En el año de 1976, residí en el Winoosky, en el estado de Vermont, en los Estados Unidos. Un pequeño pueblo en frontera con el Canadá, a unos pasos Burlington Vt., y a un par de horas, Montreal, Canadá. Por unos meses realicé un curso de idioma inglés en una maravillosa institución, Saint Michels College, en Winoosky, posteriormente viví por tres meses en Pleasantville, Nueva York. Una experiencia extraordinaria para mis inquietudes plástico-literarias. En 1977, me preparaba para irme a Europa.
En Roma, Italia, goce grandes momentos. En 1978, se publicó MAMALEÓN, un poemario con el título descubierto en las entrañas de nuestra Sierra Madre.
En Mamaleón, aparece este texto que me parece premonitorio:
Los Tiempos
Los que saltan y desvían nuestros cuerpos
Los que nos lanzan a la quema de los días
Los tiempos señores
Los que aparecen en las banquetas
con la mercancía a colores
Los que en los aparadores nos visten
Los que entre la justicia de la vida nos declaran el amor
Los que vagan, los que hieren, los que escapan a la tutela
Los que se arriman a las sábanas y los que adornan
Los tiempos precisos y preciosos
Los tiempos señoras
Los tiempos de algodón y rosa
Los tiempos de asalto y cuchillo
Los tiempos de la horca de los pesos
Los tiempos de la noticia pegada a las nalgas
Los tiempos de caballos estampados en los pechos
Los tiempos del vino, los tiempos del amar,
del querer ser, del apretar la aurora
Los tiempos del fraude, los tiempos de la risa,
de las rejas de cámaras de TV
Los tiempos señores
Los tiempos del bote para la Cruz Roja
Los tiempos del tragafuego
Los tiempos de la locura, la sangre, el odio
Los tiempos que como gusanos vienen por el piso
Los tiempos que escalan los nombres de la ciudad
Los tiempos que recorren los viejos edificios
Los tiempos ciegos
Los que tocan, los que viene con la ira
Los tiempos, los que esperamos
Y que sabemos que serán siempre una sorpresa.




