1 abril, 2026

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«La caballada flaca»

Diagnóstico político
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1. La batalla actual por las diputaciones federales, en la que ya están enfrentados los principales partidos políticos, nos hace recordar el calificativo de «Caballada Flaca», con que en ocasiones califican a los candidatos durante las disputas verbales de las campañas.

2. Durante los largos años del Porfiriato, cuando se aproximaba el cambio de Gobernador en algún estado, el presidente, don Porfirio Díaz les decía a sus amigos: «no me alboroten la caballada». Así fue como empezó a mencionarse al caballo como símbolo de competencia política por los cargos públicos.

3. El caballo ha estado ligado a todos los movimientos políticos y militares que desde 1919 han ocurrido en el país. Todos los presidentes de la República, de Francisco I. Madero a José López Portillo, montaron a caballo. Miguel de la Madrid fue la excepción por su delicada manera de ser, pero se aventaba sus caballitos de tequila, y Carlos Salinas de Gortari siempre montó caballos prestados, regalados o secuestrados por su hermano Raúl.

4. En el mensaje, que a modo de entrevista se difundió el primero de diciembre de 1980, el presidente José Portillo habló de su gusto por los caballos y de cómo suele dibujarlos en tanto transcurren las reuniones de trabajo a los actos públicos prolongados. López Portillo presumía sobre su cuadra de caballos y montaba a la inglesa con casaca roja y toda la cosa.

5. El caballo es la figura importante en el sentimiento nacional y no son pocas las canciones populares en las que es parte central. «Caballo prieto azabache, cómo olvidar si te debo la vida…», «no tuvo tiempo de montar en su caballo». Ilustran sentimientos populares y siguen siendo elocuentes cantares de los políticos oficiales.

6. Y qué decir de los mil dichos o refranes en los que el caballo es esencia de victoria, de derrota o agradecimiento. «Viene montado en caballo de hacienda», «caer entre las patas de los caballos», «o a caballo dado no se le ve colmillo», «el caballo de la hacienda sólo al patrón se le ensilla».

7. Lo malo del deporte ecuestre político es que a veces se abusa de los «caballazos», los piales y las manganas, y se olvida que la caballerosidad es ante todo cortesía. Las yeguas también andan alborotadas y ya pescaron la mitad de las diputaciones federales, como quien dice: «ya estarán güeras ladinas, ni que perfumaran tanto».

8. Los piales y las manganas están a la orden del día, y los potrillos olvidados relinchan y exigen su lugar en la pista. No entienden que no hay lugar, y se avientan iracundos contra los jueces de la carrera, queriendo sacar a alguno de los caballos estelares. ¡Así anda la caballada flaca!.

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