5 enero, 2026

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‘Nunca me sentí tan pobre’: Lolita

Doña Dolores, a sus 75 años, fue despojada de su casa por una deuda de 800 pesos a un pastor evangélico; hoy narra su Viacrucis, de estar en la calle

CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- Por doce años, doña Dolores Estrada Jaramillo, la mujer y su hijo que fueron desalojados de una vivienda que tiene dos cuartos y un baño, trabajó en la tienda Soriana empacando el mandado de miles de victorenses que hacían sus compras. Quizá pocos recuerden a esta mujer, madre soltera, hoy de 75 años.

Sus vecinos de la calle Tulum y Montealbán en la colonia México la rodean, la consuelan, le dan ánimos y le hablan de un verdadero abogado que por años ha ayudado a los desprotegidos. Lo hicieron desde el miércoles ocho, cuando llegó personal del Juzgado Primero de lo Penal a realizar el desalojo a las nueve de la mañana.

Ese día, pero ya por la noche, durmió en la calle. «Mire, nunca me sentí tan pobre», le dice al reportero.

Los vecinos se turnaron para velar el sueño de doña Dolores, si es que pudo dormir algo, porque el sufrimiento de perder su vivienda por acumular una deuda con intereses de 180 mil pesos que no era de ella, la llevó a otro sufrimiento: quedarse en la calle y sin un solo peso a sus 75 años.

 

¿Tiene otros familiares donde pueda quedarse?

«No, pues quién…?»

 

¿Cuántos hijos crió?

Levanta su brazo izquierdo y de su mano, aparece irónicamente la señal de Victoria, una «uve», que manifiesta tener dos hijos. Uno de ellos enfermo.

 

¿Por que dejó de ir a trabajar a Soriana?

«Tengo reumatismo y artritis, ya no puedo levantar las bolsas», platica con una voz baja, que revela su cansancio.

Doña Dolores está sentada en uno de sus sillones que pudieron salvarse; muchas de sus cosas siguen en la calle. Lo mismo que los vecinos. No la dejan sola, le dan comida, agua, café, lo que necesite.

 

¿Quién construyó su casa?

«Yo».

 

¿Cuánto tiempo se tardó?

«Uy… como quince años. Trabajé en muchas cosas para hacer esos dos cuartos y un baño, y tener mi casita, si se puede llamar casa, pero eran míos, yo no debo nada».

Su hijo Francisco Javier Barrón Estrada, está enfermo pero no esta aquí. «Llegamos desde 1985 a este lugar, no había agua, ni luz y con puros sacrificios construimos la casa, comprando poco material».

 

¿Qué pasó para haber llegado hasta aquí, doña Dolores?

«La verdad no sé, yo iba con los abogados y me preguntaban en dónde trabajaba, cuánto ganaba, cuánto tiempo tenía trabajando, y después salían con un: ‘es que no se puede hacer nada señora’, y pues uno no sabe de eso».

Ayer al mediodía, el Gobierno del Estado a través de la subsecretaria general de Gobierno, Guadalupe Flores Valdés, adelantaba que analizaría a detalle el caso jurídico que condujo al desalojo.

A la señora se le ofreció una vivienda del ITAVU para habitarla y tuviera un lugar seguro.

Hasta ayer en la tarde, las cosas seguían igual. Doña Lolita sigue sin su casa, la perdió, después de ser el aval de su hija, quien pidió 3 mil pesos prestados a su pastor evangélico Arturo Martínez Moctezuma en 2007.

La deuda se redujo, debía 800 pesos y para el 2009, doña Lolita debía 51 mil 700 pesos. El pastor vendió la deuda a Benito Román Cano, quien inició el juicio que terminó ganando y logrando el desalojo de una mujer de 75 años.

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