31 diciembre, 2025

31 diciembre, 2025

El día a día de la lucha antihuachicol

La rutina de miles de trabajadores de Pemex cambió en Tamaulipas; tienen más vigilancia, pero también más restricciones desde que marinos y militares tomaron el control de instalaciones como la Refinería Madero.

CIUDAD MADERO, TAMAULIPAS.- Son las 7 de la mañana en la puerta 1 de la Refinería Madero.

Los marinos que hacen rondines permanentemente sobre la avenida, se frenan justo enfrente para supervisar la entrada de los petroleros que inician su jornada laboral.

Desde hace 30 días, cambió para siempre la rutina en las instalaciones de Pemex en Tamaulipas, que ahora están bajo control de fuerzas federales.

No sólo se reforzaron las medidas de seguridad para evitar el robo de hidrocarburos, de forma indirecta si se quiere, pero también se modificaron los hábitos de miles de trabajadores.

“Los supervisores hasta nos empezaron a revisar cómo veníamos vestidos, los zapatos, camisa, y los marinos se nos quedaban viendo al entrar”, cuenta un trabajador de la Refinería que ha trabajado ahí el tiempo suficiente para dimensionar el cambio radical que se vivió a partir del 7 de enero.
Acaso el que más les dolió fue la restricción del uso de celulares, que -reconocen- se ha ido suavizando al paso de los días, aunque aún lo tienen prohibido en ciertas áreas de trabajo.

“Al principio ni lo podíamos tocar”.

Según fuentes de seguridad, esta medida obedecía a la versión que el mismo López Obrador propagó: en el “huachicoleo” participaba de manera directa personal de Pemex, que facilitaba el robo de gasolina.

Por eso, los trabajadores de Pemex respondieron con recelo en un principio: “nos veían a todos como sospechosos”.

Pero en realidad el rumor de que el robo de gasolina se daba desde las entrañas de la petrolera, era bien conocido por los empleados.

“Sabemos que sí había mucho de eso, de todo: gente que le entraba por amenazas, y otros que les gustaba el negocio”.

Tal vez eso explique las cifras que dio el gobierno federal cuando lanzó su estrategia.

Cada día, según la información oficial, se extraían de refinerías y centros de distribución, 600 pipas con 15 mil litros de combustible cada una.

En la Terminal Madero también se modificaron las dinámicas de trabajo. Es ahí donde se concentra la mayor vigilancia de la Marina, que de hecho tomó control absoluto del registro de la distribución de combustible desde ese lugar.

Tabla en mano, son ellos quienes revisan las facturas y órdenes que presentan los piperos para sacar el combustible y llevarlo a otras ciudades del estado, y otras entidades.
Si antes se usaban facturas falsas para sacar el huachicol de la Refinería, ahora hay muy poco margen para la trampa.

“Ellos palomean cualquier carga”, confía un trabajador que labora el interior de esta terminal, donde se descargan miles de litros de combustible que llegan en gigantescos buquetanques.

Esa minuciosidad de hecho es la que ha generado retrasos en la distribución de gasolina a lugares como Victoria. Sobre la avenida Madero es común ver largas filas de pipas, esperando su turno como si se tratara de una gasolinería en pleno desabasto.

La analogía es precisa porque retrata el reforzamiento de la vigilancia.

“Antes se cargaban pipas como si un coche estuviera cargando en cualquier gasolinera, apenas les revisaban las facturas”, narran.

Ahora, nada sale de ahí sin que antes haya revisiones físicas y documentales de las unidades.

Así transcurren los días en la Refinería Madero, señalada por las autoridades federales como uno de los principales centros de “huachicoleo” en el país.

No es muy distinto a lo que ocurre en otros puntos estratégicos para la industria energética del país.

A 400 kilómetros de ahí, en la Cuenca de Burgos también cambiaron los hábitos de los trabajadores que extraen gas.

Se reforzó la seguridad y eso incluye la restricción de horarios para circular por la zona.

Ahí tampoco se permite el uso de celulares de manera constante.

Casos similares se viven en las terminales y estaciones de bombeo de Reynosa, Zaragoza, Victoria y González.

Máxima seguridad para todos.

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