CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- Un empleado del gobierno del estado estuvo a punto de encontrar la muerte cuando, al conducir su automóvil a exceso de velocidad y bajo los influjos del alcohol, perdió el control del volante y volcó fuera de la superficie de rodamiento, resultando milagrosamente ileso.
Esta volcadura se registró a las 5:00 de la tarde del día de ayer sobre el camino que conduce al Ejido La Misión, a 300 metros del cruce con la carretera Interejidal, sitio al que se traslado el perito de Tránsito, José Antonio Díaz Rosales, para tomar conocimiento.
A su llegada, el perito ya era esperado por elementos de Fuerza Tamaulipas, quienes le entregaron al supuesto conductor de la unidad siniestrada, al cual detuvieron cuando pretendía darse a la fuga.
Se trata de Jesús Medina Reyes, de 30 años de edad, y con domicilio en la calle San Pablo Guelatao de la colonia José de Escandón. Las investigaciones del agente vial, revelaron que Jesús conducía un automóvil Chevrolet Corsa, modelo 2004, color rojo en sentido de oriente a poniente sobre el camino al ejido La Misión.
Poco antes de llegar al cruce con la interejidal, el empleado de gobierno perdió el control, producto de su estado de ebriedad, y al salir de la rúa volcó entre los matorrales.
Por su parte, Medina, al ser cuestionado sobre los hechos, declaró que él no iba conduciendo el automóvil, sino un amigo, el cual perdió el control cuando su novia le giro el volante de forma intencional.
“Yo no quise manejar porque ya me sentía pedo, mi camarada también andaba pero como quiera lo manejo, el problema fue que mi novia venía alegando y ya enojada le dio el jalón al volante y por eso nos salimos del camino y dimos la maroma”, versión de Jesús Medina, misma que no pudo comprobar ante las autoridades.
Tras avanzar descontrolados varios metros, el vehículo abandono la carpeta asfáltica y se adentró a los matorrales donde dio una voltereta quedando volcado sobre su capacete.
Debido a que no se encontraron las dos personas que menciona Medina en su declaración, el perito presume que se trata de una mentira y que era él quien manejaba el carro a una velocidad inmoderada y en estado inconveniente.
Al final, una grúa particular se encargó de hacer las maniobras necesarias para enderezar la unidad y remolcarla a un corralón.




