Y como siempre se negocia con premura el Presupuesto de Egresos
Es deshonesto pero real, el chaqueteo político en etapas electorales
Tricolor está obligado a incluir a todos los grupos de interés (locales)
La deuda pública de Tampico, es grande; y quieren más empréstitos
El Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio 2016, es el tema principal que se discute en el Palacio Legislativo de San Lázaro, pues a más tardar el 15 de noviembre (próximo) los diputados deben dictaminarlo en sesión plenaria.
Y cobra mayor relevancia porque los 31 gobernadores y el jefe de Gobierno del Distrito Federal ya presentaron, formalmente, su solicitud de asignación de recursos, aunque no por ello tienda a ser agilizado el asunto que, cada año, suele diagnosticarse con premura.
Respecto a Tamaulipas, el coordinador del grupo parlamentario del tricolor, Edgardo Melhem Salinas, informa que la administración de Egidio Torre Cantú plantea una cifra superior a la que actualmente se ejerce, a fin de no afectar ninguno de los programas sociales y cumplir con las metas trazadas.
Es obvio que él, tanto como sus compañeros diputados, están en la misma frecuencia de sacar avante el proyecto.
Y más: cerrarle la puerta a los recortes presupuestales, como fue acordado en las reuniones que han sostenido con el mandatario.
Edgardo sostiene que el gobierno estatal fue el primero en remitir su solicitud a la Cámara baja, por lo que igual debiera ser la primera entidad a considerarse en la asignación de recursos.
Y así debiera ser, pues como se dice en el rancho: ‘el primero en tiempo, es primero en derecho’.
“Vamos a incrementar los apoyos que se tienen y buscar reglas de operación sencillas, mucho más accesibles, en comparación con las actuales –comenta–, y también cabildeamos para que el presupuesto federal se enfoque a cumplir con la oferta política de Enrique Peña Nieto”.
Esto confirma la fuerza del compromiso entre el Gobernador y los diputados federales.
Los escurrimientos
Sería deshonesto, desde cualquier punto de vista, que en el proceso electoral siete de los nueve partidos políticos (con registro oficial) buscaran complementar las fórmulas de candidatos con la pepena de priistas resentidos, como lo han hecho en justas anteriores para acceder a los ayuntamientos y al Congreso local.
Es decir, con los escurrimientos que pudieran emanar del tricolor, merced a la frustración de quienes fracasen en su intentona de lograr las nominaciones codiciadas, ya sea por el camino de unidad o de consulta a la base.
Obviamente hablo de los partidos Movimiento Ciudadano (MC), del Trabajo (PT), de la Revolución Democrática (PRD), Verde Ecologista de México (PVEM), Nueva Alianza (Panal), Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y Encuentro Social (PES).
En el caso de quienes usufructúan efectivamente las dirigencias de estos membretes y hacia el exterior, ya ofertan candidaturas. Y no podía esperarse menos, porque bajo su mandato las estructuras de esos partidos que integran la mentada ‘chiquillada’ han adolecido de trabajo político y sólo aparecen en la palestra en toda época electoral.
Fuera de esa coyuntura se la pasan en la güeva sin desarrollar ninguna otra actividad digna de tomarse en cuenta –aunque legal y moralmente estén obligados a mantener presencia constante con las bases que dicen representar–, hasta la víspera de otro proceso comicial.
Incluso, mientras llega el momento de animar la causa ciudadana con el propósito de capitalizar su participación en las urnas, los jerarcas y los escasas cuadros de esas organizaciones tampoco intentan arraigarse en el conglomerado social. Duermen el sueño de los benditos. Y si acaso realizan alguna gestión de beneficio colectivo, es porque los grupos que se echaron en sus manos los presionan hasta obligarlos a cumplir algo de lo que tanto prometieron cuando mendigaron su apoyo.
Los trepadores
Algunas organizaciones conocen a la perfección la movida a realizar durante la época de invernadero político. Acostumbran meter su cuchara en las discusiones de los temas o problemas en boga y hacer ruido, a fin de proyectar ante la población una imagen distinta a su verdadero ser.
Incluso hasta se muestran como individuos congruentes, aguerridos y defensores permanentes de las causas que abanderan.
Por ello no resulta extraño que esa mentada ‘chiquillada’ exhiba un marcado oportunismo a la hora de presentar trabajo. Es decir, cuando debe mostrar a propios y extraños sus
destacamentos y divisiones con los que aspiran alcanzar el triunfo electoral.
Sus jefes partidistas configuran planes y estrategias a partir de la fuerza de sus adversarios, cancelando así la posibilidad de brillar con luz propia y de ampliar el proyecto que defienden rumbo a la conquista del poder.
Bajo este entendido, tampoco es raro observar cómo al participar en un proceso electoral los guías partidistas tienden las redes esperanzados en atrapar peces grandes o pececillos, aunque estos no compartan su ideología, credo ni modo de hacer política.
De cualquier modo el plan a seguir tiene sustento en la búsqueda de alianzas interpartidistas. En la pepena. En los escurrimientos o rémoras que deja el partido grande, y, en menor medida, en la raquítica fuerza de que tanto hacen gala en el membrete albiceleste.
Rescate de cuadros
La cohesión que tanto requiere el PRI para enfrentar plenamente fortalecido el proceso electoral, en teoría es sencillo lograrla, pero en la práctica hay necesidad de emplearse a fondo e ir al rescate de los cuadros que hasta hoy se sienten marginados.
