En la división tradicional de los poderes del Estado, el Legislativo se encarga de hacer las leyes que rigen la actuación de la autoridad, las relaciones entre particulares y las de gobierno y gobernados.
Además, cumple una función importantísima para la actividad pública que es la de aprobar el gasto y el ingreso así como vigilar que el ejercicio del presupuesto se realice con honestidad.
Un Congreso responsable sería aquel que en su conjunto sirviera para equilibrar las relaciones de poder en beneficio de la ciudadanía y no como una ala paralela del partido en el poder o como vigilante de los intereses del círculo cercano de quien ostenta la titularidad del Ejecutivo.
El Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. (IMCO) en el estudio “Informe Legislativo 2016” reportó que 22 congresos locales aprobaron más del 80% de las iniciativas presentadas por su Gobernador, y 8 de ellos aprobó el 100% de las iniciativas enviadas. Esos estados fueron Aguascalientes, Baja California Sur, Durango, Hidalgo, Nayarit, Nuevo León, Quintana Roo y Tamaulipas.
En el lado opuesto, los congresos de estados como Guerrero, Sinaloa y Oaxaca, mantuvieron un porcentaje de aprobación de iniciativas de sus Gobernadores por debajo del 50%.
Que exista una mayoría amplia de legisladores pertenecientes al mismo partido que el titular del Ejecutivo es un arma de doble filo. Por un lado, no hay razones para suponer que pueda darse una parálisis del gobierno o que una política sea congelada porque no se alcancen los votos necesarios. Por el otro, la luz verde continua podría significar deuda, nombramientos a discreción, leyes especiales, auditorías a modo, persecución por medio de la fiscalización, entre otras atrocidades que rompen el equilibrio que debiera existir.
En un contexto de mayoría apabullante, un gobernante demuestra su magnanimidad mediante el uso adecuado de la ventaja que esto presupone.
A OJO DE BUEN CUBERO
“Chernobyl” es una miniserie de HBO sobre el accidente nuclear ocurrido en Rusia en 1986. Es de verdad obligado verla para contextualizar un hecho que puso en riesgo, literal, a todo el mundo.




