29 enero, 2026

29 enero, 2026

Hablen con la verdad

Golpe a golpe

A las campañas proselitistas de los candidatos a diputados federales, les restan 18 días (incluido éste). Tiempo suficiente (todavía) para replantear su estrategia de atracción de votos. Pero no es con poses triunfalistas, ni recrudeciendo el descrédito entre sí mismos, como podrían ‘conquistar’ a los ciudadanos indecisos.

Tampoco es prometiendo solucionar las demandas poblacionales de servicios públicos, vivienda, alimentación, seguridad, empleo y salud, por lo menos, en aras de ganar simpatías, pues el conglomerado social sabe que ya incrustados en el poder incumplirían su oferta.

Obviamente, el grueso de los abanderados no aceptan esto (frente a los potenciales electores); pero tampoco dicen que su quehacer allá en el Palacio Legislativo de San Lázaro es: elaborar, discutir y/o aprobar leyes; vigilar las actividades del jefe del Ejecutivo Federal; y ocasionalmente ser gestores para solucionar los problemas que aquejan a quienes habitan el distrito que pretenden representar.

De ahí que la sociedad muestre hartazgo y poco haya participado en las campañas, hasta ahora, según he observado en los ocho distritos que conforman la geografía político-electoral de Tamaulipas, aunque los fines de semana se registre más movimiento (juvenil, sobre todo).

Esto me lleva a deducir que la votación del siete de junio próximo, en comparación con la del 2012, sería menor, pese a que el padrón (estatal) del 2015 haya aumentado.

Hace tres años los ciudadanos con derecho a votar fueron 2 millones 618 mil 768; y esta vez suman 2 millones 627 mil 479.

Pero Usted bien sabe que el abstencionismo suele incrementarse en los procesos electorales intermedios.

Además debe tomarse en cuenta que el grueso de los candidatos no hablan con la verdad.

Es decir, mienten al mostrarse como la panacea que alivie los males que, por culpa de los gobernantes, padecemos los cerca de 120 millones de mexicanos.

Y eso ahuyenta al electorado.

Ellos, en su discurso de campaña, ofrecen acabar con el desempleo, la inseguridad, la corrupción y la pobreza; bajar los impuestos y aumentar salarios; mejorar los servicios de salud y educación; promover el deporte; e impedir que los recursos energéticos sean saqueados por extranjeros y grupos de interés ‘nacionales’.

Sin embargo esas promesas no podrían ser cumplidas con un simple decreto –en el entendido de que los integrantes de la LXIII Legislatura se pudieran de acuerdo–, pues más que reformar las leyes y reglamentos, a diestra y siniestra, hace falta voluntad para aplicar los cambios.

En fin, la credibilidad de cada candidato se medirá en las urnas.

Ya sea a través del abstencionismo o de los votos de castigo, duros, nulos y/o libres.

Analicemos en qué consisten.

Voto de castigo

Además de la abstención –uno de los cánceres que más daño hacen a la democracia–, en la jornada comicial del siete de junio podría aumentar el voto de castigo contra los membretes tricolor y albiceleste favoreciendo a la mentada chiquillada.

Hacia el primero por haberse enquistado en el poder durante más de siete décadas; y multando al otro por las pifias de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa.

Esto en términos generales, pero en cada distrito en lo particular, por la opacidad mostrada por los actuales diputados federales en su ejercicio legislativo.

Me explico más a fondo:

El voto de castigo es el sufragio que se niega al partido, apoyado con anterioridad, a fin de condenar la mala gestión de quienes hoy levantan el dedo en la sede cameral.

Y se manifiesta votando a favor de otro adversario (aunque no gane), siendo computable a la hora de repartir las curules.

A eso le apuestan los candidatos que, sin hacer campaña, pretenden pescar a río revuelto.

Usted seguramente no los ubica –y no tiene ninguna obligación–, por lo que recomiendo que antes de cruzar la boleta el siete de junio piense si es mejor votar por un malo conocido o por otro bueno por conocer.

Voto duro

También es conocido como corporativo.

