12 enero, 2026

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‘Juan’ Un héroe sin gloria

Lo que Juan vivió esa noche de julio de 2012 sólo se compara con una escena de alguna película de guerra: el estruendo de 2 bombazos le arrebató la vida a sus tres compañeros de guardia, y a él la tranquilidad que el miedo devoró

CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- 1 de 2 Partes. Detrás de un muro, el policía estatal “Juan” se baja el cierre y orina dentro de un botellón. De pronto escucha un estallido. Una onda expansiva lo agita; su arma sale volando y él cae al suelo. Se levanta lentamente y aturdido voltea a la calle. Ve un coche en llamas, busca a sus compañeros de seguridad.

El lunes 2 de julio, “Juan”, “Pedro”, “Ernesto” y “Francisco” fueron integrados a una guardia asignada a cuidar la casa de un funcionario. Ellos estuvieron pendientes dentro de la camioneta Tahoe blindada. Ya entrada la noche, a las 23:30 horas, escucharon una explosión, pero al estar en la unidad resguardada con placas de acero no hubo daños. “Has de cuenta que aquí estaba la camioneta y aquí tronó”, cuenta.

Los elementos reportaron el hecho y recibieron la orden de revisar el perímetro. Los cuatro hombres bajaron con precaución y se dispusieron a cuidar el área en busca de heridos. Con cautela se separaron en parejas para cubrir la zona. Se acercaron a los automóviles estacionados alrededor de la residencia. En el recorrido detectaron un auto con los vidrios abajo estacionado frente a la cochera, el cual no reconocían de antes.

Con cuidado, “Juan” y “Pedro” abordaron el carro. Buscaron algún objeto extraño. “Metimos la cabeza mi compañero que falleció y yo, y no se veía nada sospechoso en ese momento”, cuenta el único sobreviviente de 33 años. Ya más tranquilo, le pidió que lo cubriera y diera seguridad pues quería ir al baño. “Pedro” le cuidó la espalda a “Juan”, según marca el protocolo de seguridad.

“Juan” recién llegó al baño improvisado y ocurrió el segundo siniestro; la explosión se percibió kilómetros a la redonda, con una fumarola visible por toda la ciudad. La onda expansiva destrozó todas las ventanas y cristales del fraccionamiento. Él sintió un fuerte golpe en la espalda que lo arrojó a dos metros de distancia de donde estaba parado. Se levantó con un silbido en el oído, que dificultaba escuchar los gritos de auxilio de sus compañeros.

“Dicen que todos tenemos un ángel que te cuida, porque todo ese día anduve con muchas ganas de ir al baño a orinar. Estaba el cordón y una cochera y en esa un muro grandísimo y me protegí con el muro. Dios es grandísimo. Lo primero que hice cuando me recuperé de la explosión fue buscar a mis compañeros porque andábamos dando seguridad”, expresa “Juan” en entrevista dada en su casa.

Con una oscuridad total y con el riesgo de una tercer explosión, “Juan” buscó a sus compañeros. Los hombres gravemente heridos gritaban su nombre, pero éste no los podía ver, sólo les respondía “¡¿Dónde están?!”, mientras se guiaba por el sonido de las voces. Poco a poco encuentra a sus compañeros. Su mejor amigo “Pedro” yace muerto, “Ernesto”, el otro agente, agoniza con la ropa hecha cenizas. Al otro extremo del sitio, el cuarto elemento de la guardia, “Francisco” pide auxilio; no se puede mover.

El ex policía recuerda que “Francisco” estaba pesado, por lo que no pudo cargarlo, y al encontrarse solo no tuvo más remedio que arrastrarlo hasta un lugar seguro. El herido se quejaba por las quemaduras. “Lo dejé donde había un poquito más de seguridad ahí por la camioneta o más”, recuerda.

Después de asegurarse que su compañero estuviera seguro, regresó en busca de “Ernesto” quien se encontraba cerca del coche que explotó; zona en donde la visibilidad era nula por el humo que desprendía el vehículo. “Ayúdame, ayúdame!”, gritaba el hombre mientras su cuerpo era consumido por el fuego vivo. Al hacer uso de su entrenamiento “Juan” tomó su toalla para el sudor, se cubrió el rostro para evitar respirar el tóxico, hasta llegar al herido. Lo tomó de la mano para alejarlo de las llamas mientras lo arrastraba a un lugar seguro.

“Cuando lo iba sacando me di cuenta que iba arrastrando su pie”. En ese momento se dio cuenta que un metal desprendido por la explosión le desmembro parte de la pierna. Por lo que se encontraba en llamas y con riesgo a desangrarse.

A los pocos minutos llegaron los militares, dice “Juan”, aunque no recuerda con precisión los momentos posteriores.

“Eran militares porque traían camionetas de militares y me apoyaron a tapar a mi compañero con mi camisola. Me dijeron mira mójala porque aquí hay humo tóxico”.

¿La ayuda médica llegó al lugar?

Al parecer no querían entrar ni las ambulancias. Llegó la avanzada del gobierno y me dieron apoyo. Luego la ambulancia se los llevó. Yo ahí todo estresado me checó uno de la Cruz Roja y me dijo que me calmara que estaba apunto de dame un paro por el trauma.

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