1 septiembre, 2026

1 septiembre, 2026

Madrugan para vender aguas… y convertir cada vaso en ayuda

Detrás de esas cinco horas de trabajo hay una preparación que inicia mucho antes, porque cada vaso que se sirve tiene un objetivo que va más allá de obtener una ganancia
Facebook
X
WhatsApp

Por Raúl López García
Expreso-La Razón

CIUDAD VICTORIA, TAMAULIPAS.- Mientras muchos buscan una bebida fría para soportar las altas temperaturas, en el cruce del 28 Guerrero hay un pequeño puesto donde un vaso de agua cuesta 25 pesos, pero para quienes trabajan detrás de él puede significar mucho más: una despensa, un medicamento o una ayuda para alguien que atraviesa una necesidad.

Desde temprano, quienes integran la Iglesia de Dios del Séptimo Día comienzan la jornada. Madrugan para preparar las aguas, alistar los ingredientes y tener listos los sabores que después ofrecerán bajo el calor de Ciudad Victoria. Limón, melón, horchata y jamaica son parte del esfuerzo que realizan todos los días.

La venta comienza a las 10 de la mañana y se mantiene hasta las 3 de la tarde. Sin embargo, detrás de esas cinco horas de trabajo hay una preparación que inicia mucho antes, porque cada vaso que se sirve tiene un objetivo que va más allá de obtener una ganancia.

“Lo vendido es para hacer la obra del Señor”, explicó Blanca Lidia, integrante de esta comunidad religiosa. Pero la obra no se queda únicamente dentro de la iglesia: lo que recaudan busca llegar hasta las personas que necesitan apoyo.

“Si 100 pesos que sacamos para nosotros es mucho, porque con eso podemos ayudar a una persona que necesita alguna despensa, que necesita algún medicamento, que requiere de alguna ayuda”, expresó.

El puesto se encuentra en el 28 Guerrero, mientras que la congregación pertenece a la Iglesia de Dios del Séptimo Día, ubicada entre las calles 25 y 26 Guerrero. La iniciativa apenas tiene alrededor de un mes, pero existe la intención de mantenerla durante el resto del año.

Y cuando el calor dé paso a los días fríos, la ayuda continuará con nuevos sabores. Aguas frescas en verano y avena, chocolate, champurrado y biscuit cuando llegue el invierno, porque la intención es seguir transformando el trabajo diario en apoyo para quienes más lo necesitan.

“Un vaso de agua están cooperando para alguna despensa, para algún medicamento”, resumió Blanca Lidia al hacer la invitación a los victorenses.

Así, en una esquina de Ciudad Victoria, entre el ruido de los vehículos y el intenso calor, un grupo de personas madruga para preparar aguas frescas y salir a venderlas. Su ganancia, dicen, no se mide solamente en pesos: se mide en la posibilidad de tenderle la mano a alguien que necesita ayuda.

Porque a veces, detrás de un vaso de jamaica o de horchata, puede haber algo más que una bebida para quitar la sed. Puede haber una despensa sobre la mesa de una familia o un medicamento para quien no puede pagarlo. Y todo comienza con 25 pesos y un acto sencillo de solidaridad.

DESTACADAS