Y suele llamarse así al voto emitido por los militantes y simpatizantes permanentes de un partido político –independientemente del candidato y los programas que éste ofrezca al electorado–, porque se identifican con sus colores e ideología.

Este tipo de voto es la base electoral, el apoyo más importante de los partidos y les proporciona estabilidad, al igual que al sistema político.

Igual se le considera voto inercial, ya que proviene de los ciudadanos que presentan una fuerte predisposición favorable hacia un determinado partido; y ésta se mantiene por encima de cualquier circunstancia.

Al respecto María de las Heras dice que esta predisposición depende de dos factores: “Uno funcional, relacionado con los canales que se establecen entre el partido y el elector para que éste reciba beneficios directos del partido… el otro… se refiere a los vínculos sociales que van generando los partidos y que se presentan ante el elector como una idea del grupo social cuyos intereses representa cada partido y, dado el caso, de los intereses a los que podría oponerse.

“Si la preferencia inercial es fuerte, difícilmente puede modificarse a corto plazo y los electores que la presentan tienen muy alta probabilidad de acudir a votar el día de la elección”.

De ahí que el voto duro sea un elemento básico a considerar en toda estrategia de campaña.

Voto nulo

En la urna, cada elector es libre de hacer con su boleta lo que le venga en gana –claro es que siempre y cuando no transgreda el marco legal–, pero cruzarla a favor de un candidato, es lo correcto; aunque igual es permitido no hacerlo y tacharla parcialmente, o, en su totalidad; plasmar con letra el nombre de otra persona, grupo, asociación, membrete o por quien quiera el emisor.

Hasta por animales.

No obstante el voto nulo es una intervención ciudadana mal realizada en cualquier proceso electoral –sea deliberado, o no–, igual que la apatía, contribuyendo a la elección de representantes populares de minoría, pese a que una vez en el poder éstos se autonombran de mayoría.

Según los estudiosos, varios son los fenómenos que aportan al voto anulado:

1) Incluir una papeleta no oficial o un documento electoral no oficial o equivocarse en la votación;

2) Introducir la boleta en otra casilla distinta a la que le corresponde;

3) Meter varias boletas de candidatos distintos para el mismo cargo, de modo tal que no pueda saberse por quién deseaba votar el elector;

4) Escribir fragmentos en las boletas, sin que nadie atine saber por quién deseaba votar el elector; y

5) Plasmar en las boletas palabras obscenas, marcas o tachaduras.

Lamentablemente, los votos nulos también cuentan.

Pronósticos estatales

Cada uno de los 83 candidatos que participan en el hándicap 2015, para elegir ocho diputados de mayoría relativa aquí en Tamaulipas, ya hizo su propia conjetura acerca de los escenarios a presentarse el siete de junio próximo.

Y obviamente todos coinciden en que ganarán la contienda.

Sin embargo la opinión pública tiene una percepción harto diferente, al considerar que nada más tres partidos tienen posibilidades (reales) de salir airosos.

Son: el Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN), y Movimiento Ciudadano (MC).

A los otros siete –PRD, PT, PVEM, Panal, PES, PH y Morena–, sólo les queda rezar para no perder su registro.

En cuanto a los triunfos que podría tener ya amarrados el tricolor, se habla de un solo distrito electoral: el sexto, con cabecera en El Mante; en el II (Reynosa), III (Río Bravo) y V (Victoria), la contienda es cerrada; y en las demarcaciones I (Nuevo Laredo), IV (Matamoros), VII (Madero) y VIII (Tampico), hay focos rojos, según (repito) lo aprecian quienes ocupan su tiempo en el análisis político.

El membrete albiceleste tiene posibilidades de ganar los distritos I, II, III, IV, VII y VIII –otra vez seis–, mientras el naranja pelea fuerte el quinto.

De cualquier forma no descarte las sorpresas, por aquello de que los ciudadanos frente a las urnas voten con razón y no con el hígado.

Panorama gubernamental

El siete de junio igual habrá comicios para elegir gobernadores en nueve entidades: Baja California Sur, Campeche, Colima, Guerrero, Michoacán, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí y Sonora.

