Dice Mercedes del Carmen Guillén Vicente que la maestra Magdalena Peraza de unirá a su campaña por la diputación federal. Este acuerdo podría significarle ayuda a Paloma en un distrito donde el PRI ha perdido en las elecciones federales y municipales.
Ahora mismo este distrito tiene la diputación federal en manos panistas, los mismos que arroparon a Magdalena cuando decidió irse con sus maletas a otro partido que la hiciera alcaldesa, objetivo que una vez logrado y terminada la administración, sin más preámbulo se regresa al PRI.
¿Pues qué juego es ese?
La ex alcadesa priísta revestida de panista se va tranquilamente a su partido original y ahora Guillén Vicente la ve como una aliada para ganarle al PAN en junio.
Esos cambios partidistas cómo sentarán a quienes votaron por la maestra porque le dio al PAN una alcaldía, la traición cómo se procesará por los electores.
Esa incorporación será benéfica para Paloma, quién sabe.
Ella misma tendría que hacer los acuerdos sin usar intermediarios, después de todo Paloma nunca ha ocultado su interés por la gubernatura y como dice un priísta conocedor, si sabe vender bien su candidatura a la diputación federal le podría significar empezar a hilar fino para el 2016.
En tanto todo eso sucede, habrá que esperar qué le puede significar a Paloma que Magdalena esté con ella.
Tal vez aquí aplique la frase de un ex gobernador «yo ayudo a mis amigos, pero no tengo la culpa de que ellos sean tontos».
Porque si Magdalena traicionó dos veces, el camino ya lo conoce, una tercera no le resultará mayor esfuerzo, y entonces dónde se quedará la amistad entre estas dos mujeres políticas tamaulipecas.
ENDOGAMIA POLÍTICA TAMAULIPECA
La intención del papá de la alcaldesa matamorense, Leticia Salazar, de ser candidato a la diputación federal llevando como suplente al papá del funcionario que fue encarcelado por delitos fiscales, muestra que en Tamaulipas la política es cosa familiar.
Los puestos más importantes en la administración estatal y en los municipios son ocupados por personas que, o llevan añísimos incrustados en la nómina oficial o son miembros de un puñado de familias que se van rolando en los cargos, de los abuelos a los nietos, sobrinos y así sucesivamente.
Este proceso que vive Tamaulipas desde tiempos inmemoriales le llamaría Charles Darwin, el padre de la evolución, endogamia, donde los miembros de un mismo tronco familiar se van casando entre sí y al final lo que produce son elementos enfermos.
Este proceso de descomposición es lo que tiene a Tamaulipas en estas condiciones.
Los cuadros políticos son pobres, es una especie de monarquía política, donde los herederos son la misma familia, los mismos vicios, las mismas limitaciones, que sumen a la entidad en un caldo de cultivo que no le permite progresar, desarrollarse y darle mejores condiciones de vida a su población.
No quiero en esta columna mencionar los nombres de esas familias, sólo es cuestión de revisar los periódicos de las últimas décadas y ahí están, son fácilmente identificables.
Así como la endogamia en biología produce monstruos, algo similar sucede en la endogamia política. Y este comportamiento se identifica en todos los partidos, desde el PRI hasta el PAN, pasando por el PRD y Movimiento Ciudadano.
Me pregunto, ¿es qué no hay en una población que rebasa los tres millones de habitantes otras opciones que saquen al estado del bache donde ha permanecido por años?
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