Desde hace algunas semanas se empezó a promover la serie Club de Cuervos, de la cual el viernes se lanzó la primera temporada; producción cien por ciento mexicana, serie original de la plataforma Netflix que nos habla de un tema que, le aseguro, usted se va a sentir plenamente identificado.
Resulta que existe un pueblo perdido en la geografía del norte del país que gracias a un equipo de fútbol logró ponerse en el mapa, ahí le llaman Nuevo Toledo, su equipo son los Cuervos FC.
Resulta que a mediados de los ochentas, una vez adquirido el equipo por un hombre que supo hacer lana, tuvieron un golpe de suerte para ascender al máximo circuito.
Resulta que después de treinta años, los Cuervos ya se hicieron de un nombre y detonaron el crecimiento de dicha ciudad.
La bronca es que el dueño, don Salvador Iglesias murió y los Cuervos tienen un dilema sobre su futuro: vender o que los hijos tomen la presidencia.
El gobernador interviene para apoyar en lo que se tenga qué hacer y resulta que dejan el equipo en manos del hijo, un junior que tiene al equipo como juguete, si bien quiere hacer cosas buenas la vive regando, pues no le gusta que le señalen sus errores y los hace más grandes.
En este caso la contraparte es su hermana, Isabel, que toda la vida ha crecido queriendo al equipo, una inteligencia que se borra cuando su hermano la saca de sus casillas pero le sabe al negocio y siempre está ahí para equilibrar la balanza.
A la par nos habla del trabajo de los medios, el impacto social del equipo y lo oscuro del mundo del fútbol, así como las personas, como tal, se equivocan, no con la intención de hacerlo, pero en efecto la riegan y lo que afecta al entorno cuando se trata de un equipo de fútbol.
A ver si no le llegan facturas cobrando derechos de autor a esta serie que, por experiencia personal, creo que la realidad supera a la ficción.
Espero que pronto tenga oportunidad de verla y recuerde: cualquier parecido con la realidad… es mera coincidencia.




