26 marzo, 2026

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Ellas son mamás ‘de las de antes’

Victorenses recuerdan con cariño y nostalgia el momento en que supieron que la cigüeña visitaría sus hogares y relatan la espera con orgullo y dulzura, en un tiempo en que la maternidad era una experiencia de tiempo completo
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CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- Inician sus días a las cinco de la mañana, en ocasiones desveladas, trabajando horas extras en el hogar y fuera de el, las madres lo soportan todo porque aseguran que el amor que sienten por sus hijos es indescriptibe.

Y aunque el amor de madre en todas las épocas es intenso, existen contrastes entre las madres de ayer que vivían en el hogar, apegadas al marido y a los niños.

Madres que hicieron croche, que adornaron el moisés y las que hornearon cada uno de los pasteles de cumpleaños para los niños, incluídos los disfraces.

Pero esas mujeres hacendosas son las mismas que en ocasiones tuvieron que bajar revoluciones o subirlas cuando cuidaron con la enfermedad más grave de sus hijos.

Un hijo no quita el tiempo para trabajar…
«Claro que recuerdo el embarazo de mi hijo Manuel», dice la señora Marina Pérez Hernández, en la esquina sureste del Mercado Argüelles.

«Yo esperaba a mi hijo, como mi madre esperó a mis hermanos. A un ser humano que venía a esta tierra en aquel tiempo se le preparaba toda su ropa y sus sábanas en casa. Era un gusto cuando un ser humano iba a nacer».

La señora Marina aprendió a tejer en la escuela primaria, fue madre el 15 de septiembre de 1964 y nueve meses antes, al recibir la noticia comenzó a hacer las camisas, sábanas y colchas.
«Arregle su moisés. Todo lo hacíamos las madres con nuestras manos, jamás salimos a comprar nada», dice con voz lenta y firme.

Los niños de antes, como los de ahora crecían rápido durante los primeros meses. Las madres lo sabían y calculaban la ropa necesaria para el primer año de vida desde los pañales de tela de pabellón doble para cuando hacía mucho calor, popelina, para uso normal y de franela para cuando hacía frío.

«Sean pacientes, lo aprendí siendo abuela»

La querida Maestra María Eugenia Gómez Viuda de Zamudio es madre de cinco hijos, la mayor la ahora licenciada Cintia Zamundio.

«Mi hija nació aquí en Ciudad Victoria, en la Clínica del Refugio, la recibimos con mucha alegría, era la primera. Me embaracé hasta los cuatro o cinco meses de casada».

Para los cinco hijos hizo a mano la primer ropa que los bebés usarían en el hospital, les tejía chambrita y pantalón.

En aquel tiempo no se conocía el sexo del bebé hasta que llegaba al mundo. La maestra Geña y su esposo esperaban un varón, se deseaba por aquellos años que el primer hijo fuera niño. A ellos les llegó una hermosa niña que ambos abrazaron con amor.

«Cuando la tuvimos en los brazos fue una bendición, lloré mucho y dijo mi mamá que mi marido lloró más que yo cuando tuvo a Cintia en sus brazos.

De los castigos a los hijos no se acuerda, sólo llega a su mente la inquietud de la hija de en medio a quien si le tuvo que corregir una vez con nalgada, para correr después al baño a llorar como toda madre… en silencio.

«Sentía que no cabía en ningún lado»

En el año 1973 María de la Luz Alanís González, una artista en el diseño de vestuario, se convirtió en la madre de Moñi Nañez.

«Sentí que no cabía en ningún lado, quería que todo el mundo se enterara que estaba embarazada. Moñi, mi primer hija nació en el Hospital Civil, me acuerdo de todo lo que sentí del nervio y la tembladera de las piernas. Yo no grité, sólo me apretaba la boca y aguantaba. No sabíamos si era niño o niña, no compré nada, no preparé nada, lo hice hasta que había nacido mi hija».

Luz, asegura que nunca pensó en qué haría al ser madre, todo fue ocurriendo con su hija al frente.

«Yo la contemplaba, le veía sus uñas y observaba la maravilla de formarse dentro de mí. Le decimos Moñi, porque esos eran sus primeros balbuceos, decía: «moñi moñi moñi ma» y así le dejamos el «Moñi», ella sola se lo puso».

María de la Luz se siente bendecida, ninguno de los tres hijos sintió celos del nuevo hermanito y a la fecha los tres se llevan bien, sin los conflictos comunes de familia.

¡Hijos, los que Dios mande!

Toñita García se casó en 1949, pero los años pasaban sin mensaje de la cigüeña. En el año 1953 nació su primer hijo.

«Uno entonces se casaba y ya esperaba a su primer hijo, nada de cuidarse, los que Dios mandara».

El Doctor Velez le dio la noticia de que sería mamá, entonces los niños de Victoria nacían en la clínica del Refugio, que se ubicaba en la calle 16 Carrera Torres.

«Yo iba muy inocente. No sabíamos nada cuando nos casábamos, poco a poquito aprendíamos, luego las amigas que iban más adelantadas nos contaban también. Entonces nada se trataba con los
niños, nada de beso en la panza porque esta su hermanito, nada de eso, todo era discreto hasta en la manera de vestir!

Toñita fue una esposa ejemplar y como madre se esmeró en cada detalle.

«Traje desde México el moisés de mimbre, yo lo vestí. Hice sus camisitas hechas a mano, con encaje y bordado. La ropa se iba dejando por que los bebés crecían, pero es que antes éramos muy hacendosas, no había jugada ni tomada ni nada de eso, uno se dedicaba al hogar».

«Yo sí fuí madre de chancla»

Balbina Pastor de Castillo, fue maestra, madre de tres hijas y fundadora de la Asociación Voluntad Contra el Cáncer.

Admite que fue madre de chancla y que lloró a solas muchas veces porque le dolía imponer castigos o privar a sus hijas de ver televisión. Pero también fue una madre que sabía disculparse cuando se equivocaba.

«Mi vida se movió como un rompecabezas sin armar cuando supe que mi hija tenía cáncer. Fueron dos años y nueve meses que iba y venía a Monterrey para que Lucía se curara y fueron dos años y nueve meses en que mis otras dos hijas se quedaron con papá, un tiempo en que la mayor era adolescente y debía cuidar a la menor, de pronto la mayor era la segunda madre de mi hija menor. Al final de ese tiempo me dieron la noticia que mi hija estaba curada, recuerdo que pude sentir como el aire entraba a los pulmones realmente».

Al paso de los meses decidió compartir su experiencia con otros y hacer que otros niños con cáncer salvaran su vida.

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