Como huérfanos y desorientados, los priístas de Tamaulipas no se ponen de acuerdo con el tipo de presidente que necesitan ante la inminente salida de Rafael González Benavides, hay los que creen que el nuevo dirigente deberá ser uno que jale la marca de los medios, que sea contestón, que alce la voz ante el régimen panista y que además barra con los traidores.
Así es mis queridos boes, dicho perfil es el que menos le haría bien a un partido hecho añicos, en la quiebra financiera y sin el apoyo de la gran mayoría de los ciudadanos de una entidad que el 5 de junio los mando al caño.
Creer que un tipo de buenas a primeras, solo por recibir el nombramiento de presidente del Comité Directivo Estatal del PRI va a obtener la calidad de líder del partido es una inocentada (usted lea el término correcto escribirlo aquí sería una grosería), entre dirigente y líder hay una inmensa diferencia.
Pensar que un nombramiento de dirigente tricolor va a convertir a un tipo en líder de opinión es también una tontería.
Pero además, suponer que el que sea designado dirigente del PRI estatal va a obtener la atención de los medios como en los 86 años que han sido gobierno es más inocente aún.
Y es que uno de los principales problemas del próximo dirigente del ex partidazo en Tamaulipas será indiscutiblemente que no tendrá el liderazgo que urge en ese instituto.
No será líder por un buen tiempo; si es que llega a serlo, porque no hay ninguno de los tricolores actuales que se vea con capacidades suficientes para aglutinar todos los pedazos del partido esparcidos por la entidad tras el paso de la locomotora azul que lo embistió en junio.
En teoría Baltazar Hinojosa tendría que ser el priísta con mayores consensos, puesto que lo eligieron su candidato y ‘trabajaron’ para hacerlo gobernador.
Pero en la práctica el más indicado es el menos idóneo, porque es precisamente al diputado federal al que una buena parte de los tricolores culpan de la derrota: en pocas palabras es el que menos factor de unidad significaría para el PRI.
Ante el panorama que se le presenta al tricolor cuerudo, más que un personaje gritón y de aspavientos, ese partido va a necesitar un presidente inteligente y con los pies bien plantados en el suelo.
Que sepa que ahí en el Congreso local tendrá a una bancada muy pero muy débil, con personajes que van a preferir guardar silencio porque sus pasados les van a pesar, otros con personalidades en tonos grises y con harta carencia de carisma y facilidad de palabra que tampoco le van a ayudar en una controversia con el gobierno azul.
Un presidente que cada semana llame a rueda de prensa para echar pestes del nuevo gobierno, al que le reclamen los problemas de Tamaulipas y al mismo tiempo defienda al gobierno federal sería contra producente por varias razones.
Uno, porque buena parte de las broncas que padece esta entidad vienen acarreándose de sexenios y más sexenios, todos priístas.
Dos, porque a estas alturas el gobierno de Enrique Peña Nieto es indefendible, es más podría estar al nivel de enemigo del pueblo si nos basamos en sus niveles de popularidad.
Y tres, porque de manera natural los canales de comunicación para un partido sin recursos serán estrechos, si es que le quedan. Los gritoneos pues podrían ser al aire, sin eco que los reproduzca.
Por eso estoy seguro que al PRI le conviene nombrar a un dirigente sereno e inteligente, que sea un político profesional con capacidad y temple para salir a los medios y declarar que apoya acciones, iniciativas y programas del gobierno de Francisco Javier García Cabeza de Vaca cuando estos sean de beneficio para los tamaulipecos, no sería sumisión sino madurez.
Una actitud profesional le permitiría al próximo presidente del PRI salir a la prensa a declarar sus desacuerdos con el gobierno azul y que dichas diferencias sean tomadas como normales entre un partido de oposición responsable y el gobierno del cambio.
En pocas palabras un presidente que solo grite y manotee, que ande con el garlito de la docena trágica, la estúpida guerra de Calderón, las bondades de las reformas y otras mentiras no ayudará a sacar al buey de la barranca.
¿Quién cumple esos requisitos de los que quieren y andan en plena grilla?, no me atrevo a decirlo, eso le toca a los priístas, que por lo que veo ni tienen prisa y muestran poco interés.
Don Neto y don Pablo…
En el Fraccionamiento Valle Escondido de Atizapán de Zaragoza, en el Estado de México, las casas llegan a costar 25 millones de pesos, ahí descansa ahora Ernesto Fonseca ‘Don Neto’, conocido ex narco que gracias a su edad salió de un penal de máxima seguridad para seguir su condena en casa.
Dicen que dicho personaje ahora es vecino del tamaulipeco Pablo Zárate Juárez, quien vive en la zona y hasta los mal pensados creen que el matamorense pudo haberle llevado ya un postrecito como bienvenida al barrio.
Comentarios: meliton-garcia@hotmail.com Twitter: @melitong




