Sucedió a finales del mes de enero en el Auditorio del ex Tecnológico de Tampico.
Para ser más exacto, el evento fue el viernes 23 del primer mes de este año.
Ramiro Ramos Salinas expuso en ese recinto, ahora denominado Instituto de Ciencias Tecnológicas de Tampico, una conferencia llamada ‘Mi Visión del Sur de Tamaulipas’.
Se supone que era el primer acto de su ‘campaña’ 2016 en la zona sureña del estado y con el cual quería dejar un buen sabor de boca.
Sin embargo, las cosas no salieron como el Jefe de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado lo deseaba.
Para nada. Aquello fue un fiasco. Un fraude. Un engaño. Fue un auténtico resbalón en un día frío y nublado.
El ‘eventito’ no pintaba bien desde el arranque: a las 11 horas, cuando se suponía que debía comenzar, el auditorio lucía prácticamente vacío. La gente no llegaba y no se veía que fuera a llegar por ningún lado.
Veinte minutos después de la hora programada, llegaron docenas de estudiantes provenientes de otra escuela: el Instituto Tecnológico de Ciudad Madero. Claro, eran los típicos y tradicionales ‘acarreados’.
Como suele suceder con esos chavos que son trasladados en micros o autobuses a un acto político, no sabían a ciencia cierta a qué iban, o por qué se encontraban en el lugar.
Eso sí, el líder del grupo les comenzó a decir que cuando entrara el personaje principal de la conferencia se aventaran una estruendosa porra.
Y así sucedió: cuando apareció, retrasado -como siempre-, Ramiro Ramos Salinas, los estudiantes, al más puro estilo de aquellos porros -afortunadamente hoy liquidados de la universidad pública- de las décadas de los setentas o los ochentas, las porras se desataron. ‘Old fashion’, pues.
Así entró el Jefe de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado al auditorio del antiguo Tec de Tampico: al más puro estilo del arcaico régimen tricolor, algo que ya no se puede repetir en estos tiempos, pero que, lamentablemente, algunos nomás no lo entienden, ni menos comprenden.
El responsable de la organización de aquél ‘eventito’ de Ramiro Ramos Salinas fue el empresario venido a menos Oscar Genaro Hernández Zúñiga, un tipo que soñó con ser diputado y alcalde de la urbe petrolera, pero que fracasó cada vez que lo intentó.
Y así como Oscar Genaro Hernández fracasó en cada uno de sus proyectos políticos, así se resbaló con el ‘eventito’ de Ramiro Ramos Salinas, un líder congresista que debería cambiar de operadores, ya que personajes como Jorge Valdez -‘su perro de presa’- lo van a hundir sin remedio con sus planes futuristas.
Ahí está el caso de su amiguito, el diputadito de Altamira, Carlos ‘El Cachito’ Toral, quien le recomendó realizar la sesión ordinaria del Poder Legislativo estatal en el salón de los petroquímicos, una sede que resultó por demás incómoda para un evento solemne.
Vaya, el Jefe de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado (qué rimbombante se escucha) ni siquiera pudo realizar el pasado martes las sesiones de tres comisiones en un salón del Hotel Holiday Inn, y tuvo que recurrir al cuarto piso del edificio donde, de manera temporal, se instaló el Cabildo de Altamira.
Así pinta la campañita de Ramiro Ramos Salinas: ‘chiquitita’, pequeñita, una cosa insignificante, con operadores resucitados y que ya nadie quiere, totalmente ‘quemados’.
Pero, ese es el estilo de quien presume ser el jefe del congreso tamaulipeco. ¿Y así quiere ser candidato a gobernador? ¡¡¡Caray!!!
EL CANDIDATO DEL PANAL
José Luis Palomares Galván, candidato del Partido Nueva Alianza a la diputación federal por el Octavo Distrito, es un profesor que sabe que la tiene más que difícil para ganar la elección del próximo 7 de junio, pero como quiera le echa ganas y emprende sus caminatas vespertinas.
Ayer, por ejemplo, recorrió el sector de Infonavit Cañada y la Unidad Modelo, en el área norte de Tampico.
Lo que llama la atención del maestro es el tiempo que dedica para explicar su propuesta, en términos generales, a los ciudadanos, en particular, cuando es una familia la que sale a escucharlo.
De inmediato se nota que el aspirante del PANAL no es un político o, al menos, no es ‘el grillo’ tradicional, sino que es el maestro, el profesionista que salió de un salón de clases a pedir el voto y la confianza de la gente.
José Luis Palomares trae su brigada que hace ruido y es acompañado por su suplente, el joven Francisco Carpenter Vargas. Ellos, por lo menos, sudan la camiseta con sus recorridos. Ahí la llevan.




