De suma importancia es el llamado Papel de Baño que no es otra cosa que un rollo de papel suave que sirve en todo momento para limpiar la coliflor.
Es de primera necesidad y necedad, porque lo mismo sirve para el ojete o servilleta de mesa.
Este rollo de papel es relativamente nuevo si afirmamos que en los años cincuentas se usaba poco. Y el papel no era dúctil. Pero sin duda el inventor del papel fue un hombre de éxito que seguramente lo puso en el mercado en la Revolución Industrial. Porque el rollo se convirtió en un implemento femenino obligatorio.
Nuestros tiempos «reculares» fueron como muchos en la ciudad de trozos de papel periódico que estampaban en nuestras nachas o nalgas, anuncios y notas rojas.
De tal manera que las consortes y amantes podían leer nuestras colas.
Era notorio, en la clase media.
Que cortaran el papel periódico y lo colgarán en un gancho o clavo para limpiar el culo (el papel).
El papel higiénico se ha depurado en calidad y aroma. Realmente zurrar es costoso. Y aún el papel de estraza o periódico sigue funcional. Pero ¿quién no ha disfrutado del «olote» en la cola capaz de acabar o rascar a un ejército de amibas?
El papel higiénico se tiene noticia de su aparición el Siglo VI.
Si en nuestras casas no hay papel hay guerra… Mi suegro me decía:
«Para atinar al rodete hay que poner el ojete en el mismito agujero».




