente a quien finalmente tomaría la decisión.
Morena cambió nombres, reglas y formas, pero algunas costumbres de la política mexicana siguen reconocibles. Ahora existen encuestas y procesos internos, aunque quienes buscan una candidatura saben que también pesan las relaciones, la presencia territorial, los acuerdos y la opinión que se forme en el centro del poder. Por eso tuvo eco la fotografía que Gómez Leal difundió el martes junto al gobernador Américo Villarreal en Palacio de Gobierno, presentada como una muestra de lealtad y compromiso con Tamaulipas y Morena, pero suficiente para reactivar las versiones sobre una eventual candidatura masculina.
La lectura inevitablemente alcanza a Carmen Lilia Canturosas y Olga Sosa, quienes desde hace meses aparecen entre los nombres más mencionados para la sucesión, mientras otros personajes buscan abrirse espacio conforme avanza el calendario. Todavía falta mucho para las definiciones y sería aventurado dar por resuelto un proceso que apenas comienza, pero la intensidad con la que se mueven los aspirantes permite advertir que nadie quiere llegar tarde cuando empiecen las decisiones importantes.
Por eso vale la pena regresar a aquella fotografía del cumpleaños de Lalo Gattás, donde todos sonríen y por unas horas parecen formar una familia política sin pleitos ni agravios. La imagen cumplió su propósito y dejó constancia de una unidad que, al menos frente a las cámaras, todavía puede construirse. Lo que ocurra después dependerá de cómo se acomoden las candidaturas, porque detrás de las cortesías siguen intactas las aspiraciones y cada uno conoce perfectamente quiénes son sus aliados y quiénes pueden terminar siendo sus adversarios. Esa es, por ahora, la verdadera víspera del trueno.




