La ley actual estipula para los menores no acompañados que “viajan de indocumentados solos” y que provienen de países no fronterizos con Estados Unidos, a ellos un juez de inmigración es quien debe resolver su futuro en el país. Entonces pasan a custodia de servicios sociales para eventualmente ser entregados a un guardián o pariente en los Estados Unidos. Por el contrario, si son mexicanos, son deportados en máximo de 48 horas.
Para los asesores de Trump, tanto la llamada “Ley Wilberforce” de 2008, como el “Acuerdo Flores” de 1997, son sólo “trabas” para la deportación de niños indocumentados no acompañados y unidades familiares, y por eso piden eliminarla. Por ello la intensión de Trump es que el Congreso legisle al respecto, para que a todo indocumentado detenido en la frontera se pueda devolver independientemente de su país de procedencia.
Para darnos una idea y formarnos una opinión, el número de inmigrantes indocumentados cruzando la frontera se incrementó en un 200% el pasado mes de marzo comparado con marzo del 2017; pero lo más preocupante es el aumento en el flujo de menores no acompañados que se ha incrementado en un 800% y de familias que se ha incrementado en un 680%”.
En ese sentido, la secretaria de Seguridad Nacional (DHS), Kirstjen Nielsen, realizó una visita el pasado jueves a la frontera de Arizona aprovechó para reafirmar la posición del gobierno del presidente Donald Trump de enjuiciar a todo aquel que cruce la frontera ilegalmente. “Nuestra frontera está en crisis, está expuesta a criminales, contrabandistas y miles de personas que no tiene respeto por nuestras leyes”, indicó Nielsen. “Esto está cambiando, va a cambiar y estamos haciendo todo lo posible para que así sea”.
La funcionaria dijo que éste es el décimo viaje que realiza a la zona desde que asumió el cargo el año pasado y aseguró que en las últimas semanas hubo una “campaña deshonesta” contra los hombres y mujeres del DHS, refiriéndose a los oficiales de la Oficina de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) y la Patrulla Fronteriza.
Volviendo a los menores, como el gobierno no tiene los recursos suficientes para mantenerlos en custodia, y según el acuerdo judicial Flores versus Meese, de 1997, no pueden privar de la libertad a menores de edad, entonces ahí está el problema, los niños siguen llegando “solos” con el “coyote” arriesgando la vida y buscando asilo.
Ahora veamos la magnitud.
Según las cifras, durante el año fiscal 2017 el número de menores fue 42,497 y en 2016 fueron 52,147. Y en el primer semestre del año fiscal 2018, el ORR entregó en custodia 16,220 menores, de esos 90% de los niños fueron con sus “patrocinadores” o adultos responsables. Del total, el 41% fue entregado a sus padres, el 47% a familiares cercanos, y el 11% a personas sin vínculos familiares.
Si ya los números son alarmantes, la confusión mediática sobre la reciente “desaparición” de unos 1,500 menores no acompañados que llegaron a Estados Unidos en busca de asilo creó más polémica. Y es que en realidad no “desaparecieron” sino que fueron entregados a sus padres, familiares o personas responsables de su atención, quienes se comprometieron, cuando los recibieron, a continuar sus casos de deportación y/o asilo y después según la Oficina de Refugiados (ORR) “simplemente no respondieron (el teléfono) o no pudieron ser contactados”.
¿De dónde son los niños que llegan?
En el año fiscal 2017, el 94% de los niños provenían de Honduras, Guatemala y El Salvador –los del “Triángulo del Norte” de Centroamérica-, y en lo que va del año fiscal 2018, el porcentaje permanece casi igual, en 93%. En ambos años fiscales, los adolescentes conformaron el 83% y 87%, respectivamente, de todos los casos referidos a ORR. Y como decía al principio, NINGÚN NIÑO es mexicano.
No sabemos qué pasará, mientras el gobierno de Trump dice que “si los padres no desean separarse de sus hijos, no deben violar las leyes de Estados Unidos, ni poner en peligro a los menores a través de la frontera, los defensores de menores sostienen que si se elimina la “Ley Wilberforce” y el “Acuerdo Flores”, se dejaría a los niños “expuestos al tráfico de personas, el maltrato y la deportación” a sitios peligrosos (como México).
Lo que sí puedo decir con seguridad es que los menores, con o sin ley, ya están en riesgo ahora, y que si tomamos de ejemplo que cada vez son menos los cubanos que arriesgan la vida en balsas para llegar a EUA, porque Obama les restringió las facilidades de asilo “pies secos, pies mojados”. Quizás los centroamericanos dejarían también de exponerlos si supieran que no van a recibirlos así como pasa con los niños de México, pues en el deseo de huir de la pobreza pueden perder a sus hijos a manos de criminales en la aventura. O al menos esperarían a que crezcan y ya no sean unos niños.




