Desde que Andrés Manuel López Obrador anunció que Tatiana Clouthier sería subsecretaria de Gobernación me pareció que algo andaba mal entre la hija del excandidato a la presidencia de la República del PAN y el electo sustituto de Enrique Peña Nieto, no me parecía justo en relación al trabajo que la mujer había realizado para que MORENA ganara, el viernes le “aventó” el cargo que aún no asumía.
Así es mis queridos boes, la salida de Tatiana del gabinete de AMLO no es cosa menor, a pesar de que los involucrados en el escándalo traten de minimizarlo, porque la Clouthier no es una simpatizante más del tabasqueño, no es del montón de advenedizos que se sumaron a la campaña cuando vieron que iba rumbo a la victoria, se trata ni más ni menos que de la coordinadora de la misma.
Clouthier era, de hecho, el rostro más visible de la campaña de López Obrador, fue en toda la campaña la figura del peso moral por la que estoy seguro muchos escépticos se sumaron a la causa pejista.
Tatiana, no me queda la menor duda, fue el factor que le dio confianza a muchos simpatizantes panistas de la élite, de esos de los que cuentan su dinero por millones, para apoyar al de la izquierda.
También creo que la Clouthier ayudó en gran medida a que los más recalcitrantes malquerientes del ahora presidente electo, bajaran un poco la guardia en sus críticas, porque la inclusión de la expanista matizaba en mucho las posturas radicales de los morenistas como Taibo II y la Polemsky.
Más aún, en la campaña Tatiana era como el antídoto para los dardos envenenados hacia el equipo de AMLO que aseguraban que éste estaba rodeado de ex priistas corruptos que llegarían con él al Palacio Nacional.
Tatiana se la pasaba casi todos los días defendiendo la causa en los programas de debate de las televisoras, recorría universidades fichando seguidores para el tabasqueño.
Vino la elección, ganaron de calle, ella como López Obrador y todo el equipo festejaron y se dispusieron a preparar su arribo al poder.
Olga Sánchez a Gobernación, Marcelo Ebrard a Relaciones Exteriores, Carlos Manuel Urzúa a Hacienda, María Luisa Albores a Desarrollo Social, Josefa González a Semarnat, Rocio Nahle a Energía, Graciela Márquez a Economía, Esteban Moctezuma a Educación, Víctor Villalobos a SAGARPA, Javier Jiménez Espriú a SCT, Jorge Alcocer a Salud… y en resto de las secretarías, por ningún lado apareció Tatiana.
A ella solo le tocó la subsecretaria de Participación Ciudadana, Democracia Participativa y Organizaciones Civiles, su jale sería arreglar las broncas, pero no figurar.
Y también vino luego el nombramiento de Manuel Bartlett en la CFE, uno de los victimarios políticos de su padre Manuel Clouthier, empezaron ahí las diferencias públicas con el ‘equipazo’ de AMLO.
Ella dijo que había mejores personajes que el ex gobernador de Puebla y ex secretario de gobernación, sospechoso de la caída del sistema y por ende del fraude de 1988, y antes también de la muerte del periodista Manuel Buendía.
AMLO defendió la designación de Bartlett y dijo que no coincidía con la que fue su coordinadora de campaña.
Parecía zanjado el problema, hasta la semana pasada Tatiana todavía andaba en reuniones con empresarios, a los que exponía los proyectos del presidente electo, tendía puentes con organizaciones civiles y hasta con partidos políticos.
Y de pronto zaz! sin previo aviso sus compañeros de gabinete filtran que había declinado la invitación de AMLO para estar en el gabinete.
Se vino una tremenda de especulaciones, que si tronó con AMLO, que si se resquebraja el gabinete, que empieza la desbandada.
Ella intentó acallar el mensaje que su salida de manera natural dio a los opinadores y a la propia opinión pública vía Twitter.
“Ante especulaciones, inventos e incluso frotadas de mano aclaró: asumo cargo diputación por así ser lo mejor para la Patria y a mi familia; no hay telenovelas por escribir y si cariño y trabajo de la mano con @lopezobrador_”, escribió en la red social.
Asumirá como diputada federal, pero en tres días el electo no ha salido a opinar al respecto, seguro lo hará tratando, igual que Tatiana, de desmentir lo evidente.
La novela la han hecho ellos, no los que opinan, la mala señal la han dado ellos, porque deja el gabinete tal vez la figura menos cuestionada del mismo.
Tatiana era para AMLO lo que ‘Don Fernando’ (Fernando Elizondo Barragán) era para El Bronco, Jaime Rodríguez Calderón, sólo que a este último, su figura de autoridad moral le duró más de un año en el ejercicio del poder.
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