MATAMOROS, Tamaulipas.- Cansado de los reclamos que recibía por llegar borracho a casa, un tornero de Rinconada Las Brisas, asesinó de 18 cuchilladas a su concubina.
Arrepentido por lo cometido, el individuo le pidió perdón y al ver que ya era demasiado tarde, como ofrenda le colocó sobre el cadáver una cruz blanca y una fotografía de ellos y su bebé cuando aún eran felices.
EL CRIMEN
El sangriento crimen derivado por el alcohol y la ira que estremeció a los vecinos del sector, sucedió en la casa marcada con el número 43 de la calle San Hipólito.
En la sala de la vivienda y bocarriba estaba el cadáver ensangrentado de la víctima Verónica Herbert Romero, quien tenía 42 años, quien laboraba como telefonista del Gas Ideal de Matamoros.
Sobre el cuerpo estaba una cruz color blanca y una imagen donde aparecen la occisa, el homicida y el bebé que procrearon en los tres años que vivieron juntos y que fue de puro infierno.
La víctima tenía heridas en la espalda, brazos, rostro, cuello y en el tórax.
También estaba el responsable de este crimen, quien se identificó como Francisco Javier Sánchez Arévalo, de 38 años, quien a la llegada de las autoridades estaba limpiando la sangre.
CANSADO DE LA VIOLENCIA
El homicida, ante los elementos del grupo «Tornado» de la Policía, confesó que el problema comenzó cuando llegó tarde a casa y en estado de ebriedad.
La mujer empezó a reclamarle y después empezó a agredirlo.
Como ya estaba fastidiado que su concubina lo maltratara y le pusiera la mano encima cada vez que llegaba borracho, de la cocina tomó el puñal y se lo clavó infinidad de veces en el cuerpo hasta que la vio caer en la sala de la casa.
Luego que la vio agonizante y en medio de un impresionante charco de sangre le pidió perdón.
Ya era demasiado tarde, pues la indefensa mujer había fallecido al desangrarse por las heridas producidas con el cuchillo.
Después salió de su casa apresuradamente para pedir ayuda y para que le hablaran a los paramédicos.
Posteriormente volvió a entrar a su casa y se puso a limpiar la sangre.
Al poco tiempo llegaron los socorristas y cuando revisaron a la víctima comprobaron que ya estaba sin vida.
Por último, al ver que que había matado a su pareja, arrepentido por lo que hizo, tomó la fotografía y la puso sobre el cadáver al igual que una cruz blanca.
Minutos después llegaron los agentes de la Policía Ministerial al mando del comandante Omar Martínez, quienes se encargaron arrestar al asesino.
El responsable estaba llorando cuando lo aprehendieron y confesó paso a paso los motivos que tuvo para quitarle la vida a su pareja.
LAS HIJOS FUERON TESTIGOS
Cuando el tornero mató a puñaladas a la mujer, estaban presentes los hijos, una niña de 12 años, que sólo es hija de la occisa y otro menor de 1 años 6 meses, que solo era hijo del responsable. El menor lo procrearon en los 3 años que vivieron en unión libre.
La niña de 12 años, al ver lo que su padrastro había asesinado a su madre, traumada por lo que vivió, tomó en brazos al pequeño y salieron corriendo para dar aviso a sus familiares.
VECINOS OÍAN LOS GRITOS
Los vecinos de la pareja manifestaron a las autoridades que a diario escuchaban las constantes discusiones que tenían Verónica y Francisco Javier.
También tenían conocimiento que luego de los alegatos, en varias ocasiones llegaban a los golpes.
También señalan que la pareja, a consecuencia de las agresiones físicas y verbales ya se habían separado en varias ocasiones, pero Francisco Javier regresaba para buscarla y reconquistarla.
EL HOMICIDA
Por su parte, el responsable de este crimen, argumentó que su pareja en vida la daba muy malos tratos y hasta lo golpeaba.
Todo por que se iba de parranda con sus amigos y llegaba tarde a casa.
La noche del crimen, acepta que se tomó unas 10 cervezas.
Cuando llegó a su domicilio, lo primero que hizo la mujer es humillarlo y reclamarle su mal proceder.
Como andaba alcoholizado, esta vez el hombre le hizo frente a la mujer y ambos se agarraron a golpes.
Cegado por la ira que ella simple lo maltratara, corrió a la cocina, agarró el cuchillo y se lo clavó una y otra vez hasta que cayó el suelo.




