26 enero, 2026

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Doña Chuy… Heredó el oficio de rezandera

María del Refugio Aguilar a sus 85 años tiene como oficio ser rezandera, lo cual aprendió desde pequeña de su abuela y luego con sus tías, 'es un don' y un servicio a los demás por eso no cobra

CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- El oficio de las rezanderas es uno de los más antiguos, son las mujeres que conocen al dedillo el rosario, se encargan de guiar el rezo en alguna festividad o en los funerales, donde son indispensables para el velorio y la novena, según los ritos a la muerte que se celebran en la fe católica.

Algunas rezanderas cobran por el servicio, otras sólo reciben a voluntad de los solicitantes. Tal es el caso de la señora María del Refugio Aguilar, que a sus 85 años de edad aún practica el oficio.

Y es que para María del Refugio ser rezandera no es un negocio, sino un don que Dios les da a pocas personas y como tal se debe compartir con la gente.

“A mí no me gusta cobrar porque yo pienso que son cosas que si Dios se lo da a uno es por algo, no pago por estudiar, no estudia uno para aprender el
rosario, uno lo hace por brindar el servicio, yo lo que sea su voluntad porque también hay personas que no tienen y pues yo les digo ‘no se fije, si no tiene, no se preocupe’, si está retirado, les pido que vengan por mí”, relató la señora María del Refugio.

Doña Chuy, como la conocen sus vecinos, es rezandera desde hace 20 años, pero acompañaba a su abuelita a rezar desde los nueve años, luego a su mamá y después a sus tías, hasta que fue ella, la que se heredó la tradición.

“Cuando estaba yo niña acompañaba a mi abuelita a los rezos y siempre decía ‘cuando esté grande voy a ser rezandera’ y luego ya de grande mis tías me dejaron encargada”, externó.

Son muchos los agradecimientos y satisfacciones que ha recibido, pero también las tristezas pues le ha tocado dirigir los rezos de familiares que fallecieron, doña Chuy recuerda el más difícil de su vida “tuve nueve hijos, pero me quedan sólo siete, Dios me quitó a dos, el primero que me mataron pedí que alguien que me ayudara con el rezo, al segundo me lo mataron hace dos años y yo dirigí el rezo en el funeral, fue lo más difícil que he vivido, mi tristeza era inmensa, era un dolor muy grande”.

Como madre tenía el consuelo que al rezarle a sus hijos en su funeral ayudaba a que descansaran en paz, según dicta la tradición.

Asegura que aunque sus hijos ya no la quieren dejar ir a rezar, ella continuará haciendo pues es un oficio con el que ayuda a la gente.

“Me dicen que me cuide, que me puedo caer, que luego no sé ni con quién me voy, pero yo creo que si Dios me los manda es por algo y hay que ayudar con el servicio”, resaltó.

El fenómeno de las rezanderas es muy peculiar y social, siempre se ocupa el servicio de alguna, doña Chuy es conocida en su barrio por éste oficio y por recomendaciones llegan a ella a pedir el servicio, que ella siempre brinda porque “me gusta rezar el rosario, ayudar a la gente, para mi es una tradición que me heredaron en mi familia y es un don que Dios me dio”.

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