Por. Nora García
A la presidenta no le faltaron cifras este martes en Palacio Nacional: cerca de 300 invitados, honores a la bandera, un mensaje de poco más de una hora y un número para cada aplauso, con el estilo personal de gobernar que cada sexenio reinventa sin tocarle la liturgia; lo revelador del segundo informe de Claudia Sheinbaum no está en ninguno de esos datos sino en el lugar desde el que decidió medirlos.
Casi todo lo que dijo es verificable y casi todo es cierto, ahí no está el pleito, el pleito está en la base de comparación, porque quien elige el punto de partida elige también el tamaño de su logro, y ese hilo hay que jalarlo antes de aplaudir o de descalificar.
Vamos por partes, el 51% de reducción del homicidio doloso enfrenta el promedio diario de un solo mes, septiembre de 2024, el previo a la toma de posesión, 86.9 víctimas según el SESNSP, con el de otro mes suelto, julio de 2026, el más bajo de la administración con 42.5; si se comparan periodos iguales, enero a julio, la caída frente a 2025 es de 31%, y si se cuentan actas de defunción del INEGI y no carpetas de las fiscalías, 2025 cerró con 27,989 homicidios, 16.6% menos que 2024 y el nivel más bajo desde 2016.
Lo digo sin regateo, la baja es real y ningún sexenio reciente puede presumir algo parecido, y el discurso se guardó los dos datos que le dan escala: la brecha entre lo que reportan las fiscalías y lo que registra el INEGI creció a 14.9%, la mayor en una década, y el Registro Nacional de Personas Desaparecidas cerró 2025 con cerca de 13 mil personas que siguen sin aparecer, el mismo máximo de 2024; menos asesinatos y las mismas desapariciones son dos curvas que no se explican solas, y la madre que camina el monte con una varilla no cabe en ningún promedio diario.
En economía se usa el mismo procedimiento, el PIB creció 1.4% en el segundo trimestre, cierto, pero después de caer 0.6% en el primero, así que el semestre apenas avanza 1.1% anual y la manufactura retrocede 0.4%; la inversión extranjera récord de 34,968 millones de dólares se anunció como 12% mayor que en 2024, cuando frente a 2025 el aumento es de 2.1%, y 88.5% de ese dinero son utilidades reinvertidas por empresas que ya estaban aquí, las inversiones nuevas apenas llegan a 7.8%.
Basta correr el punto de partida unos años atrás para que el 1.4% pierda brillo: la Cepal proyectó en agosto que México, tras crecer 0.5% en 2025, avanzará 1.3% este año y 1.9% el próximo, por debajo del 2.2% y 2.5% que espera para América Latina, y con esas cifras 2019 a 2027 quedará como nueve años a un ritmo cercano a 1% anual, lo que el organismo llama trampa de baja capacidad para crecer, poca inversión, productividad estancada e informalidad que ya es causa y no solo consecuencia.
La inflación de 3.26% en la primera quincena de agosto es un dato limpio, pero la subyacente, la que mide lo que de verdad se encarece, va en 3.93%, y la general baja porque la no subyacente marca 0.96%, con la gasolina regular contenida debajo de 24 pesos por los estímulos al IEPS y por el acuerdo con los gasolineros que se renovó el lunes hasta febrero de 2027; la propia Sener admite que sin estímulos el litro costaría 27.20 pesos, así que la estabilidad presumida tiene un costo fiscal que el informe no cuantificó y se paga por otra ventanilla, la del presupuesto.
La «primavera laboral» tiene sustento, el salario mínimo acumula, según el propio informe, 154% real desde 2018 y el salario promedio de cotización ronda los 20 mil pesos, pero la pobreza laboral que se anunció en mínimo histórico tocó ese piso en el primer trimestre, 30.7%, y en el segundo repuntó a 31.9%; la ocupación en el sector informal subió a 30.2%, la más alta desde que existe la serie, más de nueve de cada diez empleos creados en el trimestre fueron informales, y en la frontera tamaulipeca ese cuadro se lee con el arancel de 25% a los autos y de 50% al acero y con la industria de transformación perdiendo 0.7% de sus plazas en el IMSS.
Aquí está lo fino, las finanzas públicas: «hemos cuidado cada peso», 149 mil millones más de recaudación, 200 mil millones menos de gasto corriente, todo cierto, pero el déficit amplio cerró 2025 en 4.8% del PIB con los apoyos a Pemex incluidos, cuando la meta era 3.9%, la deuda, según Hacienda, terminará este año en 54.7% del PIB y el próximo en 55%, y la reducción del pasivo de Pemex a 77,500 millones de dólares se logró con más de 50 mil millones de dólares de apoyos del erario en dos años, según cálculo de Bloomberg; la deuda no desapareció, cambió de domicilio, y Moody’s y Fitch mantienen al país en el último escalón del grado de inversión.
Contar es decidir qué se cuenta y desde cuándo, y por eso la estética del informe es la acumulación, 63 mil detenidos, 2,700 laboratorios, 20,377 obras, 2,226 canchas, 104 mil kilómetros por aire y tierra, 2.6 vueltas a la Tierra, el número como adorno y como prueba de que la presidenta estuvo ahí, una legitimidad de kilómetro recorrido que ahora se prolongará en una gira por 32 estados y un mitin en el Zócalo, a nueve meses de que se renueven la Cámara de Diputados y 17 gubernaturas.
Hay frases que solo se dicen cuando hacen falta y «aquí no hay divisiones ni rompimientos» es una de ellas, como también «cooperación sin subordinación», pronunciada el mismo año en que el operativo contra El Mencho usó inteligencia estadounidense y Washington se negó a extender el T-MEC y lo volvió examen anual hasta 2036; y está el reparto, 42.8 millones de derechohabientes y un billón de pesos, que la presidenta llama derechos y no concesiones, una diferencia que se dirime en el presupuesto, no en el aplauso.
Un informe debería explicar qué mide y contra qué, admitir lo que no salió y ponerle precio a lo que presume, y en eso este quedó corto; el año que viene se juega en tres cifras que no se dijeron, el 3.5% de déficit al que Hacienda se comprometió para 2027, el 55% de deuda y el 1.8% de crecimiento que esperan los analistas frente al rango oficial de 1.9% a 2.9%, y en una palabra que sí se dijo, «paulatina», que en el paquete anterior ya significó mover la meta de consolidación de 2027 a 2028, del otro lado de las urnas.
El punto de partida ya lo eligió la presidenta; el punto de llegada lo fijarán el paquete del 8 de septiembre, la mesa del T-MEC y el bolsillo de quienes no salieron en el informe.




