Con seguridad en los días cercanos usted debe haber leído, escuchado o presenciado información sobre el caso de la Delegación Tláhuac, en la Ciudad de México.
La citada zona capitalina se hizo famosa más por el protagonista –“El Ojos” – de un operativo, que por los sucesos registrados en ese lugar.
Si es así, tal vez usted se preguntará si tiene alguna vinculación esa área metropolitana con Tamaulipas, como para abordar en este espacio un tema que parece lejano a nuestro Estado. Por lo menos geográficamente.
Pues sí, la tiene. Y le diré el porqué de esta percepción personal.
El caso Tláhuac nos ha confirmado a todos los mexicanos y en especial a los tamaulipecos, que sufrimos en carne propia circunstancias similares, que las acciones planeadas y ejecutadas por las autoridades para atrapar o abatir a algún líder delincuencial sirven para tres cosas: Para nada, para nada y para pura… después le digo.
¿Por qué la afirmación?
La respuesta la tienen los propios organismos policiales de la capital mexicana, las cuales tras el fallecimiento del mencionado jefe criminal acaban de admitir que en esa Delegación no han disminuido ni un ápice los robos, asaltos, extorsiones y otros delitos, después de desaparecido “El Ojos”. En pocas palabras, pareciera que sigue activo.
Y esa es la semejanza con la estrategia sobre seguridad aplicada en estados como el nuestro.
En esta patria chica como en muchas otras latitudes del país se ha detenido a una multitud de infractores y han caído también sin vida –no deja de ser lamentable– un sinnúmero de integrantes de esos grupos. La lógica marca que tras esas acciones la legalidad volvería a calles y hogares o por lo menos ya no sería tan atacada.
Pero no es así. Todo sigue igual y en algunos casos peor, lo que revela el fracaso de las instituciones en ese sentido. Y la pregunta es obligada:
¿Hasta cuándo cambiarán los gobiernos esa visión que tanta violencia y muertes ha causado en todo México?
La respuesta cala en lo más hondo: No se ve para cuándo…
La huída
Y a propósito de la violencia, me vienen a la mente dos proyectos nacidos dos sexenios atrás, que en Tamaulipas han fallado en forma dramática.
Uno de ellos fue convertir a nuestra frontera en una región con infraestructura hospitalaria pública y privada que hiciera de Matamoros y Reynosa un destino de alta calidad para la salud.
El otro fue hacer de Victoria la ciudad de la tecnología y de la educación profesional, por lo cual nacieron universidades a pasto y se creó un centro oficial con ese fin. Las dos opciones, surgidas en el sexenio de Eugenio Hernández Flores están perdidas, por lo menos hasta ahora.
¿Es culpa de alguien, de un partido o de un gobierno?
No. Para nada.
Es la consecuencia de la violencia extrema que agobia a la Entidad desde hace muchos años y que ha hecho huir, en el caso de la salud, a cientos de médicos especialistas para no ser víctimas de esas penosas circunstancias, como lo acaba de denunciar Luis Carlos Ortega, líder de la Sección 102 del Sindicato de Salud nacional; mientras en materia de tecnología y enseñanza la calidad de las escuelas ha descendido en forma grave también porque los catedráticos preparados, especialmente los extranjeros, prefieren buscar ciudades con menores niveles de riesgo.
Diga usted si no es un drama…
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