CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- La Doctora María de los Ángeles Valdés Ramírez se emociona hasta las lágrimas, al saber que Tamaulipas le otorgará el próximo viernes la presea Luis García de Arellano en el Congreso del Estado.
Está más emocionada que en las cuatro ocasiones anteriores en las cuales recibió reconocimientos de los presidentes de México…
“No sé quién me propuso, pero quiero saberlo para agradecerle, porque esta medalla es para mis padres, que me permitieron hacer lo que yo quería, que me enseñaron la lealtad por Tamaulipas”.
Su voz refleja la emoción… sus padres ya no están en la tierra, pero regresar a la entidad con tal distinción, llena de gozo a la investigadora.
Nació en Matamoros, Tamaulipas (1938), es Bióloga por la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cursó estudios sobre las ciencias del suelo en Francia y obtuvo el Doctorado en Ciencias por la Facultad de Ciencias de la Universidad del Caen, en Francia.
Su línea de investigación en el Instituto Politécnico Nacional está dirigida hacia la interacción de los microorganismos del suelo y las plantas y al hablar de ello, asegura, que poner en práctica sus investigaciones, el suelo en el planeta Tierra tiene una segunda oportunidad para generar los bosques que hoy se necesitan debido al impacto ambiental.
“Yo no recuerdo cómo se llamaba el barrio donde nací, pero sé que en aquella época no se acostumbraba ir al hospital para dar a luz, entonces nacimos en la casa. Era una casa muy modesta, mis padres no tenían dinero, pero eran muy amantes de los libros. Yo nací y crecí rodeada de libros, con ellos aprendí muchas cosas, como lo que eran los bosques, yo me he dedicado mucho al trabajo de bosques, porque veía en mi entorno, en Matamoros un terreno árido, veía la falta de los árboles y comencé a amar los árboles”, dice al recordar los primeros años de vida en la frontera tamaulipeca.
Sus padres, ambos maestros y de pensamiento progresista, no pusieron en casa límites de género y en el trascurrir de su vida profesional tampoco se permitió creer las limitantes que la sociedad impone a las mujeres.
“Crecí y estudié hasta la Preparatoria en Matamoros y me fui a México para estudiar los problemas del suelo y toda la vida pensando en mi Matamoros querido y aportar algo para que los árboles crecieran bien sin necesidad de fertilizantes ni pesticidas y como dijo Leonardo Da Vinci, ´primero, antes de mi mejor diseño, volteé a ver la naturaleza´… Hice muchas investigaciones y al regresar de Francia encontré al Doctor Alfredo Sánchez Marroquín, un tamaulipeco que junto a su alumno, Carlos Casas Campillo, ya trabajan en México sobre microbios de suelo asociados a las plantas, para beneficio de las plantas”.
En Matamoros no ha tenido la oportunidad de sembrar árboles, pero sí lo hizo en el Estado de México, en el bosque Tepetlaoxtoc, una región donde había una necesidad de árboles para detener la polvareda y arena que llegaba a la Ciudad de México y que ocasionaba problemas en el Aeropuerto a principios de la década de los ochenta.
“En esa parte me dieron oportunidad de trabajar y yo hice un bosque, con la tecnología que desarrollamos en el Laboratorio, se trata de inocular con microorganismos del suelo benéficos a las plantitas que están en el vivero, hasta que llegan al campo. Ese trabajo de investigación lo publicamos en una revista extranjera y gracias a esa tecnología a México se vino una empresa a vender microorganismos benéficos para las plantas”. El trabajo de esta investigadora es potenciar la forma natural en que crecen las plantas y la naturaleza a dotado de estos microorganismos.
“Este trabajo recibió el premio de la academia y fue patrocinado por Suecia a través de International Foundation for Science, la publicación del trabajo se realizó en 1986 y en la actualidad el bosque está bellísimo, creo que fue a principios de los ochenta cuando hicimos ese bosque, medí la sobrevivencia, el crecimiento y también trataron de quemarlos hace dos años, me quejé pero nunca me respondieron”.
Fue pionera en su tiempo, su educación no encontró límites, porque en casa todos eran seres humanos, con diferencias anatómicas y fisiológicas, pero todos iguales.
