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Paloma, senadora

/ 18 de mayo, 2019 / Héctor Garcés

La vida de Mercedes del Carmen Guillén Vicente cambió la tarde del 9 de febrero de 1995: Como si fuera la trama de una película, el presidente Ernesto Zedillo revelaba la identidad del Subcomandante Marcos.

El carismático líder del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que un año antes había irrumpido en la escena política con el alzamiento guerrillero en Chiapas, resultaba ser un tampiqueño: Rafael Sebastián Guillén Vicente… hermano de Paloma Guillén.

Al relatar ese momento, en la primera página del Capítulo Dos, titulado ‘De Tal Padre, Tal Hijo, del libro ‘Marcos, la Genial Impostura’, los periodistas Bertrand de la Grange y Maite Rico describen:

‘En ese preciso instante, José María Morfín, asesor del gobernador del estado de Puebla (Manuel Barlett), echaba mano de un tubo de tranquilizantes para dárselos a su mujer, Mercedes del Carmen Guillén Vicente, muy alterada por su muy repentino cambio de estatus: de exdiputada del gubernamental Partido Revolucionario Institucional pasaba a ser, de golpe, la hermana del enemigo número uno del sistema’.

Exacto: De golpe, de manera repentina, en una tranquila tarde, no sólo Paloma, sino toda la familia Guillén Vicente se encontraba en el ojo del huracán de la política y de la problemática nacional. Todos los reflectores nacionales e internacionales se enfocaban en la figura de Rafael Sebastián Guillén Vicente, el Sub Marcos.

Con el patrocinio político de Joaquín Contreras Cantú (por cierto, integrante del equipo de Manuel Camacho Solís), la abogada Mercedes del Carmen Guillén Vicente llegó por primera vez al Congreso de Tamaulipas en 1984 al ganar la elección del Distrito 15, con cabecera en Tampico, cuando ella tenía 30 años de edad.

Al concluir su periodo como diputada local, la carrera política de Paloma parecía estancarse en puestos de la burocracia federal (coordinadora de la CFE en Baja California Sur y Nuevo León) o cargos partidistas (coordinadora de las campañas priistas en tierras jaibas en la elección de 1992), sin que fuera recompensada con mayores encomiendas.

Sin embargo, la tormenta política desatada el 9 de febrero de 1995, cuando en cadena nacional Ernesto Zedillo le quitó la capucha al Subcomandante Marcos, permitió que la hermana del guerrillero fuera recordada y, con el tiempo, valorada por su capacidad.

Fue Tomás Yarrington Ruvalcaba (que más allá de su crudo y solitario destino, fue un personaje con agudo y perspicaz olfato político), quien sacó de las sombras a Paloma Guillén y la volvió a colocar en el primer plano del escenario estatal, tal como correspondía a la inteligente licenciada en Derecho.

Al preparar su incursión rumbo a la gubernatura de Tamaulipas, Yarrington convocó a su equipo a la tampiqueña Mercedes del Carmen por una razón, de entrada: conocía su capacidad en asuntos jurídicos y electorales. Ella era, mejor dicho, es, una especialista en la materia de elecciones.

Pero había otro motivo real y de fondo, como es la política, la que se practica en ‘primera división’: El nombre de la hermana del Subcomandante Marcos le iba a dar reflectores a quien se perfilaba para ser el gobernador de Tamaulipas en el sexenio 1999-2004.

La jugada tomasista fue brillante: Paloma, después de sufrir para ganar la diputación local por el Distrito sur de Tampico, llegó a ser la Jefa de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado. Las primeras notas de la prensa nacional sobre el sexenio de Yarrington abordaron el tema del cargo asumido por la hermana del famoso e icónico guerrillero.

Una vez que concluyó su periodo como legisladora, Mercedes del Carmen Guillén Vicente tomó posesión de un cargo estratégico de la administración estatal: La secretaría general de gobierno.

Desde ahí, se la jugó con el proyecto político de un amigo suyo para ser gobernador: Oscar Luebbert. No obstante, quien se quedó con la candidatura del PRI a la gubernatura de Tamaulipas fue Eugenio Hernández Flores.

Por esa razón, ‘Geño’ bloqueó la aspiración de Paloma Guillén de ser diputada federal por el puerto jaibo en la elección de 2009. El entonces mandatario estatal también descarriló las intenciones de Fernando Azcárraga López. Eugenio Hernández recurrió a un tercero en discordia para hacerlo diputado federal: Pepe Rábago. La suplente del ex alcalde fue una integrante del grupo de Oscar Pérez Inguanzo y Javier Gil Ortiz: Olga Sosa Ruiz.

Sin embargo, Paloma como quiera fue diputada federal. Era amiga de Beatriz Paredes Rangel, entonces presidenta nacional del PRI, quien la colocó en una buena posición en la lista de representación proporcional. Ambas se carcajearon de Eugenio.

Al llegar a la Legislatura que abarcó el periodo 2009-2012, Mercedes del Carmen Guillén Vicente estrechó lazos con figuras que serían claves en el regreso del priismo a Los Pinos: Luis Videgaray y, sobre todo, Claudia Ruiz Massieu, su comadre del alma.

En 2012, la tampiqueña se hizo cargo de la coordinación de la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto en una de las circunscripciones electorales. Eso revelaba que sería incorporada al gobierno federal, tal como sucedió al ser designada subsecretaria de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación.

Tres años después, en 2015, enviada por Miguel Angel Osorio Chong, ganó la diputación federal de Tampico. Ocupó la presidencia de la Comisión de Gobernación en la Cámara de Diputados, una de las posiciones más disputadas en San Lázaro.

En marzo del año pasado, cuando le ofrecieron la posición número 9 de la lista plurinominal del PRI al Senado, Paloma Guillén no aceptó. Sabía que no llegaría. Por tanto, accedió a otra invitación, la de su comadre, Claudia Ruiz Massieu, colocada en el primer lugar del listado ´pluri’ para ser su suplente. La inteligente abogada tampiqueña jugó sus cartas. Hoy es senadora… no sabemos por cuánto tiempo… pero ya es senadora.