2 enero, 2026

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Guardavías; el oficio que viaja en tren

Los trabajadores ferroviarios que se dedican a dar mantenimiento a las vías de ferrocarril tienen un trabajo importante y una vida llena de ajetreos, viajes y alejados de las familias…

CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- La vida de un trabajador ferroviario transcurre en un ir y venir, en un viaje eterno entre una ciudad y otra, por lo que es espectador en primera fila de los paisajes naturales más espectaculares de México.

Así es como transcurren los días del señor Amado Ramos, quien apenas cumpliendo la mayoría de edad, decidió enfilarse a este loable oficio que toda su familia ha realizado: trabajador ferroviario.

Son 26 días corridos que los ferroviarios se dedican a trabajar dando mantenimiento a las vías del tren, luego descansan cuatro días, tiempo que ocupan para visitar a sus seres queridos y disfrutar del tiempo en familia.

“Nuestra función es cambiar rieles, sacar la madera que ya no se usa, en sí dar mantenimiento. Ahorita por ejemplo venimos de Piedras Negras, estamos de descanso, no sabemos cuál será nuestro destino, pero le hemos dado hasta Chihuahua, pasamos por Durango, Coahuila, Nuevo León y aquí Tamaulipas, son las rutas que recorremos”, platica Amado Ramos, quien desde hace 16 años está casado y tiene cuatro hijos, que radican en Coahuila.

Este fin de semana los trabajadores están de descanso, por lo tanto de la cuadrilla de 23, sólo dos decidieron quedarse en la vieja Estación del Tren de Ciudad Victoria a descansar cómodamente en sus vagones.

Dicha Estación fue edificada en terrenos cedidos por el ayuntamiento de Cuidad Victoria a la antigua Compañía del Ferrocarril de Monterrey al Golfo según escritura de fecha 26 de mayo de 1890, ubicada en la calle Hidalgo número 23, colonia Nacozari, siendo por periodos el hogar de estos trabajadores.

Su oficio les permite vivir en los vagones de tren, donde tienen acondicionado un tipo “departamento”, con todas las comodidades, incluso a veces en mejores condiciones que las de muchos hogares.

Los vagones de cada trabajador cuentan con todos los servicios, al entrar se alcanza a ver un pequeño pasillo de un metro de ancho aproximadamente, hacia el lado izquierdo se ubica el cuarto de baño, con regadera y boiler, y un pequeño cuarto de limpieza; hacia el lado derecho las habitaciones de seis metros cuadrados aproximadamente, donde cabe cómodamente una cama individual y algún mueble para la ropa, cuentan con televisión por cable y aire acondicionado, al fondo se encuentra una pequeña cocineta con estufa y un antecomedor, todo lo necesario para vivir dignamente.

Afortunadamente Amado está relativamente cerca de su familia, en Coahuila, pero otros compañeros no corren con la misma suerte, pues son originarios de diferentes estados de la República Mexicana, como: Oaxaca, Zacatecas, San Luis Potosí, entre otros.

“Aquí lo bueno son las vacaciones porque nos dan 18 días más lo que se va sumando cada año y luego los juntamos con los cuatro días de descanso del mes y nos vamos hasta un mes con nuestras familias, ya hasta nos quieren correr nuestras esposas”, dice en broma.

Su horario de trabajo es de 8:00 a 16:00 horas, pero si se requieren algunas horas extras por la lejanía del trayecto que recorren, pues lo realizan, la mayoría de los recorridos son en promedio de ocho horas.

Como todo trabajo, ser empleado ferroviario tiene sus riesgos: “cuando el ciclón se pone difícil, el último que nos tocó fuerte pasó hace tres años, pegó fuerte, nos desbarato la vía, ahí en Linares tumbó un puente, tuvimos que arreglar toda la vía, nos tocó cambiar todo y hacerlo rápido, esos desastres
naturales nos afectan mucho porque se lleva todo y se quedan las vías sin nada”.

Sin embargo, para el señor Amado este es el mejor oficio que puede tener, pues realiza su trabajo con empeño, dedicación y pasión. Es una tradición que se transmite de generación en generación.

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