30 enero, 2026

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Confesionario

Cuentas mochas…

Confesionario

A la mitad del camino, que se ha hecho largo y sinuoso, ayer el presidente Enrique Peña Nieto rindió su tercer informe de gobierno, que bien pudo haber sido el recuento de los daños, el recuento de un año para olvidar, de un saldo negativo que no pudo ser matizado por un discurso triunfalista, apenas con una pizca de autocrítica.

Así es mis queridos boes, el de ayer fue un evento en el que no se les llamó a las cosas por su nombre, plagado de lugares comunes, referencias generalizadas y compromisos vagos que no pintan mejor al cuarto año de la administración tricolor.

De escenografía nacional para el tercer informe de Peña Nieto tendría que ponerse la gráfica o las gráficas que indican la popularidad del mandatario y que indican que está en su nivel más bajo, el nivel más bajo incluso para cualquier presidente en la historia moderna del país.

El Pew Center con sede en Washigton ha publicado que siete de cada diez mexicanos está insatisfecho con el rumbo del país, con como se maneja pues.

Tal vez por eso la pizca de autocrítica de la que hablaba de Peña Nieto cuando en el informe dijo: «Quiero hablarles de lo que nos molesta y perturba como sociedad, de lo que nos afecta y nos preocupa como mexicanos», señaló.

«El último año ha sido difícil para México, nuestro país se vio profundamente lastimado por una serie de casos y sucesos lamentables. Los hechos ocurridos en Iguala o la fuga de un penal de alta seguridad nos recuerdan situaciones de violencia, crimen o debilidad del estado de derecho. Señalamientos de conflictos de interés que incluso involucran al titular del Ejecutivo (a él), así como denuncias de corrupción en los órdenes federal, estatal y municipal, y en algunos casos en el ámbito privado, han generado molestia e indignación en la sociedad mexicana».

Lo que Peña Nieto matizó en estos párrafos fue la matanza de los 43 normalistas de Ayotzinapa que le sigue dando la vuelta al mundo y por lo que su gobierno ha sido señalado en todo el orbe.

Entre líneas quiso decir que el narcotraficante más poderoso del mundo El Chapo Guzmán se les escapó del ‘penal de máxima seguridad’ del Altiplano y cuando dijo de los conflictos de intereses debió decir el escándalo de la Casa Blanca de su esposa Angélica Rivera vendida a precio de ganga y en abonos sin intereses por el constructor favorito de su gobierno.

Y sí, EPN tiene razón cuando dice que estos temas lastiman el ánimo de los mexicanos y la confianza en las instituciones: «A este ambiente se suma ahora la preocupación de las familias por el futuro de la economía», reconoció.

«México enfrenta una situación de desconfianza en lo interno e incertidumbre en lo externo».

Hizo falta pues más autocrítica como para reconocer que en la gestión que llega a la mitad del camino el número de pobres se ha incrementado en dos millones, pasando de 53.3 millones a 55.3 millones, según cifras del INEGI entre el 2013 y 2015.

Pudo haber dicho que en su gestión van 57 mil 410 ejecuciones, de acuerdo con cifras del Sistema Nacional de Seguridad, lo que refleja junto con los 12 mil desaparecidos desde el 2013 que la inseguridad sigue galopante en el país.

A la mitad del camino el gobierno peñista ya lleva tres comisionados nacionales de seguridad, dos procuradores, dos secretarios de desarrollo social, dos cancilleres.
Tal vez hubiera sido oportuno decir que la deuda del país está en niveles también históricos en unos 6 billones 229 mil 177 millones de dólares.

También a la mitad del camino este gobierno tiene a los dos funcionarios de mayor rango luego del presidente: Miguel Ángel Osorio Chong y Luis Videgaray con una loza harto pesada sobre sus hombros y la percepción de que han fallado en el encargo, uno en Gobernación y el otro en Hacienda.

A la mitad del camino, EPN lanza un decálogo que pretende una especie de borrón y cuenta nueva, que nos regrese la confianza entre ciudadanos y gobierno, que ponga un alto a la corrupción, que estreche la brecha de las desigualdades entre el norte y el occidente del país con el sur, que aliente la educación de calidad, que genere nuevos empleos y empresas.

Son buenos deseos, son excelentes propósitos, son de hecho las mismas propuestas de la campaña, los mismos compromisos al asumir el gobierno, sólo que dichos con otras palabras.

Como sea, ojalá se cumpla el decálogo, porque desear que le siga yendo mal a Peña Nieto es un despropósito, porque cuando él estornuda el país sufre tremendo catarro, porque los platos que él rompe los pagamos usted y yo.

En fin, pasó lo que queda del día del presidente, ahora sigue la función en el Congreso federal donde los diputados harán como que analizan el contenido del informe, pero lo que en realidad ocurrirá es que los del PRI defenderán a capa y espada lo que para ellos es una gestión exitosa, el PAN y las izquierdas se lanzarán con todo, pero sin ton ni son a cuestionar, todo ello sin consecuencias, es la parodia de la política mexicana que entre en escena cada año.

Comentarios: meliton-garcia@hotmail.com
Twitter: @melitong

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