Dice el tango: “Silencio en la noche, el músculo duerme la emoción trabaja….”
Y estos días de güeva de pescado sirven para reflexionar y mirar el horizonte que está pálido y maltrecho.
A la güeva se le junta la atonía económica y el paisaje gris de la inseguridad. Salimos a la calle con el culo entre piernas y arrugado mirando para los lados.
No bajan al agua los venados ni las luciérnagas alumbran las calles.
Los centros vacacionales están hasta las manitas pero el lunes que ni las gallinas ponen comenzarán las penurias y la falta de dinero y las casas de cambio les retorcerán el pescuezo y las nalgas.
Recibirán los güevos de tortuga a cambio de unas cuántas monedas.
La próxima semana será el calvario y el gasto de uniformes, libros y lonches para los niños y niñas que ya se preparan para el nuevo ciclo escolar.
La güeva playera y los gastos vacacionales también derramarán la angustia de los padres y madres de familia.
Los empeños serán totales: desde el plasma televisivo hasta el plasma sanguíneo; se empeñará la plancha, el modular y hasta los calzones.
Todo, menos el celular, porque el celular es parte del sistema nervioso y digestivo.
Pero los días de güeva se volverán agitados en una economía que vive del éxtasis burocrático y los pellizcos de las maquiladoras.
La Alta Güeva. La de los agraciados de la gula, la corrupción y el despojo público. Estarán tranquilos.
Es la güeva de los exquisitos: los vende plazas, los peculadores. Los de uña pintada, los ladrones, los usureros de la heráldica familiar. Los güevones naturales que han vendido su alma diablo para vivir de los jodidos.
Silencio en la noche, el músculo duerme y la emoción trabaja…