Y, acorde con los pronósticos de quienes del tema sí saben, sólo en tres entidades ganaría el PRI: Guerrero, Sonora y Campeche.

Acción Nacional se alzaría con el triunfo en: Colima, Querétaro, San Luis Potosí y Baja California Sur.

O sea, ¡en cuatro de los nueve!

Michoacán sería para el partido del Sol Azteca.

En tanto que en Nuevo León gobernaría un político ‘independiente’.

Vayamos por partes:

a) El Revolucionario Institucional (PRI) ganaría Guerrero, con Héctor Antonio Astudillo Flores, porque (el panista) Jorge Camacho Peñaloza no ha crecido lo suficiente y la izquierda se mantiene dividida, desde que fue postulada Beatriz Mojica Morga (PRD).

b) En Sonora, también el tricolor lograría la gubernatura, con Claudia Pavlovich Arellano, pues el descrédito del gobernador (panista) Guillermo Padrés Elías es tanto, que arrastraría al precipicio al candidato albiceleste Javier Gándara Magaña, aunque él también fue acusado públicamente de enriquecimiento ilícito.

c) Campeche es otra entidad donde el PRI no tiene problema en la contienda de gobernador, lo que significa que su candidato, Rafael Alejandro Moreno Cárdenas, sepulte todo deseo de alternancia.

d) El PAN tiene todo para ganar la gubernatura de Colima con Jorge Luis Preciado Rodríguez, aun cuando es un bateador emergente, ya que el actual mandatario, Mario Anguiano Moreno, ha dejado crecer al crimen organizado, según dicen en la entidad; y porque el candidato priista José Ignacio Peralta Sánchez, igual es señalado de tener vínculos con grupos delincuenciales.

e) Querétaro también podría tener gobernador albiceleste (Francisco Domínguez Servién), pues el candidato tricolor (Roberto Loyola Vera) no ha logrado convencer al electorado por desarrollar una mala campaña; e incluso, el rechazo ciudadano obedece a su vínculo con el ex mandatario Roberto Loyola.

f) San Luis Potosí es otra entidad que el AN gobernaría (con Sonia Mendoza Díaz), ya que la sociedad está cansada de Fernando Toranzo Fernández –quien nunca la ha atendido–, y porque el candidato tricolor (Juan Manuel Carreras López) no ha penetrado en su ánimo.

g) Baja California Sur, según las encuestas, tendrá un gobernador de Acción Nacional (Carlos Mendoza Davis), en virtud a la grisácea campaña del priista Ricardo Barroso Agramont y porque el mandatario en funciones (Marcos Alberto Covarrubias Villaseñor) ha movilizado el aparato político estatal en su favor, además de haber dispuesto incuantificables recursos económicos para apoyarlo.

h) La gubernatura de Michoacán sería (otra vez) para el Partido de la Revolución Democrática (PRD), por el posicionamiento que tiene Silvano Aureoles Conejo, quien ha estado en campaña permanente desde el 2011 cuando fue derrotado; porque el gobierno (priista) de Fausto Vallejo Figueroa terminó en tragedia –hasta el grado de que varios de sus colaboradores han sido vinculados con el crimen organizado–; porque el propio Ascensión Orihuela Bárcenas, el candidato del PRI en la entidad, también ha sido investigado por presuntos vínculos con delincuentes; y porque la candidata del PAN, Luisa María Calderón Hinojosa, todavía está lejos del puntero.

i) En Nuevo León por vez primera en la historia la gubernatura sería para un candidato independiente: Jaime Rodríguez Calderón ‘El bronco’, aunque hasta el momento no hay nada claro, ya que la candidata priista, Ivonne Liliana Álvarez García, como el abanderado albiceleste, Felipe de Jesús Cantú Rodríguez, prácticamente están empatados.

Así es como andan las cosas en esas nueve entidades donde habrá elección de gobernador, ayuntamientos y diputados locales.

¡Vaya trabuco!

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