“La estructura social mexicana ha diseñado actividades para hombres y para mujeres. Como yo he sido una rebelde matamorense, no me importó que no hubiera mujeres en esa área y me metí a estudiar esa área, donde ahora trabajamos. Mis padres siempre decían: “Haz lo que quieras, siempre tuve el apoyo de ellos toda la vida y este premio es para ellos, porque me dieron la oportunidad de hacer lo que yo quería, de trabajar en el área que yo deseaba. Ellos eran muy apegados al terruño, por eso digo que para ellos hubiera sido muy maravilloso darse cuenta que mi tierra reconoce mi esfuerzo. Mi padre escribía mucho para una revista de allá y encontré un artículo que se llama “Lealtad Tamaulipeca”, y se refiere a la lealtad del General Manuel González hacia su estado”.
Al llegar a la Facultad encontró más mujeres ocupando un espacio en la Facultad, cinco de ellas trabajaron en temas del suelo y de toda esa generación sólo la Doctora María de los Ángeles mantiene un espacio dedicado a la investigación del suelo y las plantas.
“Sólo yo me puse a trabajar en cosas que en esa época se consideraba actividades de los hombres, por fortuna, yo no tuve dificultades de género y cuando me fui a Francia, quizá porque era la única mujer siempre me consintieron, siempre me apoyaron. Cuando regresé a México, a ellos les sorprendía que yo estuviera dentro de esas investigaciones y me apoyaron, así que yo no me puedo quejar de que fui discriminada como mujer, aunque yo sé que es la estructura familiar y social la que ha creado esos estereotipos en los que yo no estoy de acuerdo y que hay muchas mujeres que le hacen caso. Es triste que las mujeres no se revelen ante esa estructura familiar y social de los estereotipos, con actividades de hombres y mujeres, no debemos por ningún motivo aceptar eso, no sólo en nuestra sociedad sino en muchas otras, porque en los países europeos aún hay mujeres caminando atrás de los hombres”.
La esencia rebelde de esta conquistadora parece moldearse a la par del contexto histórico, pues en Francia en 1968 se gestaba el movimiento estudiantil que recorrería el mundo y que tocaría a México en octubre de ese mismo año.
“La presentación de la tesis doctoral la hice en condiciones muy difíciles, porque fue en el 68, la Universidad estaba cerrada y yo me presenté a una Asamblea y les dije: ´yo vine a titularme y no me quiero regresar sin mí título, entonces abrieron un auditorio para que yo presentara mi examen doctoral”.
Todo había comenzado en Marzo de 1968, el paro fue nacional ni siquiera las gasolineras estaban abiertas, recuerda la Doctora María de los Ángeles.
Como extranjera no podía participar, pero en México sí vivió de cerca una hecatombe social.
“Regreso a México y frente a mi escuela estaba el Maestro Gutiérrez Vázquez, que encabezaba los movimientos de la escuela, de la misma forma que Barros Sierra, encabezó la marcha del silencio en la UNAM, fue una situación extraordinaria donde la gente y los muchachos tenían ideología, en la actualidad todos los que se andan moviendo en estos mitotes no saben ni siquiera lo que es la ideología, esa es la gran diferencia entre el 68 en México y los muchachitos alborotados en el Politécnico y en aquella época la gente se movía por ideología. Mis padres tenían pensamientos progresistas y liberales y lo aprendí de ellos”.
Sus padres no le habían dejado una herencia económica, pero sí una herencia intelectual que absorbió de los libros que no sólo adornaban los estantes.
“También me casé con un abogado que tenía ideas muy diferentes a las mías, tuve dos hijos con él, me separé y como buen político nos dejó sin nada. Tuve que luchar mucho para sacar a mis hijos adelante y en realidad eso es mi mayor satisfacción. Ellos fueron el motor de mi vida. Los saqué adelante, los dos son muy exitosos en su carrera y los dos tienen premios a más corta edad que yo, me siento muy orgullosa de Carlos y Daniel, uno de ellos Director de Fotografía Cinematográfica y el otro es Compositor, los dos tienen Arieles, uno tiene un premio internacional y otro La Diosa de Plata, los dos son mi obra”, dice satisfecha.




