26 enero, 2026

26 enero, 2026

Réquiem para 2017

Escenarios

Estoy convencido que la vida es un ir y venir…de tantas cosas que decimos, hacemos y deseamos.

Al comenzar cada año, decimos cosas para comprometernos con otros o con nosotros mismos.

Decimos a quienes nos quieren escuchar nuestros propósitos con la firme intención de cumplirlos.

Decimos que el año que está por venir, todo será distinto, que seremos mejores en todo lo que emprendamos.

Decimos que dejaremos de fumar, tomar y de ver tanta televisión.

Decimos que ahorraremos más y que gastaremos menos.

 Decimos que dejaremos de criticar al prójimo, que iremos más a la iglesia y que seremos más compresivos, bondadosos, mejores vecinos y ciudadanos.

Es extraordinaria la fuerza de voluntad que nos invade al tomar las múltiples decisiones que deberán repercutir para bien de nosotros o de otros en el futuro inmediato.

Luego de externar nuestros propósitos el día que celebramos con nuestros seres queridos la entrada del año que está por venir, nos sentimos satisfechos, plenos y orgullosos de lo que nos atrevimos a decir.

Nos place la cara de satisfacción que provocamos a nuestros seres amados después que nos escucharon y sintieron la determinación y ahínco con que dijimos los objetivos trazados.

Luego…
A principio de cada año, si bien nos va, hacemos muchas cosas para poner en marcha los sanos proyectos que nos impusimos cada que va terminando el año.

Nos levantamos de la cama con ánimo, destellos de fuerza y con la camiseta bien puesta para cumplir la meta.

Empezamos por hacer cosas extraordinarias, como dejar de comer grasas, azúcares y carbohidratos…los primeros 3 o 4 días de enero.

Pero el recalentado de romeritos, bacalao, pierna y el pavo nos subyugan y le entramos, argumentándonos que “qué tanto es tantito” y que al cabo con el ejercicio que estamos por hacer, nos bajará las calorías que estamos por ingerir.

Al terminar de comer, nos invade el remordimiento por haber cedido.

Llenos de coraje y determinación, empezamos a hacer ejercicio con el “pants” que nos compramos o que alguien nos regaló porque nos vio algo “gordos”, e iniciamos las rutinas aeróbicas para bajar la protuberancia estomacal que se nos ha ido desarrollando a través de los años y que cuesta mucho bajarla unos cuantos centímetros.

Pero…
Al tercer o cuarto día, el cansancio nos gana por haber hecho demasiado ejercicio y/o sucumbimos a la magia de nuestro arte culinario.

Las tortas de bacalao o los romeritos en bolillo recién salido, el espagueti verde, el puré de papa, la pierna de cerdo, el pavo con el relleno y el pastel que sobró de la noche de año nuevo, nos invocan al pecado.

Pensamos que quien nos puede reprochar ser “busgos o bien tragones” para la comida.

Entonces…
Deseamos no haber caído en el pecado capital que es uno de los más horripilantes: la gula.

Deseamos no haber gastado tanto en el “pants” o que nos lo pondremos los domingos cuando iremos por la barbacoa en el puesto de la esquina que ya conocemos.

Deseamos no haber deseado tantas cosas que, más bien, parecen imposibles de realizar.

Al fin y al cabo, deseamos que nos comprendan y entienda, que lo importante es vivir y que ya para terminar el 2018, nos fijamos nuevas metas.

Y que pase lo que pase y cueste lo que cueste, esos sí se van a cumplir.

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