A ellos se les debe convencer mediante el diálogo permanente, abrirles espacios de activismo partidista e involucrarlos en un pacto político que debería sellar la gran familia revolucionaria, si acaso el interés común fuera ganar los 43 ayuntamientos y las 36 curules del Congreso local (uninominales y plurinominales).
De otro modo se correría el riesgo de que esos inconformes sean contaminados por otros militantes cuya indefinición ideológica salta a la vista y que la oposición trate de cooptarlos con el viejo cuento de hacerlos candidatos a las alcaldías y diputaciones en juego.
Lo más sencillo sería dejarlos marcharse. Pero no es lo adecuado y menos cuando hay quienes han dedicado años al partido y sólo piden se les tome en cuenta como activistas; reclaman la atención de sus dirigentes, o buscan participar abiertamente en un proceso interpartidista de selección de candidatos.
Por ahí debe empezar la tarea más importante del nuevo delegado del CEN, Fernando de las Fuentes Hernández, en su encomienda.
Sobre todo cuando todo buen dirigente expone la necesidad de fortalecer la unidad hacia dentro (del PRI) y la competitividad electoral hacia fuera.
Liderazgo a prueba
La conducción de cualquier partido político sólo puede tener éxito cuando se ejerce un liderazgo a toda prueba.
Es decir, cuando el dirigente en turno tiene como prioridad el fortalecimiento institucional, sin anteponer intereses personales o de grupo que puedan lesionar o fracturar al membrete en su conjunto.
De ahí que un líder auténtico se distinga por saber practicar una política incluyente, no exclusiva, permitiendo que en la estructura partidista participe cuanta corriente mantenga cierta presencia hacia su interior.
Esto viene a colación porque en los últimos días algunos grupos de interés locales –y también los arraigados en el centro del país, con cuestionable presencia en la entidad, por qué no decirlo–, se han enfrascado en luchas estériles en su intención de influir en el ánimo del presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) priista, Manlio Fabio Beltrones Rivera, sin tomar en cuenta que su obsesiva actitud, lejos de coadyuvar al fortalecimiento de la institución, provoca hondas fisuras que, de no atenderse a tiempo, podrían desencadenar mayor encono y divisionismo.
Y es aquí, precisamente, donde el dirigente tricolor está obligado a mostrar su sensibilidad.
Sobre todo incluyendo en la lista de prospectos a representantes de todos los grupos.
Es decir, sin adelantar vísperas, debiera aprovechar a los cuadros que anteponen la institucionalidad a la mezquindad unipersonal, aun cuando éstos no sean gente tan estrechamente ligada a él como lo serían otros.
Alcalde abusivo
La deuda millonaria del ayuntamiento de Tampico, es un asunto que amerita ser analizado profundamente, ya que no es adquiriendo créditos nuevos como se podría resarcir la crisis que enfrenta.
Y menos cuando el alcalde, Gustavo Adolfo Torres Salinas, como aval dejaría la recolección de más impuestos municipales en perjuicio de la economía popular.
Hasta hoy los habitantes de esa localidad sureña han cubierto las contribuciones que les cobra el ayuntamiento por conceptos diversos.
Pero en lo inmediato tendrían que desembolsar más dinero, pues sólo así podría financiarse y concretarse el proyecto de mercados.
Basta analizar someramente la propuesta que Torres Salinas de endeudar todavía más al ayuntamiento, para darnos cuenta de que toda cantidad recaudatoria le es insuficiente en su objetivo de sacarle sangre hasta a las piedras.
Si Usted, en los últimos días ha viajado a Tampico, seguramente se habrá dado cuenta que la ciudad luce abandonada prácticamente.
Sus calles y avenidas están desechas en el asfalto –y esto provoca accidentes–, hay basura acumulada por falta de servicio; la inseguridad está a la orden del día –se cometen delitos del fuero común en serie y en serio–, en la vía púbica pululan decenas de menesterosos a falta de una adecuada política social, y, lo peor, se tolera la venta indiscriminada de bebidas
alcohólicas durante las 24 horas, dando pie a que prevalezca la venta de otras sustancias y la prostitución se multiplique.
Eso lo saben y bien los habitantes del puerto jaibo.
Cafres al volante
Según las estadísticas que obran en poder de Tránsito municipal, en Victoria circulan diariamente alrededor de 180 mil vehículos automotores.
Es decir, uno por cada dos habitantes, sin contar con las unidades que de paso recorren la capital de Tamaulipas.
De ese parque vehicular menos del 50 por ciento ostenta matrículas y engomados y menos ha causado alta en la Oficina Fiscal, por lo que su situación además de irregular es ilícita.
Pero esto poco les importa a los cafres que conducen esos vehículos para aprender a manejar; maniobrar en estado de ebriedad; causar choques y huir; estacionarse en lugares prohibidos, sobre la banqueta o en los cajones exclusivos para minusválidos –quizá por estar atrofiados del cerebro–, y, en el menor de los casos, causar caos vial por ignorar las reglas de tránsito.
Para enfrentar el problema, bastaría renovar los cuadros de Tránsito municipal para operar una cruzada de revisión de documentos, donde podría intervenir no sólo el Cabildo, sino la actual legislatura, la Comisión Estatal de Derechos Humanos, una representación de periodistas y personal de la Procuraduría General de Justicia, a fin de que la ley se aplicase sin exclusividades ni exclusiones.
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