Dudo que Jaime Rodríguez Calderón, «El Bronco», sea el mejor gobernador que pudiera tener Nuevo León. Pero claramente es un ejemplo más del sentimiento «antipolítica» que se expande por todo el país.
Ciertamente «El Bronco» está lejos de ser un cuadro que pudiera considerarse ciudadano. Fue un soldado del PRI durante décadas; bajo esas siglas alcanzó puestos públicos de importancia como la alcaldía de García, y una diputación federal.
Apenas hace dos, abandonó el partido para iniciar su camino hacia la gubernatura.
Es ahí donde se pone interesante su historia. De algún modo, Rodríguez Calderón consiguió borrarse la imagen de priísta, para situarse en una posición radicalmente distinta.
Se convirtió en una suerte de «antisistema» que ya le declaró la guerra al establecimento de las influyentes televisoras regiomontanas.
Y todo hace indicar que va ganando.
Su éxito sorpresivo sólo puede explicarse en el contexto histórico que vive el país.
Hoy como nunca, crece el desencanto de la ciudadanía con sus autoridades y todo lo que huela a política. Por eso, el discurso de un «ciudadano sin partido», por más artificial que pueda resultar, tiene en esta época muy buenas posibilidades de ser aceptado.
Más cuando dicho candidato resulta ser un producto fácilmente vendible, como «El Bronco», un tipo que no necesita de mayor aparato publicitario porque supo construirse a sí mismo como un personaje que genera simpatías entre los sectores sociales que más votos aportan en las elecciones.
Insisto, el fenómeno «Bronco» está íntimamente relacionado con la crisis de credibilidad que vive el sistema político mexicano, por eso deben tomarse en cuenta los pronósticos que auguran el surgimiento de más candidatos ciudadanos que puedan hacer -por lo menos- papeles dignos en sus contiendas.
En ese tenor, surge la pregunta inevitable: ¿se vislumbra en el panorama tamaulipeco la irrupción de un fenómeno de este calibre para el 2016?
El tiempo lo dirá, pero si alguien tiene la intención, ya va siendo hora de que asome la cabeza.
Gobernador de cinco años
Ya está planchado. Si nada extraño sucede en las dinámicas políticas de Tamaulipas durante las próximas semanas, el Congreso votará para que el próximo Gobernador dure cinco años en el poder, y en el 2021, la elección local se empareje con la federal.
Los próximos alcaldes también verían recortado su tiempo de gestión; durarían dos años en el poder, aunque con la posibilidad de reelegirse hasta por seis años.
Según la información que surge del Congreso es cuestión de semanas para que los diputados aprueben el nuevo Código Electoral, con modificaciones que deberán tomar en cuenta todos los que están proyectando su vida profesional durante los próximos diez años.




